La enfermedad de Lyme, otra zoonosis emergente

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La enfermedad de Lyme es causada por la picadura de la garrapata Ixodes scapularis.
La enfermedad de Lyme es causada por la picadura de la garrapata Ixodes scapularis. La Voz de la Salud | iStock

20 nov 2022 . Actualizado a las 10:22 h.

A medida que transcurre el verano de 1975 una preocupación creciente se ha ido adueñando de los habitantes de una pequeña localidad del estado de Connecticut, en el noreste de los Estados Unidos. Un número anormalmente elevado de vecinos de Old Lyme padece episodios de artritis aguda. En ocasiones, en una misma calle aparecen varias personas enfermas, incluso dentro de una familia varios miembros pueden sufrir la inesperada enfermedad. La preocupación es aún mayor desde el momento en que los  niños y adolescentes resultan particularmente afectados por este brote repentino. Los médicos de la localidad están diagnosticando estos casos como artritis reumatoide juvenil. 

Las comunidades vecinas de Lyme y East Haddam, situadas igualmente en la margen izquierda del rio Connecticut, sufren una situación similar con una incidencia anormalmente elevada de artritis en individuos jóvenes. No obstante, algo no encaja en este escenario: la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune que tiene una incidencia muy baja en la población; sin embargo, los casos observados en jóvenes son mucho más numerosos de lo que en un principio pudiera esperarse.

Varias madres de Old Lyme buscaron ayuda en la Universidad de Yale, situada a escasos cincuenta kilómetros de sus hogares. Los investigadores Allan Steere y Stephen Malawista del departamento de reumatología de la Facultad de Medicina se hicieron cargo de la investigación sobre la misteriosa artritis. La exploración concienzuda de los pacientes no aportó ningún dato especialmente revelador. Lo mismo sucedió con los resultados de los análisis sanguíneos. Las entrevistas con los pacientes, sin embargo, fueron bastante más esclarecedoras. Steere y Malawista obtuvieron respuestas que llamaron poderosamente su atención. La distribución espacial y temporal de los casos de artritis resultaba ciertamente curiosa. 

La misteriosa artritis tenía una distribución geográfica ciertamente singular: se manifestaba preferentemente en personas que vivían en las zonas arboladas de las afueras de Lyme y de las otras poblaciones. Por el contrario, no se observaban casos en individuos que vivían en el centro de las poblaciones. 

A ello se añadía que casi un tercio de los pacientes recordaba haber observado una lesión cutánea semanas antes de comenzar los dolores articulares. Se trataba de un sarpullido que se expandía lentamente y podía alcanzar hasta 30 centímetros de ancho. Esta manifestación cutánea ya había sido descrita en Europa a principios del siglo XX y recibía el nombre de eritema migrans, pero nunca se había descrito en casos de artritis.

Profundizando en el conocimiento del eritema migrans descubrieron que en no pocas ocasiones estaba asociado a la picadura de garrapatas. Esto permitió a los investigadores de la Universidad de Yale conjeturar que la enfermedad tal vez fuese transmitida por garrapatas o por otro artrópodo. Si bien es verdad que solamente se trataba de una hipótesis, no es menos cierto que apuntaba en la dirección correcta. 

La llegada del frio invernal fue determinante en la evolución de los casos de artritis, que cesaron durante el invierno y la primavera siguientes pero aparecieron nuevamente en el verano del año 1976. Con el conocimiento que se había adquirido en la temporada anterior se pudo comprobar de forma clara la relación entra la aparición del eritema migrans y el desarrollo posterior de artritis. La nueva enfermedad dejó entonces de catalogarse como artritis reumatoide y comenzó a denominarse artritis de Lyme. 

Si bien es cierto que se había conseguido un mejor conocimiento de la enfermedad aún quedaba mucho camino por recorrer: la transmisión por medio de un artrópodo era una hipótesis plausible pero al agente causal seguía siendo una absoluta incógnita. Así estaban las cosas en 1976, un año después de la aparición de la artritis.

Dos años más tarde, Steere y Malawista veían como su hipótesis inicial sobre la transmisión por garrapatas era respaldada por el hecho de que las áreas donde se observaba una mayor presencia de garrapatas coincidían con aquellas donde se presentaban los casos de artritis de Lyme. En los años siguientes se conoció con mayor detalle el cuadro clínico y se pudo determinar la sintomatología cardiaca y neurológica que en ocasiones acompañaba a las manifestaciones cutáneas y articulares. 

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos,  seguía siendo desconocido el agente responsable de la artritis de Lyme. La incógnita se resolvería a cuatro mil kilómetros de Lyme, en los Laboratorios de las Montañas Rocosas, en Montana.  En ellos trabaja, desde 1951, Willy Burgdorfer, un reputado entomólogo de origen suizo. Burgdorfer había obtenido el grado de doctor en parasitología en la Universidad de Basilea y con el paso de los años se había convertido en un verdadero especialista en enfermedades trasmitidas por garrapatas y otros artrópodos. 

