El «sol ardiente» ruso que siembra la devastación

Manuel Arroyo Alves
M. Arroyo FERROL / LA VOZ

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Montado sobre un chasis de tanque T-72, el lanzamisiles tiene capacidad para disparar 24 bombas de vacío termobáricas

06 mar 2022 . Actualizado a las 18:21 h.

Un explosivo termobárico, también conocido como bomba de vacío, es un arma prohibida por la convención de Ginebra debido a su poder destructivo. Arrasa allá donde se lanza. Solo persigue causar daño y devastación, proporcional a un arma nuclear. La embajadora ucraniana en Washington, Oksana Markarova, denunció el uso de ese armamento por parte de Rusia durante la invasión y, de hecho, las redes sociales vinculadas a la Defensa de Ucrania difundieron diversas imágenes de carros TOS-1A Solntsepyok (sol ardiente) fuera de combate en suelo ucraniano estos días. Esos vehículos son los encargados de dar soporte al arma aerotransportada de medio y largo alcance, sobre un chasis del tanque soviético T-72.

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Los destructivos misiles termobáricos —que el TOS-1A escupe en ráfaga y en cuestión de segundos— contienen una mezcla química y de combustible altamente explosiva que, al detonar, se combina con el propio oxígeno de la atmósfera. Una segunda carga propaga la deflagración.

El efecto es letal. Origina una pared de fuego que absorbe el oxígeno, de ahí el «vacío», y una onda expansiva mucho más potente que la de un explosivo convencional. Por si fuese poco, los combustibles empleados son altamente tóxicos. Estos sistemas pesados de lanzamisiles incendiarios permiten derrotar tropas y objetivos a una distancia de entre 600 y 6.000 metros, a costa de graves daños en los órganos internos y asfixia de las personas que se encuentren en su radio de acción.