Así es la vida fuera de la cárcel de Anna Sorokin, la mujer que inspiró la serie de Netflix Inventing Anna: «Supongo que todo el mundo vendrá a mí»

Tamara Montero
Tamara Montero REDACCIÓN

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Anna Sorokin, durante el juicio
Anna Sorokin, durante el juicio Bang Showbiz

La joven que engañó a buena parte de la alta sociedad neoyorquina haciéndose pasar por Anna Delvey, una rica heredera alemana, ha hablando desde su arresto domiciliario en un apartamento del East Village. Prepara su propio pódcast y sigue interesada en el arte

12 oct 2022 . Actualizado a las 13:30 h.

«La comida es mejor, supongo». Anna Sorokin responde de este modo a una reportera del New York Times sobre por qué el arresto domiciliario es mejor que la cárcel. Su mirada está todavía enmarcada por las características gafas de pasta y en su tobillo hay una pulsera de localización, de la que hay una foto de detalle en la entrevista. Desde el viernes, vive recluida en un apartamento de una sola habitación en el East Village de Manhattan, la pequeña isla en la que vivió entre 2013 y 2017 haciéndose pasar por una rica heredera alemana, Anna Delvey, y estafando a la alta sociedad neoyorquina.

«Estoy muy emocionada, tengo tanto que hacer... Quiero decir, ¡acabo de salir de la cárcel!», decía a los periodistas del New York Times hace unos días. Sorokin podrá permanecer un tiempo más en Nueva York, mientras avanza su caso con Inmigración, una época en la que seguramente estará bajo estricta vigilancia, no solo de las autoridades, sino del público. «Funciono mejor bajo presión. Sé que hay mucha gente que está deseando que haga una locura o algo ilegal y que tenga que regresar a prisión. No quiero darles esa satisfacción».

Lo que sí quiere es ir obteniendo poco a poco más libertad. «Con suerte, Inmigración verá que Nueva York sigue a salvo, incluso si llega un día en el que deje este apartamento», ironizaba Sorokin, que dice que «mi caso con Inmigración acaba de comenzar y estoy dando trabajo a mucha gente, así que todo el mundo está contento».

Condenada en el 2019, su historia volvió a los titulares tras el estreno en Netflix de Inventing Anna, la serie que relata la investigación de la periodista de la revista New York Jessica Pressler que destapó la historia de engaños de Anna Sorokin, de origen soviético.

El foco mediático ha vuelto a ponerse sobre ella ahora que un juez, aunque está convencido de que no tiene remordimientos, le ha permitido salir del centro de detención de Orange County (donde fue recluida por tener el visado caducado) para permanecer en arresto domiciliario mientras su caso sigue su curso. Ha pagado la fianza y ha alquilado un apartamento en pleno Manhattan. Eso, a pesar de que no tendría por qué haber ingresado en prisión, ya que podía haber continuado con el proceso abierto con Inmigración desde Europa, ya que tiene nacionalidad alemana. 

«Podría haberme ido, pero preferí quedarme porque estoy intentando arreglar lo que hice. Además, ya tengo un pasado en Nueva York y me parecía que irme a Europa sería como huir de algo». Así que Anna Sorokin se quedó, pasó un tiempo en la cárcel y ahora continúa el proceso desde el arresto domiciliario. «Puedo recibir visitas más allá de la 13.30 los jueves. Veremos qué puedo hacer desde aquí. Supongo que todo el mundo vendrá a mí».

Eso sí, el juez le ha requerido que se mantenga fuera de las redes sociales, donde ha estado activa durante todo este tiempo (su cuenta de Instagram tiene más de un millón de seguidores), incluso desde la cárcel, con gente de su equipo posteando por ella.

Sin embargo, en lo último que piensa es en su estatus de celebrity. «No siento que tenga mucho control sobre eso, especialmente ahora que estoy en confinamiento en casa, sin acceso a las redes sociales» o a aparatos electrónicos, reconoce.  «A lo mejor me viene bien, es difícil desconectar. Además, esperemos que no sea para siempre», ha dicho al New York Times. 

