Mantiene el apoyo en las encuestas, pero baja su valoración
27 dic 2022 . Actualizado a las 09:04 h.En una entrevista a la revista Visão, el primer ministro luso, António Costa, se vanaglorió de cerrar su primer año de gobierno en solitario con sus objetivos cumplidos. Pero las reacciones del público y algunos de sus exministros demostraron lo alejadas que estas metas están de las del resto de portugueses. «Da una sensación de estar demasiado asentado en su posición (…), incomoda escucharlo», dijo su exministro Pedro Siza Vieira sobre las palabras de Costa a la oposición: «Acostúmbrense, van a ser cuatro años». A su vez, la dirigente de Iniciativa Liberal (derecha), Mariana Leitão, denunciaba en una columna: «Estamos ante un Gobierno bloqueado, cansado, la mayoría absoluta de la desesperación».
«Ya demostré que no estoy cansado», respondía indirectamente Costa en una comida navideña. Pero este 2022, que se preveía de recuperación y que empezó con una guerra y termina con una inflación disparada, lo pone en duda. «Es una situación difícil de justificar, pues no hace frente a los problemas. Parece que este Gobierno ya está desgastado, con el descontrol que caracteriza a algunas mayorías… da una sensación de final y conformismo», decía a La Voz Manuel Carvalho, director del diario Público.
En el cargo desde el 2015, el socialista Costa se asentó con una sólida victoria en las elecciones de enero. Investido en marzo, en una coyuntura cambiante, solo empezó a carburar en el segundo trimestre. También ahí surgieron problemas impropios de esta posición de privilegio, con los llamados casos y casinhos, que afectaron a altos cargos y que se saldaron con la renovación de dos ministros y cinco secretarios de Estado. «Da trabajo a los asesores de prensa, yo no pierdo un minuto en eso», coqueteaba Costa con lo irónico y lo cínico en la referida entrevista. Manuel Carvalho considera que «el caso de Pedro Nuno Santos [ministro de Infraestructuras] delata una grave falta de coordinación interna. Además, hubo nombramientos muy poco acertados y se aprecian claros errores de evaluación y escrutinio previo», zanja.
Tras solo seis meses, la popularidad se desplomaba. Entonces, con la inflación galopante, se presentaron los presupuestos para el 2023, que llevan a otra de las respuestas triunfantes de la entrevista para Visão: «Preveíamos un déficit del 1,9 %, pero seguramente no supere el 1,5 %», dijo Costa. Fue como meter el dedo en la llaga y ratificar que en Lisboa importa más la evaluación de Bruselas que el poder de compra de sus ciudadanos, pues la revisión de sueldos públicos y pensiones no hará frente al aumento de precios. Tal es la fijación por el plano macroeconómico, que incluso la oposición conservadora le exige más gasto público.
Con todo, las encuestas indican que los socialistas revalidarían su posición, con un 37 % de intención de voto (como en septiembre) y un 40 % que evalúa positivamente su desempeño. En parte, explica Carvalho, porque «la oposición no acaba de encontrar el tono ni los ángulos de abordaje para debilitar al Gobierno». Pero, pese a ser caóticos, también contribuyen los últimos paquetes de ayuda y «haber recuperado la credibilidad en la UE, avalado por su mayoría», dice Carvalho. «Es un socio fiable, responsable, al que se escucha y reconoce tras siete años en el poder». En esa línea, destacan los acuerdos energéticos con España y Francia, que, «aunque no son la mejor solución, sí muestran capacidad de diálogo y avance».
De todos modos, a nivel interno «la creación de un equipo profesional para evaluar los problemas y mejorar la capacidad de respuesta no resolvió la situación de la Sanidad», valora Carvalho. La crisis se extiende a una educación con huelgas permanentes por los malos sueldos y a los cuerpos de policía.
En conjunto, «su mayoría le permitiría abordar grandes reformas estructurales, pero el contexto de incertidumbre impone el corto plazo», remata Carvalho. «Hay infraestructura y educación, pero los índices de crecimiento siguen bajos». El primer ministro, por su parte, deja claras sus intenciones: «Vamos a proseguir una trayectoria de crecimiento sostenible para converger con los más desarrollados de la Unión Europea, con mayor distribución de la riqueza».