«Mis hijos se tranquilizan pensando que van a traer a su papá. Que España busque esos doce cuerpos»
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Familiares de tripulantes del barco llevaron su indignación ante la subdelegada del Gobierno en Pontevedra. Reclaman que el Gobierno envíe medios a Canadá de forma inmediata
18 feb 2022 . Actualizado a las 19:53 h.Las familias de los tripulantes del Villa de Pitanxo, hundido en Canadá, querrían empezar a llorar, a vivir su duelo. Saben que no hay esperanza de topar a más personas con vida. Pero también son conscientes de que, de momento, no pueden derramar lágrimas por los suyos. Lo decía este viernes, con un aplomo y contundencia descomunales pese a las circunstancias, María José De Pazo, hija del jefe de máquinas, Francisco De Pazo. Ella, señalaba esta mañana: «Es una vergüenza que, con el dolor que tenemos encima, no podamos quedarnos tranquilos en casa, que nos obliguen a andar mendigando que busquen a los cuerpos. Pero aquí estamos, y vamos a pelear por ellos. Tienen que parar esta tortura, ¿qué más nos quieren hacer a las familias?».
María José hablaba así ante la sede de la subdelegación del Gobierno en Pontevedra, donde familiares de varios tripulantes se reunieron en busca de respuestas. Lo hicieron al filo de las once de la mañana y, tras desnudar sus sentimientos ante la nube de medios de comunicación que allí se congregaron, entraron para ser recibidos por la subdelegada del Gobierno, Maica Larriba. Las largas dos horas que estuvieron dentro parecían sinónimo de que algo productivo estaba pasando en la dependencias gubernamentales. Sin embargo, al término del encuentro, el pesimismo volvía a cundir: «Nos vamos como vinimos, con las manos vacías. Dice la subdelegada que España valorará enviar medios allí. Pero las horas pasan y cada hora es un mundo. España tiene medios para buscar a doce personas, que lo haga», resumía De Pazo.
Esa sensación de desamparo la comparten varias de las familias. Y así lo hicieron constar esta mañana, antes o después de la reunión con la subdelegada. Carolina Alcántara es la mujer de Jonathan Calderón, contramaestre del barco y vecino de Marín. Tiene dos hijos menores de edad, que se mantienen en casa esperando noticias. Ella, con tanto dolor como indignación, indicaba: «No podemos estar aquí con la pancarta, es vergonzoso. Aunque somos peruanos tenemos la nacionalidad española y aquí pagamos nuestros impuestos y ahí sí que no nos perdonan una. ¿Por qué ahora nos olvidan?». Luego, añadía: «Mis hijos se tranquilizan pensando que van a traer a su papá. Que España busque esos doce cuerpos». Aura, pareja de Martín Quino, otro de los tripulantes afincado en Vigo, también lanzó preguntas al aire: «¿Dónde está el gobierno de España, dónde? Queremos que busquen a los desaparecidos?».
Con esas preguntas sin respuesta en el aire los familiares fueron regresando a sus casas. Les hubiese gustado que representantes de la armadora estuviesen con ellos en la reunión. Les dieron aviso de ello, pero allí no se presentó nadie. Les llamaron los psicólogos que puso a su disposición la Xunta, eso sí. Pero dicen que, de momento, no pueden pensar ni en curar sus heridas. Que primero deben luchar para que los suyos regresen, aunque estén muertos.