El FBI confiscó en la mansión de Trump una veintena de cajas de documentos, once marcados como «top secret»

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La mansión de Trump en Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida.
La mansión de Trump en Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida. MARCO BELLO | Reuters

Los agentes buscaron durante el registro textos clasificados sobre armamento nuclear. El expresidente apoya publicar la orden de registro y el inventario de lo requisado como pide el fiscal general de EE.UU.

12 ago 2022 . Actualizado a las 21:09 h.

El registro en la mansión de Donald Trump el pasado lunes tenía como objetivo encontrar documentos clasificados sobre armamento nuclear que el expresidente se llevó de la Casa Blanca. Así lo asegura el diario The Washington Post, citando fuentes anónimas cercanas a la investigación. Extremo que el exmandatario niega. «Esto de las armas nucleares es un engaño», señala en un mensaje en su plataforma Truth Social, y en el que describe como «tipos sórdidos» a los agentes federales involucrados en la redada en su residencia en Mar-a-Lago, donde reside en Florida desde finalizar su mandato.

Según las fuentes del Post, la redada respondió a la preocupación en el Gobierno de que los documentos que Trump se llevó consigo caigan en malas manos. Las fuentes no aclaran si la información que supuestamente se encontraba en casa del expresidente era referente a armas atómicas en posesión de EE.UU. o de potencias extranjeras, y tampoco detallaron si se encontró ese material.

Según el diario The Wall Street Journal, que ha tenido acceso al inventario del material incautado, los agentes del FBI recuperaron documentos clasificados, incluidos algunos marcados como top secret, el mayor nivel de confidencialidad que se puede aplicar a una información de inteligencia estadounidense y que solo deben permanecer en instalaciones especiales del Gobierno.

El periódico explica que el FBI se llevó en total una veintena de cajas de la mansión de Trump, incluidas once colecciones de materiales clasificados. 

El WSJ dice que la lista, que podría hacerse pública hoy mismo, no da detalles sobre el contenido de esos documentos. Entre los materiales que recuperó el FBI y que sí aparecen detallados, el diario destaca archivos relacionados con el perdón presidencial al excolaborador Roger Stone y un informe sobre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, informa Efe.

Petición del fiscal

El jueves, el fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, compareció ante la prensa para decir que él personalmente autorizó la orden de registro de la mansión y anunciar que había solicitado a un tribunal de Florida que hiciera pública tanto esa orden como el inventario de lo requisado por el FBI, tras las acusaciones de Trump sobre una supuesta persecución contra él por parte de los agentes federales y la Administración Biden. La Casa Blanca repitió un día más que el presidente Joe Biden no recibió notificación previa de la redada.

En su breve declaración tras la cual no aceptó preguntas, Garland defendió la legalidad del registro y señaló que este tipo de decisiones no se toman «a la ligera». Siempre que es posible, aclaró, se opta por medios «menos intrusivos» como alternativa.

La publicación de la orden se esperaba para este mismo viernes, después de que, en un nuevo giro de guion, Trump animó a su publicación «inmediata». «No solo no me voy a oponer a la publicación de documentos relacionados con la redada impropia de EE.UU., injustificada e innecesaria de mi casa en Palm Beach, sino que voy un paso más allá y animo a su publicación inmediata», escribió en Truth Social. Sus abogados tenían hasta las 15.00 hora local de este viernes (21.00 horas en España) para presentar objeciones a la petición de Garland. Horas antes, Trump había insistido una vez más en que la redada se efectuó sin aviso previo y que incluso los agentes inspeccionaron los armarios de su mujer Melania.

El primero en informar de la redada había sido el propio Trump en sus redes sociales: «Es su derecho», dijo el fiscal general, según el cual los abogados del exmandatario recibieron ese mismo día una copia de la orden de registro y del inventario del FBI.

Un grupo de congresistas republicanos exige a Garland de que más allá de publicar la orden y el inventario, expliquen cuál es la presunta «amenaza nacional» en la que basaron su decisión. También están «muy preocupados» por «los inquietantes informes de que hubo un informante, tal vez incluso alguien encubierto en Mar-a-Largo» cercano a Trump.

Un chivatazo sobre material clasificado propició el polémico registro del FBI

Mercedes Gallego Nueva York/ Colpisa

Donald Trump tiene ratas en casa. Así es como la mafia habla de los chivatos que les traicionan. Y es que la treintena de agentes del FBI que el lunes pasaron el día registrando la mansión de Mar-a-Lago sabían dónde buscar. De las 126 habitaciones que tiene la propiedad solo inspeccionaron tres: el dormitorio, la oficina y el trastero del sótano. Según la revista Newsweek y el diario Wall Street Journal, un informante había dicho al FBI que en la mansión quedaban más documentos clasificados de los que admitía el equipo legal de Trump, informa la corresponsal de Colpisa.

