El secreto del poder de Draghi: los fondos europeos y el prestigio internacional
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El primer ministro italiano goza del favor de gran parte del Parlamento, de los medios de comunicación, de la patronal y de la Iglesia
01 dic 2021 . Actualizado a las 09:22 h.En Italia nadie tiene más poder que el primer ministro Mario Draghi. Al expresidente del Banco Central Europeo lo respalda gran parte del Parlamento (el único gran partido en la oposición es el ultranacionalista Hermanos de Italia) y también lo apoyan con entusiasmo la mayoría de los medios de comunicación y la Confindustria, principal organización de las empresas manufactureras y de servicios. La Iglesia le tiene en gran estima, y no solo porque estudió en un instituto de los jesuitas. Además, es opinión general que no existe un italiano más influyente en Bruselas, lo cual es especialmente importante ahora que Roma espera los miles de millones del plan de recuperación de la UE.
«No hay líder político italiano que no se sienta cohibido por Draghi. Hasta Salvini, que lidera la Liga con mano de hierro, le escucha con mucha atención», dice a La Voz una diputada de centroderecha, que compara al primer ministro con un «domador de leones», capaz de apaciguar la turbulenta política italiana y de gestionar la heterogénea mayoría que le apoya (desde la extrema derecha de la Liga hasta la izquierda moderada del Partido Demócrata).
«La capacidad de Draghi para dirigir un Gobierno tan heterogéneo deriva de su prestigio, y también del hecho de que se ocupa casi exclusivamente del PNRR [el plan de recuperación europeo]. Se mantiene a distancia de todas las cuestiones sobre las que los partidos tomarían posición y polemizarían», explica Antonella Seddone, profesora asociada de Ciencias Políticas en la Universidad de Turín.
Como antes Romano Prodi y Mario Monti, Draghi solo puede confiar en su carisma: no lidera un partido, y ha declarado públicamente que no tiene intención de crear uno. «Draghi es una excepción, no la regla. Una excepción positiva, en mi opinión, pero no deja de tener que enfrentarse a los hábitos, algunos de ellos malos, que siguen existiendo en la política italiana», afirma Marco Follini, ex vice primer ministro. «Se le ha encomendado la tarea de desbloquear una crisis que nadie sabía cómo resolver [cuando Giuseppe Conte dimitió de primer ministro en enero], y de otorgar más credibilidad al país. Sin embargo, dudo que pueda echar ‘raíces políticas’, e incluso que quiera echarlas», agregó.
Los medios italianos hablan de «draghismo», pero fuentes parlamentarias aseguran a La Voz que no es más que una invención periodística. Hablando con la gente por las calles de Venecia y de la cercana Vicenza, se recogen elogios tibios para el primer ministro, y los más entusiastas llevan todos traje y corbata. «Las facturas suben, hay empleo pero está mal pagado. Draghi no hace milagros», dice Salvatore, obrero.
Andrea Roventini, profesor de Economía de la Escuela Sant’Anna de Estudios Superiores de Pisa, cree que Draghi está abordando el problema de la desigualdad social peor de lo esperado. «La política industrial italiana sigue siendo inexistente», dice, y el sistema sanitario necesitaría una mayor centralización. «Este Gobierno puede hacer más. La reforma fiscal será una prueba importante».