Casado desafía a Vox y rechaza pactar con «populismos y radicalismos»

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo BAreño MADRID / LA VOZ

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Díaz Ayuso defiende un acuerdo con el partido de Abascal en Castilla y León y pide al PP que actúe sin importarle «lo que piense la izquierda»

16 feb 2022 . Actualizado a las 10:52 h.

El resultado de las elecciones en Castilla y León y la posibilidad de que el PP tenga que pactar con Vox para poder gobernar han abierto una nueva brecha interna en el PP. El líder de los populares, Pablo Casado, rehusó de plano la posibilidad de formar un Gobierno de coalición con el partido de Santiago Abascal, al expresar su rechazo a los «populismos y radicalismos a la izquierda y a la derecha», mientras que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, apostó abiertamente por pactar con Vox.

Durante su intervención ante el comité ejecutivo nacional del PP, Casado recuperó su tono más duro contra Vox, sin nombrarlo expresamente, y advirtió de que a lo que aspiran los populares es a una mayoría social, no a un «equilibrismo sobre minorías radicalizadas».

«No nos engañemos. Hay quienes equivocan sus prioridades y están más preocupados por sustituir al PP que por cambiar al Gobierno. Lo segundo les resulta imposible, y lo primero jamás ocurrirá», proclamó, advirtiendo a Vox de que los «principios» del PP son también sus «condiciones» para pactar y no van a renunciar «nunca» a ellos, por lo que quien quiera acordar algo con ellos tendrá que respetarlos.

En un discurso dirigido expresamente a marcar diferencias con Vox, reivindicó al PP como el partido «que cree en la igualdad real de oportunidades, que rompió el techo de cristal de las mujeres en política y en el mercado laboral» y como el «pionero en la sostenibilidad de Kioto, París y los objetivos del milenio».

La contundencia de la posición de Casado, respaldada por casi todos los barones populares, condicionó el discurso de Alfonso Fernández Mañueco, que este martes fue más rotundo a la hora de reivindicar un Gobierno en solitario y advirtió a Vox de que «si alguien piensa que el PP de Castilla y León va a dar un solo paso atrás en defender la igualdad social, laboral, de oportunidades entre hombres y mujeres se equivoca». «No tenemos líneas rojas, pero sí grandes principios», insistió, en línea con el discurso de Casado.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, partidario también de no gobernar con Vox, indicó ante los periodistas que no estaba «para valoraciones políticas» porque tenía «la cabeza» en el barco gallego hundido y señaló que solo había acudido a Madrid «para darle un abrazo» a Fernández Mañueco y «nada más».

Antes de la reunión, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ya había dejado clara su posición, contraria a la estrategia de Casado. En un desayuno informativo, instó al PP a saber «buscar con otros partidos lo que nos une», en referencia a Vox. «Que no nos importe lo que piense la izquierda sobre nuestros pactos», dijo, defendiendo un Gobierno en Castilla y León, «basado en la suma de intereses frente a este proyecto totalitario que está destrozando España». Luego, durante su intervención ante el comité ejecutivo, repitió ese planteamiento y advirtió a Mañueco de que los Gobiernos de coalición son «un infierno». Ayuso reiteró además su petición a la dirección nacional del PP de que adelante el congreso de Madrid para que «no se siga retrasando la voz a los afiliados y que la ilusión del votante en Madrid no pare».

Abascal aplaude a Ayuso

Las palabras de Ayuso tuvieron una rápida réplica de Santiago Abascal. «No puedo estar más de acuerdo con esas palabras certeras», afirmó, advirtiendo al PP de que si pretende «chantajear» a su partido, lo que los populares estarán demostrando es que «van a una repetición electoral con tal de no pactar con Vox». Abascal contrapuso la posición «prudente» de Fernández Mañueco en torno a un posible pacto al «portazo» de la dirección nacional del PP. Pese a todo, moderó su discurso de la noche electoral precisando que Vox no ha pedido «formalmente» la vicepresidencia del Gobierno de Castilla y León ni ninguna consejería.

Un bloqueo político obligaría a repetir las elecciones a finales del mes de julio

G.B.

La complejidad del tablero político surgido de las urnas en Castilla y León ha hecho que empiece a considerarse la posibilidad de una repetición de las elecciones. Si el popular Alfonso Fernández Mañueco no consigue la investidura, bien con un pacto con Vox o mediante la abstención del PSOE, no hay posibilidad matemática de que ningún otro candidato aspire a la presidencia, dado que el partido de Santiago Abascal no avalará nunca a un aspirante socialista. Las negociaciones se prevén largas. Pero tienen un límite.

El 31 de mayo es la fecha tope para que un candidato consiga la confianza de la Cámara autonómica. Superado ese plazo sin que nadie lo logre, los comicios tendrían que repetirse, según se establece en el Estatuto de Castilla y León.

Los plazos están tasados, al margen del ritmo de las negociaciones políticas. La legislatura arranca el jueves 10 de marzo con la sesión constitutiva de las Cortes de Castilla y León. En ella deberá ser designado un presidente del Parlamento regional, que dispondrá de un máximo de quince días hábiles para proponer un candidato a la investidura como presidente de la Junta. De consumirse ese plazo por completo, la fecha máxima sería la del 31 de marzo. A partir de ahí, desde la primera votación de investidura que fuera fallida, habría un máximo de dos meses para que, en sucesivas votaciones, el mismo u otro candidato lograra la investidura. De no ser así, las Cortes quedarían automáticamente disueltas.

En cada una de las sesiones, en la primera votación se requiere la mayoría absoluta (41 votos) para resultar investido, mientras que en la segunda bastaría obtener más síes que noes. De no conseguir la investidura ningún candidato antes del 31 de mayo, se convocarían elecciones, que deberían celebrarse en un plazo de 54 días. Es decir, que, en caso de que el bloqueo político obligara a repetir los comicios, tendrían lugar a finales del mes de julio.

Sánchez exige al PP romper con Vox en toda España si quiere que el PSOE se abstenga en Castilla y León

Afirma que si los populares aceptan que hay que poner un cordón sanitario a la ultraderecha se podrían «entender»

Gonzalo Bareño.

«Si quiere pedir la abstención del PSOE, explique el por qué quiere la abstención del PSOE. Porque si explica que la ultraderecha es un peligro para la democracia y que hay que poner un cordón sanitario a aquellos que están poniendo en cuestión los derechos y libertades de las mujeres o el colectivo LGTBI, a lo mejor nos podemos entender. Pero haga una cosa previa. Con todos aquellos que están pactando con la ultraderecha en Madrid y fuera de Madrid, dígales que rompan también los acuerdos con la ultraderecha».

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, zanjó este martes el debate interno en su partido sobre la posibilidad de que el PSOE se abstenga para impedir un pacto del PP con Vox en Castilla y León. En su respuesta al portavoz del PP Javier Maroto en la sesión de control en el Senado, Sánchez vinculó esa posibilidad a una ruptura previa del PP con Vox en todas las comunidades y al compromiso de no volver a pactar en toda España. Algo que, además de poner en riesgo los ejecutivos del PP en Madrid, Murcia y Andalucía, dejaría a los populares sin opciones de gobernar tras los comicios generales.

Según su análisis, en las elecciones del domingo «quien ha salido ganando es Vox y quien ha salido perdiendo es Castilla y León». En su respuesta, Maroto aseguró que el presidente del Gobierno tiene «más ganas de ver a Vox gobernando» que Abascal.