Los Archivos Nacionales y el FBI llevaban año y medio negociando con los abogados de Trump la devolución total de todo el material que se llevó en su atribulada salida de la Casa Blanca. Aunque en justicia no fue él quien embaló, el hoy expresidente no pensaba dejar el poder. Fueron sus ayudantes los que apresuraron la mudanza en las últimas horas. Tanto que no hubo transición con su sucesor. Ni siquiera el paseo habitual que da la primera dama a su sustituta para enseñarle los entresijos de la mansión presidencial, presentarle al personal y darle sus mejores consejos. Tampoco es que Joe y Jill Biden los necesitaran. Como vicepresidente y segunda dama, años atrás habían vivido al otro lado de la calle y visitado frecuentemente a los Obama.

Trump se fue dando un portazo y con el ceño fruncido, pero sabía lo que se llevaba. En enero pasado 15 cajas fueron devueltas a los Archivos Nacionales al cabo de un año, pero el lunes los agentes del FBI recuperaron otras diez o quince cajas -según la fuente- a lo largo de una meticulosa búsqueda que empezó a las nueve de la mañana y concluyó a las siete de la tarde. No entraron con pistolas ni con las camisetas del FBI, sino que fueron instruidos para que el registro resultara lo más discreto posible.

La operación había sido cuidadosamente planeada para no coincidir en la propiedad con el expresidente, que se encontraba ese día en Nueva York preparándose para testificar ante la fiscal general Letitia James. Fue su hijo Eric el que recibió la primera llamada sobre la presencia del FBI en la propiedad, algo sin precedentes en la historia de Estados Unidos y, a su juicio, «innecesario». Los abogados de Trump habían accedido a reforzar el candado del trastero donde se guardaban la mayoría de los documentos solicitados, junto a camisetas y zapatillas de golf, a petición del jefe de Contrainteligencia, Jay Bratt, que había visitado el sótano de Mar-a-Lago el pasado 3 de junio.

«No queríamos que lo convirtiera en un circo mediático», dijo una fuente del FBI a la revista Newsweek. El magnate, ofuscado y sin acceso a Twitter, tardó en reaccionar aunque acabó difundiendo el registro en un comunicado de prensa. Desde entonces, lo ha utilizado para aumentar su campaña de recaudación de fondos con fines aún sin especificar que se presumen electorales. «¡Drena el pantano!», pedían al día siguiente los seguidores que se manifestaron frente a su propiedad para mostrarle su apoyo.

Motivación republicana

El 80 % de los republicanos encuestados por el Instituto Trafalgar dicen sentirse más motivados para votar después de ese registro que, paradójicamente, ha aumentado el poder de este empresario metido a político dentro del partido. El martes, Trump volvió a apuntarse otro ramillete de victorias indirectas en las primarias conservadoras, distribuidas a lo largo y ancho del país. A simple vista parecen demasiado locales como para extender conclusiones, pero basta arañar un poco para entender por qué la formación de Ronald Reagan y George W. Bush se ha plegado ante él. Trump no solo obtuvo más votos en su campaña de reelección, sino que parece más fuerte que nunca. Desde luego, más fuerte que los candidatos tradicionales del partido.

El martes, la ultraconservadora Rebecca Kleefish, que fuera lugarteniente del gobernador de Wisconsin y estaba apoyada por el vicepresidente Mike Pence y por el aparato local del Partido Republicano, perdió las primarias en este territorio frente al trumpista Tim Michels, un ejecutivo de la construcción que había recibido un espaldarazo del expresidente.

Su derrota lanzó un escalofrío en Washington, donde los republicanos que guardaban silencio tras la operación del FBI se han apresurado a criticarla y secundar las acusaciones de que se trata de una campaña de acoso y derribo contra el expresidente, originada en la Casa Blanca para impedir que vuelva a presentarse a las elecciones. A su vez, la propia Casa Blanca guarda silencio y cree que no sería apropiado hacer ningún comentario al respecto. De hecho, asegura que Biden se enteró de ello por los medios de comunicación.

Pero los seguidores de Trump llegan aún más lejos y acusan al Ministerio de Justicia de utilizar el registro para «plantar» pruebas en la mansión con las que enjuiciarle. Argumentan como prueba que el FBI pidió que se apagaran las cámaras de seguridad para proteger la identidad de los agentes que participaban en la operación.

Secretismo

El equipo legal del mandatario no ha hecho pública la copia de la orden de registro ni del inventario de lo que se llevó el FBI, ambas en su poder, con la excusa de que las pruebas presentadas ante el juez federal de Palm Beach que autorizó el registro se encuentran selladas bajo secreto de sumario. Sus abogados debaten ir a los tribunales para pedir que se levante esa excepción, que no afecta a los documentos que recibieron.

En esta tesitura son ya tanto demócratas como republicanos los que pedían que el cauto fiscal general Merrick Garland hiciera algún tipo de declaración que explique la decisión inusitada de registrar la casa de un expresidente. Algo que terminó haciendo la tarde del jueves.