Miguel Casal se hizo emprendedor con 26 años: «Me compré una moto y fui casa por casa haciendo labores pedagógicas»
ACTUALIDAD
Reconoce que lo más importante es creer en el proyecto: «Hacerlo será lo que te ayude a seguir en momentos en los que todo te viene de lado y no lo puedes controlar»
12 dic 2022 . Actualizado a las 19:14 h.Miguel Casal se define como un culo inquieto. Tiene 29 años, y hace tres abrió su primer centro de pedagogía. De hecho, uno de los pocos emprendedores con menos de 30 años. Nunca ha parado de estudiar y trabajar en otros colegios. Dice que le ayuda a seguir «viendo otra perspectiva de la realidad». Primero cursó Educación Infantil, «y las ganas de conocer más de cerca las necesidades y capacidades que tenían las personas me llevó a realizar el grado de Educación Primaria, y posteriormente, el de Pedagogía a distancia», cuenta.
Habla rápido, con entusiasmo, al otro lado del teléfono. Mientras hacía su tercera carrera, decidió que todavía era posible descubrir, más si cabe, el contexto de más niños y niñas, «así que me compré una moto e iba casa por casa haciendo labores pedagógicas, de educación y atención», explica. Ya por aquel entonces, tenía las intenciones muy claras: sacar lo que cada pequeño puede dar de sí en materia de aprendizaje.
Servicios altruistas
No fue hasta septiembre del 2019 cuando decidió abrir su propio centro en Vigo. «Cada vez venía más gente, pero en marzo del 2020 llegó la pandemia, y a partir de ahí tuve que atender de forma virtual y altruista», cuenta. Por amor a la causa. Tan solo una año después, se asentó en un nuevo local. El definitivo, al menos de momento: «Creé un equipo multidisciplinar. Somos cinco personas que trabajamos por y para la educación, para darle un espacio en Vigo, donde los alumnos puedan descubrir las capacidades que tienen, y a la vez se vuelven competentes para la vida», precisa.
Talleres, dinámicas o cursos. Astronautas, que así se llama el centro, tiene la esencia de su fundador. Tanto que mientras levantaba este negocio, trabajaba en una escuela de pedagogías activas y, ahora, da clase en un colegio de educación especial por las mañanas. Eso sí, dedica las tardes a su centro. Él ya lo advirtió, no puede parar quieto.
Reconoce que los tiempos en los que ha formado parte del mercado laboral no han sido sencillos. Encadenó dos crisis de distinta naturaleza. Y si bien dice que la parte económica es complicada, para él, lo más difícil de emprender es «bajar a tierra firme todas las ideas que tengo para materializarlas», cuenta. Define su centro como un proyecto personal y profesional, «pero al principio no sabía ni por dónde empezar». Su familia, y en especial su mellizo, le ayudaron a encaminarse. Reitera, una y otra vez, la importancia que tiene la pedagogía: acompañar y guiar a las familias en el camino de aprendizaje de los niños.
Ser gerente de una empresa no es moco de pavo. Él lo sabe. Sin embargo, mantiene la motivación diaria: «Cuando abres tu negocio, hay días en los que estás muy arriba, y momentos en los que estás un poco más abajo. Dudas de si la gente querrá tus servicios, por ejemplo». Por eso a veces es complicado hacer de la constancia el menú diario.
Con todo, detalla que también es lo más importante: «Cuando emprendes, tienes que creer mucho en el proyecto, y precisamente hacerlo será lo que te ayude a seguir en momentos en los que todo te viene de lado y no lo puedes controlar», destaca.