En 1981, Willy Burgdorfer está colaborando con el Estado de Nueva York. El Departamento de Salud neoyorquino sigue con preocupación los casos de fiebre de las montañas rocosas (enfermedad trasmitida igualmente por garrapatas) que están apareciendo en venados de Long Island, y cuenta con la colaboración de Willy Burgdorfer, al que  han enviado garrapatas de venado para el estudio de estos casos. Para su sorpresa, Willy Burgdorfer no encontró la bacteria causante de la fiebre de las montañas rocosas en las garrapatas diseccionadas sino espiroquetas, un tipo de bacterias con forma de sacacorchos que conocía muy bien por sus trabajos anteriores. 

Inmediatamente especuló con la posibilidad de que las espiroquetas pudiesen ser las responsables de la enfermedad de Lyme. Con esta idea en la cabeza, solicitó a sus colegas de la universidad de Yale suero de individuos que hubiesen padecido artritis de Lyme y pudo constatar, de este modo, la presencia de anticuerpos frente a espiroquetas en el suero de estos pacientes. El descubrimiento fue publicado en la revista Science en 1982. La espiroqueta causante se denominó Borrelia burgdorferi en su honor. La artritis de Lyme pasó a denominarse enfermedad de Lyme o borreliosis, denominaciones con que se conoce actualmente.  

Se trata de una zoonosis, esto es, una enfermedad que puede transmitirse de los animales al hombre. Diversas especies silvestres, principalmente roedores, actúan como reservorio de la bacteria; aunque se ha descrito igualmente en perros y gatos,  así como en ganado vacuno,  ovino y equino. El  hombre puede resultar afectado de forma accidental como consecuencia de picadura por garrapatas infectadas. Hoy en día, de todas las enfermedades transmitidas por garrapatas, la borreliosis o enfermedad de Lyme es la más frecuentemente diagnosticada en Europa y en el hemisferio norte.

Las garrapatas transmisoras de la enfermedad pertenecen al género Ixodes. Durante el proceso de alimentación a partir de sangre del hospedador se libera saliva a través de la cual las garrapatas previamente infectadas transmiten la Borrelia.

Como es fácil de suponer la distribución de la enfermedad coincide con las áreas geográficas donde hay presencia de la garrapata en  la naturaleza. Las garrapatas del genero Ixodes necesitan una elevada  humedad ambiental, por lo que los bosques de hoja caduca y pastizales donde pueden coincidir ganado y animales silvestres son su hábitat preferido. De ahí que se encuentre fundamentalmente en la zona norte peninsular. Asturias, Galicia, Cantabria, País Vasco, la Rioja,  Navarra y norte de Castilla y León son las regiones donde con mayor frecuencia se diagnostica la enfermedad de Lyme.  

En las zonas boscosas, las garrapatas tienden a situarse en los lugares habituales de paso de los animales. En función del tamaño del hospedador al que pretenden fijarse permanecen sobre arbustos o hierbas a diferentes alturas. Cuando la garrapata detecta un posible hospedador se prepara  para contactar y  dirige hacia él su primer par de patas. 

Se trata de una enfermedad emergente en toda Europa con un incremento notable de casos en los últimos años. En España, 178 casos  de enfermedad de Lyme requirieron hospitalización en el año 2019, afectando con mayor frecuencia a hombres (60%) que a mujeres (40%). Se ha observado igualmente que el número de hospitalizaciones aumenta a medida que lo hace la edad de los pacientes.

La aparición de la sintomatología clínica en humanos sigue habitualmente una secuencia temporal definida. En la fase inicial de la enfermad de Lyme se puede observar el eritema migrans y una sintomatología pseudogripal; pero en muchos casos los síntomas no son tan manifiestos, incluso puede tener un curso asintomático y pasar desapercibida. A veces, la falta de especificidad de los síntomas dificulta enormemente el diagnóstico por lo que se  confunde fácilmente con otras enfermedades. Todo ello ha  servido para calificar a la  enfermedad de Lyme como «el último gran imitador». Cuando no se trata eficazmente pueden aparecer manifestaciones neurológicas, cardiacas y/o articulares agudas, de ahí la importancia de la detección temprana y un tratamiento antibiótico adecuado.

Las especies de Borrelia causantes de enfermedad de Lyme son sensibles a diversos antibióticos: tetraciclinas, penicilinas, cefalosporinas o macrólidos, entre otros. En principio, es la doxiciclina el antibiótico de elección. 

Dado que no existen vacunas, la mejor forma de prevenir la enfermedad es adoptar medidas para evitar la picadura de las garrapatas cuando se practica senderismo, caza u otras actividades en zonas donde es de esperar la presencia natural de estos artrópodos. Una medida adecuada consiste en vestir prendas de manga larga y pantalón largo. 

Las garrapatas suelen fijarse en las zonas mas calientes del cuerpo como axilas, ingles, ombligo o cuello por lo que es conveniente una revisión corporal tras actividades en la naturaleza.

En el hipotético caso de encontrar alguna garrapata, se debe desprender con precaución utilizando pinzas y evitando su aplastamiento. Si no se dispone de pinzas adecuadas o no se está seguro del modo correcto de hacerlo lo recomendable es acudir a un centro de salud o un centro veterinario que disponen de pinzas especiales para la extracción de la garrapata de forma adecuada.

Referencias:

Elbaum-Garfinkle S. Close to home: a history of Yale and Lyme disease. Yale J Biol Med. 2011 Jun;84(2):103-8. 

Portillo A, Santibáñez S, Oteo JA. Enfermedad de Lyme [Lyme disease]. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2014 Feb;32 Suppl 1:37-42.