La OCDE manda observadores a los comicios por temor a irregularidades
03 abr 2022 . Actualizado a las 09:53 h.Cuando Viktor Orbán llegó al poder en el 2010 lo hizo con un nivel de apoyo inédito en democracia. Doce años después, los húngaros están llamados de nuevo a dirimir en las urnas si quieren que el líder de Fidesz siga llevando el timón de un país que se reivindica como conservador y que se ha visto abocado a hacer equilibrios políticos y dialécticos por la guerra de Ucrania.
Los sondeos anticipan un escenario reñido, marcado en gran medida por unos indecisos que parecen alejarse de partidos minoritarios y que podrían terminar de consolidar un bipartidismo entre el Fidesz de Orbán y la plataforma opositora Unidos por Hungría, que aglutina a seis formaciones y tiene como abanderado a Peter Marki-Zay, vencedor de las primarias en busca de un frente común.
Marki-Zay, alcalde de la pequeña localidad de Hodmezovasarhely y de ideología conservadora, aspira a aprovechar la mayor oportunidad reciente de arrebatar el poder a Orbán, si bien las encuestas sitúan a su coalición ligeramente por detrás. Sí parece claro que Fidesz tiene más complicada la mayoría parlamentaria que tenía ahora.
Unos ocho millones de personas determinarán el reparto de los 199 escaños del Parlamento. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha enviado una misión de observación para estos comicios, un gesto poco frecuente para un país de la UE y que tiene que ver, entre otras cosas, con el temor a la influencia de Orbán en sectores que deberían ser independientes, como la prensa.
Una de las improntas de los doce años de Orbán en el poder tiene que ver con la promoción de políticas marcadamente conservadoras. El mandatario húngaro no dudó en cargar contra la apertura de fronteras en la crisis migratoria europea del 2015, ha limitado la actividad de universidades y organizaciones supuestamente dirigidas desde el exterior y ha perseguido el contenido LGTBI. Precisamente este domingo se celebrará también un referendo en el que los húngaros deberán decidir si se pueden exponer en escuelas contenidos relativos a la orientación sexual o el cambio de género.
Orbán ha justificado estas reformas en el derecho de los padres a determinar la educación de los niños y se ha erigido en defensor de los valores tradicionales no solo en Hungría, sino también en Europa. De hecho, el Fidesz rompió con el Partido Popular Europeo (PPE) y ha estrechado lazos con la ultraderecha de Marine Le Pen o Matteo Salvini. Además, el respeto al Estado de Derecho ha enfrentado a Budapest con Bruselas, que cuenta ya con el aval del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE) para congelar fondos comunitarios a países que se alejen del orden democrático.
Orbán tampoco ha ocultado su sintonía con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, con quien se reunió en Moscú a principios de febrero. El inicio de la ofensiva sobre Ucrania, sin embargo, le ha obligado a modificar discurso y posiciones, de tal forma que quien estaba considerado como el líder de la UE más favorable a Putin se ve ahora abocado a hacer equilibrios.