José Mazaira, psiquiatra especializado en infancia y adolescencia: «Que tu hijo no apague la consola puede ser un problema, pero no psiquiátrico»
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Explica que los casos de trastornos alimenticios en jóvenes se han disparado en el área sanitaria de Santiago y Barbanza: «Los ingresos por cuadros de anorexia nerviosa han llegado al 40 o 50 % del total durante el covid»
16 abr 2023 . Actualizado a las 21:43 h.Pausado, comedido y alejado de maximalismos. Con un tono de voz cordial y optimista, el psiquiatra ourensano José Mazaira Castro es uno de los mayores expertos de Galicia en problemas y enfermedades psíquicas que afectan a niños y adolescentes. Responsable de la Unidade de Saúde Mental Infanto-Xuvenil del CHUS, admite que sus pacientes se han disparado un 70 % en los últimos tres años. La pandemia ha avivado problemas que estaban escondidos y, de paso, ha generado otros. Afrontarlos, admite, es clave para que los adolescentes de hoy sean adultos sanos y felices. Un reto mayúsculo.
—¿Qué ha pasado en los últimos años con la salud mental?
—Durante mucho tiempo no se llevaba a los niños a que los viera un psiquiatra. Era una especie de estigma, que aún se mantiene en muchos casos. Había una fama no muy buena y los niños que tenían problemas no acudían a consulta. Eso ha cambiado y hemos visto ese aumento de demanda, que se ha incrementado más con el covid. A raíz de la pandemia han aumentado los trastornos de alimentación y también los problemas emocionales, por ejemplo, con autolesiones.
—¿A qué lo achaca?
—Que estuvieran tanto tiempo encerrados ha descoordinado la vida social y emocional de los jóvenes, que se basa en el contacto con sus iguales. A raíz de la pandemia vimos dos fases. Al principio, los niños con problemas de ansiedad o autismo, al no tener que ir al colegio y quedarse en casa, mejoraron. Había menos consultas. Tenían menos estrés que afrontar. Al prolongarse vinieron las consecuencias negativas por esa discontinuación de la vida social. Es fácil estar mirando en internet sobre problemas de alimentación. Resulta más sencillo obsesionarte con ello.
—Hay estudios que dicen que el uso de las redes sociales genera más ansiedad y depresión.
—Es un problema que no está todavía suficientemente estudiado. El uso de internet trae un montón de beneficios, pero nada es perfecto y puede conllevar problemas La facilidad, por ejemplo, para el acoso, es mayor. Otra cosa que vemos es que los padres se quejan por un uso excesivo y que sus hijos dejan de hacer cosas, salir, ver en persona a sus amigos, jugar o practicar deporte...
—Destacó también el bum de los trastornos alimenticios.
—Los más frecuentes son los cuadros de anorexia nerviosa. Un 30 % de los ingresos responden a eso, y durante el covid llegamos al 40 o 50 %. El 90 % son mujeres y no tiene una causa única. Influyen muchos aspectos: predisposición genética, forma de ser... Si eres muy voluntariosa, rígida, perfeccionista y decidida es más fácil desarrollarlo. También hay factores ambientales y sociales. Por ejemplo, el acoso, el insulto, el «estás gorda». Tampoco es ajeno a los cánones de belleza y tallas. Esto requiere un tratamiento, que fundamental es psicoterapéutico y prolongado en el tiempo. Un referente como Josep Toro decía que hasta que pasen cinco años es difícil decir si se ha recuperado. Hacemos un abordaje de educación nutricional, técnicas para ver de otra forma el esquema corporal, mejorar la autoestima...
—¿Ve un aumento de la depresión en adolescentes?
—Sí, se ha visto un aumento. Se estima que puede afectar a un 5 % de la población general. También son más frecuentes en mujeres que en hombres. Hay dos maneras de abordarlo, desde el tratamiento cognitivo conductual, que trata de cambiar o cuestionar los pensamientos asociados a los pensamientos depresivos; y la psicoterapia interpersonal, que tiene que ver con los roles sociales, los cambios, su situación familiar... Y también están las terapias familiares, sobre todo cuando están influyendo en su crecimiento.
—¿Qué rol juega la familia?
—Depende. Hay casos extremos, con maltrato, abuso físico o sexual, negligencia, malos cuidados, mucha crítica, relación fría o problemas conyugales importantes, aunque no sean con el niño. Todos los factores de estrés negativos pueden influir negativamente en los niños.
—¿Se les obliga a ser felices?
—Yo creo que no. No nos encontramos con padres que nos digan que quieren que sus hijos estén siempre felices. Sí que los padres, en general, nos agobiamos más por cosas que hace unos años no importaban. Leía a un pediatra decir que los padres iban a su consulta con cosas como un pequeño dolor o fiebre. Antes no pasaba y en nuestro caso es igual. Ahora se consulta mucho más.
—¿Los niños están sobreprotegidos?
—Depende. A veces eso es positivo porque hay cosas que si te preocupas poco, pues puedes pasar por alto un trastorno grave o potencialmente grave. Y también es verdad que si te preocupas mucho por pequeñas cosas no dejas que sea el niño el que se enfrente a ellas y encuentre y busque una solución. No hay una respuesta general. Nuestro trabajo es atender a todas las personas preocupadas. El 30 % de las consultas preocupan en casa, pero no cumplen criterios de un diagnóstico psiquiátrico. No me quería hacer los deberes, está mucho tiempo con la maquinita, no me la apaga cuando se lo digo... Que no apague la consola sola puede ser un problema, pero no psiquiátrico.
«Antes de establecer un castigo por una conducta indeseable, establezcas una recompensa por la conducta que quieres»
Para Mazaira, reforzar lo positivo debe ser clave para encauzar y educar a los jóvenes.
—Se deben buscar enfoques positivos. Una de las principales premisas que usamos es que antes de establecer un castigo por una conducta indeseable, establezcas una recompensa por la conducta que quieres. No es quitar algo si te portas mal, es, si haces esto, te doy esto. Siempre es mucho más eficaz trabajar en colaboración que en oposición.
—Creo que puede ser útil incluso para algunos adultos.
—En todos los casos [ríe]. Vemos niños a los que estudiar no les satisface, pero lo hacen porque se lo dicen. Hay otros que no. Ni les gusta ni lo hacen, pero eso tampoco es una enfermedad.
—¿Cuáles son los principales trastornos que se encuentran?
—Ansiedad, TDH y sobre todo de conducta. El más habitual de estos es el llamado negativista desafiante, que empieza desde muy joven. Muchas madres nos dicen... siempre fue así, desde bebé. Lloraba mucho, era difícil de consolar... Con el tiempo puede convertirse en un trastorno de conducta disocial.
—¿Se puede saber cómo será un joven desde bebé?
—No, no, pero existen ciertos caracteres que hacen más fácil que desarrolles ciertos problemas, aunque también ciertas ventajas. Si de pequeño eres tímido y te escondes detrás de tu madre eres más propenso a sufrir un trastorno de ansiedad. Si eres terco, tozudo, irritable... pues puedes tener problemas de comportamiento. Es más fácil, pero no dice que vaya a pasar.
—¿Ese aumento de consultas del que habla en qué se traduce?
—El año pasado, hablo de memoria, cerramos con 2.000 primeras consultas. Hace unos diez años eran unas 200 o 300. Pero el desarrollo de los jóvenes es el futuro de una sociedad, y para eso hacemos falta todos.