El suceso ocurrido en los años 30 del siglo pasado tuvo un impacto mucho mayor de lo previsto
01 nov 2022 . Actualizado a las 16:25 h.Hasta comienzos del siglo XX las Grandes Llanuras de Estados Unidos eran una vasta región de praderas, donde convivían los indios y los búfalos. Sin embargo, en los años previos a la Primera Guerra Mundial, los colonos europeos comenzaron a roturar el suelo y a cultivar trigo de secano de manera masiva. «Cuando llegó la Gran Depresión y la década de los 30 ocurrieron dos cosas. Por una parte se registró una intensa sequía en la zona asociada a anomalías en la temperatura del agua en el Pacífico y el Atlántico. Y por otra, la crisis económica provocó una caída drástica de los precios del trigo. Para compensar las pérdidas, los agricultores comenzaron a producir todavía mucho más», explica Gonzalo Míguez, profesor titular de Física de la Universidad de Santiago.
En el proceso de roturar, los agricultores destruyeron toda la vegetación y dejaron la tierra al descubierto. La ausencia prolongada de lluvia puso la guinda, generando el conocido como Dust Bowl, una de las catástrofes medioambientales más devastadoras del siglo pasado. Al quedar el suelo desprotegido se formaron tormentas de polvo descomunales que llegaron incluso a tapar los rayos del sol. El desastre provocó una migración hacia el oeste.
Hasta ahora se sabía que la destrucción de la vegetación había generado condiciones más cálidas de lo normal y que también ayudó a acentuar la sequía que se estaba produciendo por motivos naturales en Estados Unidos. Sin embargo, un artículo que acaba de publicarse en la revista Nature explica que los efectos trascendieron a los Estados Unidos.
«El calentamiento excepcional que hubo en esa zona generó a su vez una teleconexión atmosférica en otras regiones del hemisferio norte. En esos mismos años también se registraron temperaturas muy altas en el norte de Europa y otras zonas de Asia. Es decir, actuó como lo hacen otros eventos naturales como la Niña y el Niño que tiene lugar cuando se producen anomalías en el Pacífico y que perturban el clima global. De la misma forma el gran calentamiento y sequía que tuvo lugar en las Grandes Llanuras alteró el clima del hemisferio boreal», sostiene Míguez.
El fenómeno del Dust Bowl ofrece otro ejemplo del tremendo impacto que puede llegar a tener la actividad humana sobre el sistema climático. También representa otro caso importante sobre los efectos de los feedbacks o procesos de retroalimentación. Las condiciones secas crearon un ambiente más cálido que intensificó a su vez la sequía y que elevó a mayores las temperaturas. Un bucle peligroso que se ha dado este verano en Europa y que se produce también en los polos. «Además nos recuerda que la atmósfera actúa como un todo. Nadie está al margen de una anomalía intensa, aunque se encuentre a miles de kilómetros. Lo que pasó con el Dust Bowl puede repetirse con otros casos como, por ejemplo, la gran deforestación de la selva amazónica», concluye Míguez.