La reunión de los barones en Génova: una cita dramática con filtraciones interesadas
ACTUALIDAD
La psicosis de estar siendo grabados y de que lo que se estaba debatiendo se estuviera transmitiendo a los medios hizo que todos pusieran los móviles encima de la mesa
25 feb 2022 . Actualizado a las 08:57 h.Fueron más de cinco horas de reunión en Génova en las que la resistencia de Pablo Casado superó todas las expectativas de los barones territoriales. El entorno del presidente de los populares había desatado una campaña de información —o más bien de desinformación— filtrando a algunos medios las supuestas intenciones de hacerle dimitir esa misma noche y de dar un golpe de mano para entronizar a Feijoo por la vía rápida y sin congreso, aprovechando las lagunas de los estatutos.
Nada de eso era cierto ni se planteó en ningún momento. Pero Casado consiguió así llegar al momento decisivo con el perfil de víctima de una conspiración. Algo que reforzó su posición negociadora e hizo que los más partidarios de su renuncia inmediata frenaran su ímpetu para no aparecer como agresores crueles y para no poner en riesgo la legitimidad del nuevo líder.
No faltaron peticiones de disculpas por parte de Casado. «He podio hacer algo mal, pero no he hecho nada malo», sostuvo, apelando incluso al sentimiento de su esposa y sus hijos para exigir poder tener una salida digna.
A esa capacidad de resistencia numantina contribuyó su maniobra de no convocar a la cita a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. En su lugar, acudió Pío García Escudero, presidente interino del PP de Madrid, que se puso, junto a la navarra Ana Beltrán, del lado de Casado para impedir cualquier intento de descabalgarlo sin esperar al congreso. Como el deseo era conseguir un comunicado final por unanimidad, el debate se eternizó.
Casado quería más, pero al final se avino a la hoja de ruta que le había planteado Feijoo en un cara a cara previo a la cita de barones. Una salida honrosa manteniendo el cargo sin poder real hasta la junta directiva del martes, o hasta el propio congreso, a cambio de un compromiso público de no optar a ser ratificado en el congreso extraordinario, porque eso dividiría al partido.
Pero, para llegar a ese punto, se vivieron momentos de tensión. La guerra informativa a través de filtraciones se mantuvo durante el desarrollo mismo de la reunión a través de mensajes telefónicos de algunos de los asistentes que se trasladaban inmediatamente, veraces o no, a los diarios digitales y a Twitter. Cuando alguno de los presentes comprendió lo que estaba pasando, dado que se publicaba en tiempo real el inicio de la intervención de cada uno de los participantes, cundió en algunos la psicosis de estar siendo grabados o de que lo que allí se estaba debatiendo estuviera siendo escuchado desde salas anexas a la que albergaba la cumbre. A partir de ese momento, la reunión continuó, según publicó El Confidencial con los móviles encima de la mesa.