Un tercio de los menores de entre 14 y 18 años se dan atracones de alcohol
ACTUALIDAD
Las urgencias reciben intoxicaciones etílicas como en las fechas previas a la pandemia
16 nov 2021 . Actualizado a las 17:25 h.El consumo de alcohol entre menores de 14 a 18 es elevado (un 76% lo ha hecho en el último años) y suele darse con episodios de atracones en los fines de semana (un 32,2 % lo ha hecho en el último mes). Además, manifiestan que no tienen dificultad para acceder a la bebida (lo asegura el 94,9 %). Estas son tres de las conclusiones extraídas de la primera Monografía de Alcohol del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones elaborada por la Delegación del Gobierno para el Plan sobre Drogas.
Los resultados no sorprenden a los profesionales de la salud que tratan el problema. Al contrario, constatan tendencias que vienen de atrás y que parecen no variar. «Son cifras muy reales que reflejan la polarización en el modelo de consumo», explica el psicólogo Manuel Lage, que desarrolla parte de su trayectoria profesional en el mundo de las adicciones. «Ha aumentado el número de abstemios, que no beben nada, pero también el número de bebedores abusivos, lo que en el mundo anglosajón se llama el binge drinking. Es decir, no bebo a diario pero el día que sí lo hago concentro una cantidad de gramos de alcohol muy superior a la recomendable».
Esta tendencia se vio interrumpida, en cierto modo, con la pandemia del coronavirus. Pero la progresiva apertura del ocio nocturno ha devuelto escenas a los servicios de urgencias iguales a las anteriores a marzo del 2020. Lo confirma Manuel Domínguez, médico adjunto del Servicios de Urxencias del CHUAC: «De lunes a jueves, e incluso el domingo, los ingresos que tenemos por sobreingestas etílicas suelen ser de alcohólicos de base, es decir que no es la primera vez que les ocurre. El viernes y sábado pasa otra cosa. Baja la edad y suelen ser las primeras veces que se ven en esta situación. Es muy raro que no tengamos entre 4 o 5 casos cada noche».
Además de la intoxicación en sí misma, ese consumo por atracones lleva asociadas conductas de riesgo. El estudio presentado ayer lo corrobora. El 2,7 % de los estudiantes reconoció haber conducido un vehículo bajo los efectos del alcohol en el último año, y el 17,2 % dijo haber viajado como pasajero en un vehículo conducido por alguien que estaba bajo los efectos del alcohol (el 20,5 % de las chicas y el 17,2 % de los chicos). Además, el 16,9 % reconoció haberse visto implicado en una pelea o agresión y el 30,6 % haber mantenido relaciones sexuales sin preservativo en esta situación.
«Este tipo de bebedor se hace una analítica y no hay valores alterados en los resultados. Todavía no tiene problemas físicos —apunta Lage—, pero sí que hay un gran efecto conductual. Aumenta notablemente las conductas disruptivas. Agresividad, peleas, accidentes... todo eso». Lo corrobora Domínguez: «Viene gente que, por ejemplo, se ha torcido un tobillo o ha sufrido alguna agresión física. El consumo de alcohol conlleva otros problemas más allá de la ingesta».
Daños persistentes
El director del grupo de Investigación Neurociencia Cognitiva y Afectiva (Necea) de la USC, Fernando Cadaveira, lleva años estudiando cómo afecta el consumo de alcohol en el cerebro. Sostiene que afecta a la formación de la memoria y también al control de la conducta, más allá del momento de la ingesta. Todo se agudiza en edades tan tempranas como las planteadas. «En estudios con modelos animales se ha comprobado de manera inequívoca que los cerebros adolescentes son mucho más vulnerables —dice—. En estudios con humanos, que hay pocos, si comparas el funcionamiento cerebral de gente que empezó a beber tarde con la que empezó temprano su funcionamiento es mucho mejor».
Además, Cadaveira subraya que el alcohol es claramente «una sustancia de entrada». Dice que «un porcentaje de la gente hace consumos intensivos con pérdida de control comportamental en la que luego consume otro tipo de drogas».