Teodoro García Egea, el fontanero que no pudo desatascar la crisis del PP

Mercedes Lodeiro REDACCIÓN / LA VOZ

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Teodoro García Egea, sale de la sede del PP en la calle Génova este martes
Teodoro García Egea, sale de la sede del PP en la calle Génova este martes Óscar J.Barroso | EUROPA PRESS

El ya ex secretario general del partido se resistió a dimitir desde el pasado jueves

22 feb 2022 . Actualizado a las 22:20 h.

Duro como el hueso de las aceitunas con las que se hizo con el título de campeón mundial de lanzamiento de esas canicas en el 2008, Teodoro García Egea, (Cieza, 1985) se resistió desde el jueves pasado a presentar su dimisión todo lo que pudo, pero al sexto día tuvo que claudicar de la secretaría general del PP. Y no será porque no se lo pidieran. Feijoo, de los primeros. Quizás entonces aún había aliento para cobrarse su cabeza a cambio de la de su jefe y de la pervivencia del partido, pero Casado se pertrechó con él. Y ahora a ninguno le queda oxígeno.

García Egea ejerció de martillo pilón del Gobierno desde el 2018 tras sustituir a María Dolores de Cospedal en el puesto número dos del partido. En marzo del año pasado, desactivó la moción de censura contra Fernando López Miras en su Murcia natal y entonces proclamó: «La reunificación del centroderecha comienza hoy en la Región de Murcia». Todo iba viento en popa. Dos meses después, logró, con su equipo de Génova, imponer a Ayuso en su lista electoral de mayo a venideros de Cs como Toni Cantó, al que la presidenta madrileña premió con la dirección de la Oficina del Español de nueva creación.

Pero no era oro todo lo que relucía. Comenzaron las críticas a los compañeros de partido. «Cuando alguien llama chiquilicuatre o niñato a algún compañero de partido nos lo llama a todos. Hay que hablar bien de los compañeros», le dijo a Esperanza Aguirre, a la que señaló como el PP de la corrupción, cuando esta se posicionó a favor de Ayuso y puso esos calificativos a quienes preferían a Almeida. Y lejos de apaciguar las parroquias populares, intentó ponerlas al servicio de Génova para encumbrar a su jefe. Tras los aplausos a la temida Ayuso por su triunfo espectacular en las elecciones que adelantó en Madrid para sorpresa hasta de Casado, fraguó el adelanto en Castilla y León para emular a la reina de los madrileños. La jugada no salió bien. Mañueco ganó, pero no arrasó. Y su estrategia de poner a Moreno Bonilla a desempolvar las urnas quedó interrumpida.