Pompeya «relata» el último momento de una familia que huía de la furia del volcán

Valentina Saini VENECIA

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Los habitantes de la casa vaciaron y dejaron abierto un baúl mientras escapaban de la lava del Vesubio

16 may 2023 . Actualizado a las 20:12 h.

Visitar Pompeya produce la sensación de atravesar una puerta espacio-temporal, como en Stargate u otras películas de Hollywood. El viajero sale de Nápoles, una ciudad caótica e increíblemente animada y cosmopolita, y tras unos 40 minutos de coche o tren, llega al parque arqueológico y se siente transportado a un mundo nuevo, a siglos de distancia de la modernidad. Especialmente en invierno y entre semana, cuando hay menos visitantes, Pompeya conserva todo el encanto de una época pasada.

Por ejemplo, pasear por la Via dell'Abbondanza, una calle pavimentada que recorre la antigua ciudad de este a oeste, flanqueada por restos de edificios a cada lado, es una emoción extraordinaria; al caminar, se encuentra la fuente dedicada a la diosa Concordia, lo que queda de un taller, y unas grandes rocas circulares que los pompeyanos usaban en los días de lluvia para cruzar la calle sin mojarse los pies.

En el siglo XVIII, el célebre poeta alemán Goethe escribió: «Nunca otra tragedia dio tanto placer a la humanidad como la que sepultó estas ciudades del Vesubio», refiriéndose a Pompeya y a la cercana Herculano. En época romana, ambas eran centros urbanos rebosantes de comercio y de vida en una de las regiones más fértiles de la Europa mediterránea: la Campania, llamada Felix, que en latín significa boyante, precisamente por su riqueza. Suntuosas villas y vastas parcelas donde se cultivaban vides y cereales salpicaban la zona de Boscoreale, cerca de Pompeya.

En el año 79, la erupción del volcán Vesubio arrasó Pompeya, Herculano y toda la zona. Pompeya quedó enterrada bajo al menos diez metros de material volcánico. Para los romanos de la época fue un shock: donde antes surgían templos y tiendas, villas y avenidas, bosques, estanques y huertos, solo había soledad y silencio. Poetas de la época como Marcial (nacido en la actual Calatayud, Aragón) escribieron versos desgarradores, y aún hoy novelistas, músicos y directores de cine ambientan sus creaciones en Pompeya.

Pompeya quedó «congelada» por la erupción del año 79 d. C., y desde el siglo XVIII, cuando comenzaron las excavaciones, no deja de asombrar a los arqueólogos con sorpresas inesperadas. Una de las más sensacionales es muy reciente. En agosto, los medios italianos informaron de que los arqueólogos habían descubierto la casa de una familia burguesa, con muchísimos objetos del día a día: por ejemplo, se encontró un armario que había permanecido cerrado durante casi dos milenios con una vajilla completa en su interior.

El director del Parque Arqueológico de Pompeya, el alemán-italiano Gabriel Zuchtriegel, describió un escenario casi cinematográfico, con un baúl vaciado y dejado abierto por los dueños mientras huían, las vigas del altillo bloqueadas por el flujo piroclástico al desplomarse sobre los muebles, el armario con los jarrones en la estantería rota. Se trata de una casa de cinco pequeñas habitaciones más el baño y la cocina, que dan a un jardín hermosamente decorado.

Las fotos del sensacional descubrimiento han dejado a muchos italianos con la boca abierta. El ministro de Cultura, Dario Franceschini, comentó: «De verdad, Pompeya nunca deja de sorprender». Pero más allá del dramatismo de una casa abandonada por sus habitantes mientras la furia del Vesubio se cebaba con la ciudad, este descubrimiento es importante porque revela detalles de la vida de los romanos de clase media en la época de la primera fase del Imperio; no solo estaban los poderosos senadores y los ricos, los proletarios pobres de las grandes ciudades como Roma, los esclavos, los gladiadores y los sacerdotes, sino también la gente corriente, que trabajaba y luchaba por mantener un estilo de vida decente. Al final, afortunadamente, también quedó algún rastro de ellos.