Aunque afirma que todavía no tiene totalmente claro qué hacer con su vida, Anna Sorokin sí quiere seguir involucrada en el mundo del arte. Entre los intentos de estafa de Sorokin estaba la financiación de la Fundación Anna Delvey, un centro artístico y club social para las clases más pudientes. Un proyecto multimillonario (se obsesionó con un edificio neogótico en Nueva York por el que pedían 20 millones de euros) para el que buscó préstamos millonarios en un banco y un fondo de inversión, que los echaron abajo ante las incongruencias de su historia.

Anna Delvey, el personaje que durante un tiempo se comió a Anna Sorokin, era una rica heredera con una fortuna de más de 30 millones de euros y un fideicomiso al que no era capaz de acceder directamente. Las investigaciones de los potenciales prestamistas no encontraron rastro de ese fondo millonario del que presumía y todo su proyecto (en el que llegó a tener relación el hijo de Santiago Calatrava, Gabriel Calatrava, que se desvinculó a tiempo) se vino abajo.

«Tengo muchos proyectos en marcha y el arte es uno de ellos», afirma Sorokin, que también ha relatado al New York Times que está trabajando en un pódcast con diferentes invitados para cada episodio, pero al que todavía está dando forma: «Era bastante difícil grabar algo con calidad desde la cárcel». También tiene un libro y además, «me encantaría hacer algo relacionado con la reforma penal para llamar la atención sobre las batallas de otras chicas», explica.

Creada por Shonda Rhimes, la serie Inventing Anna ( ¿Quién es Anna? en español) no ha estado exenta de polémica y no es para menos, porque el encabezamiento dice algo así como que todo es real menos las partes que son absolutamente inventadas. Rachel Williams, que cuando conoció a Delvey era periodista de Vanity Fair, ha tachado de «peligrosa» la serie, en la que ha sido retratada con su nombre y su trabajo real, porque entre otras cosas «utiliza nombres cuidadosamente seleccionados de la realidad y partes de la realidad, pero los reorganiza». 

Anna Sorokin (o Delvey) recibió 320.000 euros de Netflix por los derechos de su historia, y buena parte se ha ido a pagar multas, deudas y asesoría legal. Rachel Williams ha denunciado que durante el juicio había guionistas de Netflix en la sala mientras a ella le obligaban a revelar la cantidad que podría ganar con el contrato que había firmado para un libro. También ha vendido derechos a HBO y cobró por piezas en Vanity Fair. 

«Celebrar a una criminal sociópata, narcisista y condenada está mal», ha dicho Williams sobre la serie. ¿Se arrepiente Anna Sorokin de lo que ha hecho? Al principio, no. Ahora, el relato ya no es el mismo. «Desde luego, tengo una perspectiva distinta a la que tenía el pasado febrero, cuando salí libre la primera vez», tras cumplir su condena por las estafas.

«Es imposible pasar por lo que he pasado y no cambiar» y Anna Sorokin afirma que existe un arco muy bien documentado sobre cómo poco a poco ha cambiado su perspectiva: «No cambias de idea en un día, sería falso. Es un proceso. Me arrepiento de cómo se desarrollaron las cosas».

Por eso, afirma, ahora intenta aprender de lo que ha ocurrido: «Quién soy hoy es producto de las decisiones que tomé en el pasado», ha dicho al New York Times

«¿Quién es Anna?», la estafadora que se hizo pasar por multimillonaria

La Voz

¿Quién es Anna? Llega a Netflix como uno de los estrenos más esperados de los últimos meses, y con el aval de ser el segundo (y ambicioso) proyecto de Shonda Rhimes para la plataforma. El primero, Los Bridgerton, fue un éxito y se convirtió en lo más visto hasta que llegó El juego del calamar a desbancarlo. Dentro de poco se estrenará la segunda temporada.

Julia Garner, conocida por sus papeles en Ozark y The Assistant, es una de las protagonistas de la serie dando vida a Anna Delvey, que consiguió hacerse pasar por una heredera alemana y encandilar a través de Instagram a parte del panorama social de Nueva York. Y no solo les engañó por sus falsos lazos aristocráticos, también estafándoles su dinero.

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