Johana, de Ciencias Políticas a niñera: «Dejé de cuidar a mi familia para atender a la de otros aquí»

ALEJANDRA CEBALLOS / S. F.

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VITOR MEJUTO

Johana salió de Colombia para mejorar su realidad, pero al llegar a España se encontró con un «muro burocrático» que complicó sus primeros meses como migrante. Hoy, las cosas han cambiado.

21 dic 2022 . Actualizado a las 09:52 h.

Johana (Colombia, 1992) estudió Ciencias Políticas, hizo una especialización en políticas públicas, y cuando terminó, trabajó con entidades públicas y privadas en Colombia, donde también ejerció como maestra. Sin embargo, la situación sociopolítica de su país cambió y Johana decidió emigrar.

«Con la llegada de Iván Duque (expresidente de Colombia) sucedieron algunas cosas que me hicieron sentirme insegura, se presentó una oportunidad de irme y decidí tomarla», cuenta. Se fue de su país sabiendo que tendría que empezar de cero, pero estaba buscando mejorar su calidad de vida. A través de una amiga de su madre contactó con un gallego que tenía una hija pequeña y que, por viajes de trabajo, no siempre podía cuidarla, así que necesitaba una niñera. La oportunidad estaba ahí, pero fue complicado.

 «Cuando eres migrante, no tienes las cosas que consideras derechos mínimos, como obtener una tarjeta para el bus, poder alquilar una vivienda, abrir una cuenta bancaria», enumera. «Sabes que no te van a pagar un buen salario. De acuerdo con la ley, al estar interna en una casa, debes librar cada fin de semana, pero esto no se cumplía, tampoco tenía pagas extras, al no haber un contrato, nadie se preocupaba por cumplir nada… No tienes casi ninguna garantía. Además, al vivir donde trabajas, no desconectas».

Migrar implicaba un esfuerzo, pero ella estaba dispuesta a asumirlo. «Tienes que empezar de cero: aunque tengas un título universitario y hayas disfrutado de cierto confort y una vida medianamente normal, renuncias a todo eso. El primer nicho laboral de las mujeres cuando emigran es hacer limpieza, atender a personas mayores o niños. Todas, yo también, dejamos a nuestras familias por venir a cuidar a la de alguien aquí», sentencia.

Para agravar la situación, al poco tiempo de haber llegado a España, comenzó la pandemia y Johana tuvo que pasar el confinamiento en su lugar de trabajo. «Vivimos encerrados cerca de cuatro meses. Poco a poco pudimos salir, pero yo no tenía redes de apoyo, no conocía a nadie…, así que fue complicado», relata. Ha sido un camino largo.

 Un hilo del que tirar

«Cuando sales de tu país, lo haces con la intención de mejorar tu situación, pero también de aportar al lugar al que llegas, pero hay mucha desinformación, además, el sistema te impide avanzar. El gran muro que te encuentras es la burocracia, hay un peso que estamos obligados a cargar hasta nuestra regularización, eso limita a la gente a vivir en la economía sumergida y la vulnerabilidad», reflexiona.

Sin embargo, en la oficina de Género de Arteixo y en Ecos do Sur, Johana encontró el apoyo necesario para que todo empezara a mejorar. «Lo primero que hice fue empadronarme, y luego me enteré de que al salir de mi país en las condiciones en las que lo hice, existía la posibilidad de solicitar asilo. Así que narré la situación y al cabo de un tiempo me concedieron una tarjeta roja, que me permitía trabajar legalmente. El primer trabajo lo tomé como una puerta de entrada que agradecí, pero en cuanto pude, lo solté», relata ella.

Cuando obtuvo un permiso de trabajo, Johana pudo mudarse a A Coruña. Siguió como niñera con horarios fijos y empezó a trabajar en una cadena de comida rápida. «Valoré mucho poder integrarme, compartir, conocer… Mi objetivo siempre ha sido tener una residencia legal», dice. Así que solicitó residencia por arraigo laboral que espera conseguir en poco tiempo.

A través de Ecos do Sur, en el 2021 logró una beca para hacer un máster en Políticas Sociales e Intervención Social Comunitaria. Ahora está en la recta final de un largo camino hacia la obtención de un permiso permanente de residencia y trabajo. «Cuando miro hacia atrás, veo todo lo que he avanzado y cómo las circunstancias me han permitido construirme y reconstruirme. Tengo la esperanza de poder ejercer profesionalmente y ayudar a las mujeres que están en un proceso de flujos migratorios», concluye.