Las redes sociales identifican a Iryna, la mujer de las uñas rojas asesinada en la masacre de Bucha

Gabriela Consuegra REDACCIÓN / LA VOZ

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El cuerpo de Iryna, asesinada en una calle de Bucha.
El cuerpo de Iryna, asesinada en una calle de Bucha. ZOHRA BENSEMRA | REUTERS

La mujer, presunta víctima del Ejército ruso, recibió varios disparos cuando volvía a su casa. Estudiaba para ser maquilladora y tenía dos hijas

07 abr 2022 . Actualizado a las 19:50 h.

Lo terrible de la imagen que muestra las manos de Iryna, con esa manicura y esas uñas rojas de salón, es que denuncia que antes de la invasión rusa, los ucranianos tenían una vida normal. Porque la cotidianidad es pintarse las uñas, y eso fue lo que le arrebataron a Iryna. Porque un día, hace poco más de un mes, esa mujer tuvo el tiempo y la calma para sentarse a una mesa, sola o acompañada, y pasar la brocha dedo por dedo, cuidando no salirse de los bordes, no rozar la piel, y luego esperó a que la pintura se secara. Pero todo se interrumpió, porque nada de eso era posible en una ciudad asediada, como lo estuvo Bucha. En definitiva, no es posible pintarse las uñas huyendo de la guerra.

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A Iryna la reconoció Anastasia Subacheva, su profesora de maquillaje. Fue ella la que compartió una foto en Instagram para decirle al mundo que esas manos eran de su alumna. La última lección que compartieron fue el 23 de febrero, apenas un día antes de la invasión rusa. «En la despedida me abrazó y me pidió que me cuidara», recordó. Ese día, Iryna todavía era una mujer con sueños que llevaba la manicura hecha y lucía las uñas rojas. Su deseo era aprender estilismo y ser una profesional en la materia. En la publicación, su profesora recordó cómo Iryna «daba saltos de alegría» cuando le dieron el material cosmético para el curso de maquillaje. Y sin embargo, un mes más tarde, se convirtió en el testimonio de una masacre atroz. Subacheva contó que la mujer murió acribillada cuando volvía a casa en bicicleta. 

Iryna es solo una de los 1.480 civiles muertos en la guerra de Ucrania. Esta es la cifra que ha confirmado la ONU, pero advierte que el número real será mucho mayor. Son las víctimas de los bombardeos y las acciones militares de las tropas rusas en ciudades ciudades ocupadas como Bucha o Mariúpol, a las que prometían llevar paz. En cambio, cada vez hay más pruebas de que lo que se ha cometido en Ucrania por parte del Kremlin es una vulneración de los derechos humanos. En cualquier caso, estos serán los crímenes de guerra que verán espantadas las próximas generaciones.

Iryna también era madre. Una de sus hijas confirmó el fallecimiento de la mujer a través de las redes sociales, de acuerdo con la periodista bielorrusa Hanna Liubakova. «Volviendo a casa, que antes, como a todos, me parecía el lugar más seguro... Le dispararon en plena calle», recordaba la hija de la mujer, de acuerdo con la informadora.

Otras manos

El testimonio de la hija de Iryna recuerda otras imágenes de la masacre de Bucha. Los fotoperiodistas que accedieron a la región compartieron con el mundo por lo menos dos fotografías más en las que se puede observar cadáveres tendidos en la calle muy cerca de las que presuntamente serían las llaves de sus casas o sus coches. Es decir, personas que querían huir o refugiarse, pero no combatir con un Ejército. Si acaso pretendían resistir, que no es lo mismo.

Otro cadáver en una de las calles de Bucha.
Otro cadáver en una de las calles de Bucha. Carol GuzyZuma PressContac | EUROPAPRESS

De hecho, es lo que confirman los testimonios que llegan desde Bucha y que recogen los periodistas que se encuentran reportando en la zona. Que los muertos eran civiles y que fueron asesinados de manera indiscriminada cuando salían a buscar leña para calentarse, o comida, o medicinas.

El mundo no estaba ahí para verlo, pero a veces, unas manos y unas llaves pueden resumir el horror y la injusticia. Pueden ser el testimonio en pie de lucha contra la impunidad. El testimonio con el que no contaban los que perpetraron una masacre.