Drogas en patinete, prostitución y violencia con adolescentes tuteladas en Madrid

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Uno de los 37 detenidos en la operación contra la prostitución infantil desarrollada en Madrid
Uno de los 37 detenidos en la operación contra la prostitución infantil desarrollada en Madrid Policía Nacional

Una menor violada, clave para desarticular la trama que operaba varias zonas de la capital de España

19 ene 2022 . Actualizado a las 11:01 h.

Treinta y siete detenidos, diez adolescentes prostituidas e incitadas al consumo y al tráfico de drogas, zulos para relaciones sexuales y hasta uno de los cabecillas del grupo criminal prostituyendo a su propia hija. Es el escueto resumen de una operación policial fruto de meses de investigación que ha destapado hasta la fecha en Madrid la mayor red de menores utilizadas para actividades delictivas.

el detonante

Un elevado nivel de vida. El pasado mes de abril, la policía nacional tuvo noticias de que una adolescente de 16 años se fugaba con asiduidad de su lugar de residencia, el centro de menores de Picón del Jarama (Madrid), perteneciente a la red pública autonómica. La directora de este centro, al ver el alto poder adquisitivo de la interna, comenzó a sospechar de sus actividades y denunció los hechos a la Guardia Civil. Posteriormente, los investigadores pudieron confirmar que en sus ausencias mantenían relaciones sexuales con personas adultas a cambio de dinero o de sustancias estupefacientes. Con el paso de las semanas, tras abrirse una causa judicial, los agentes descubrieron que otras menores se encontraban en la misma situación. Los integrantes de la organización contactaban con ellas a través de redes sociales ganándose su confianza y posteriormente las utilizaban para ofrecer servicios sexuales a clientes a los que, además, suministraban sustancias estupefacientes. En algunos casos, las obligaban a distribuir ellas mismas la droga en patinetes y, tras la entrega, eran agredidas sexualmente por los propios consumidores. En otras ocasiones, los detenidos las trasladaban a un conocido polígono de la capital madrileña, en la Colonia Marconi, donde ofrecían a los compradores del estupefaciente mantener relaciones sexuales con ellas.

Los policías tuvieron conocimiento de que una de las menores permaneció durante tres días encerrada en una habitación de una especie de narcopiso del distrito madrileño de Usera, regentado por una de las detenidas. Allí el procedimiento era el mismo: cuando entraban los clientes para adquirir su dosis esta mujer les daba la posibilidad de tener sexo con la menor. En un momento de descuido, la víctima logró fugarse y pidió ayuda en un estanco próximo, desde donde avisaron a la Policía Nacional. Los investigadores también contaron con otro testimonio clave. El de una de las menores que había sido agredida por uno de los cabecillas del entramado criminal en uno de los pisos de la banda. Abusó de ella, junto a otros tres varones. La chica contó a la policía como la violaron y le pegaron. También como funcionaba la banda, a la que se identificó. La testigo relató como esta persona le traía a gente desconocida para que se acostara con ella a cambio de dinero. Ya había suficientes indicios para actuar.