Sofía Jiménez fue adoptada al nacer: «Después de 47 años, me he reencontrado con mi madre biológica»

ALEJANDRA CEBALLOS / S.F

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Toda la vida sintió que no pertenecía al lugar en el que estaba, pero no encontraba un porqué. Con los años, las dudas aumentaron y empezó a buscar sus orígenes. «Todo el mundo sabía que era adoptada menos yo, pensaba que era una niña robada»

23 abr 2023 . Actualizado a las 18:23 h.

Sofía Jiménez Rodríguez siempre sintió que no encajaba en su familia. Esta gaditana de 47 años recuerda que de pequeña en su familia le decían que era muy extraña, y también que había psicopedagogos que venían a su casa y le enseñaban matemáticas y a identificar la izquierda de la derecha (que a ella le costaba mucho), pero nunca supo por qué.

No le dio mayor importancia, asumió que era parte de su vida y tiró pa lante, pero en 1996, cuando comenzó la carrera en la universidad, todo cambió. Al llegar a una residencia en Sevilla, donde estudió Farmacia, una monja del lugar le preguntó si era adoptada. «Yo le dije que no, e inmediatamente ella se disculpó y me dijo que seguramente estaba confundida. Pero, entre ese comentario y mi sensación de no pertenencia, supe que había algo que no encajaba en mi vida», relata.

«Todo el mundo sabía que yo era adoptada, hasta mi marido, a quien conocí cuando tenía 18. Él no me lo dijo nunca porque sabía que yo no tenía conocimiento al respecto», dice. Era un secreto a voces en su pueblo.

A partir del comentario de aquella monja, Sofía comenzó una búsqueda de varios años. «Lo primero que hice fue localizar mi partida de nacimiento y, efectivamente, decía que había sido adoptada, pero me daba mucho miedo decírselo a mi madre, porque no quería hacerle daño. Sin embargo, cuando lo hice, ella me comentó que sabía que lo había descubierto desde el momento en el que le dije que debíamos hablar. Se lo tomó con mucha tranquilidad y se ofreció a ayudarme en mi búsqueda. Mi padre adoptivo, en cambio, lo negó siempre. Nunca quiso hablar sobre el tema, de hecho, fue él quien le dijo a mi madre que no me comentase nada», continúa explicando.

Sofía se molestó mucho por que le hubieran ocultado la verdad durante tanto tiempo, pero también se sintió liberada. «Además me enteré de que era disléxica y por eso venían los psicopedagogos a casa. Estaba muy enfadada, pero de inmediato entendí por qué me había sentido extraña toda mi vida. Hubiera preferido que me contaran todo desde el principio, para integrarlo como parte de mi realidad, pero mis padres adoptivos tenían miedo de que yo me fuera con mi madre biológica. Cosa que jamás se me pasó por la cabeza. Para mí, ellos eran mi familia y yo solo quería conocer mis orígenes», argumenta.

A pesar de haber resuelto la primera parte del puzle, aún quedaba mucho para encontrar a la mujer que la había gestado, que era su principal interés. «Por la época en la que nací y las contradicciones que había en los papeles, todos pensábamos que era una niña robada», explica.

Sus padres adoptivos eran un matrimonio acomodado de San Fernando, Cádiz, que tenía dificultades para tener hijos, así que una prima de su padre, que trabajaba en la Diputación de Cádiz, les comentó que una mujer joven iba a tener una niña y no podría hacerse cargo de ella. «De esos años, encontré una carta que mi padre mandó a la Diputación en la que explicaba que estaban interesados en adoptar a un niño entre recién nacido y un año de edad», relata.

En medio de las investigaciones, Sofía se enteró de que nació un 3 de diciembre, en el hospital La Milagrosa y al día siguiente ya estaba con sus nuevos padres. A pesar de seguir encontrando pistas y toparse con funcionarios que colaboraron en el proceso, no fue fácil dar con todos los datos. «Mi esposo, mi madre adoptiva y mis hijos me ayudaron en toda la búsqueda. No es nada fácil, a veces se abren puertas que no conducen a ningún lado», dice.

Pero ella no desistió. «Cada vez que encontraba un obstáculo, solo pensaba: ‘Tengo que encontrar a mi madre biológica’. Lo primero que hice fue ir a la Diputación de Cádiz. Allí decía que una persona desconocida me había dejado en El Asilo Gaditano. También me dijeron que buscara en Jimena de la Frontera y que allí contactara con un hombre que se dedicaba a investigar documentos relacionados con las víctimas del franquismo. Él me dirigió a María Bueno, presidenta de la asociación Alumbra —de víctimas de bebés robados en Andalucía—, quien me explicó los pasos a seguir para encontrar mis orígenes», explica con detalle Sofía. 

Volver al origen

Después de tener su partida de nacimiento, comenzó a buscar en las delegaciones y logró encontrar el lugar donde, de acuerdo con los papeles, había sido abandonada: Asilo Gaditano. Pero, al estar mal de salud, la llevaron al hospital La Mora, en Cádiz capital. Allí estuvo ingresada unos días, de los que no existe registro. Posteriormente encontró otro documento donde, por fin, dio con el nombre de su madre y su dirección.

«Cuando fui al registro para ver quién vivía en ese lugar en el año de mi nacimiento, me encontré nombres de enfermeras y monjas, por lo tanto, tenía claro que mi madre no vivió en su casa los últimos meses del embarazo», recuerda.

Con el nombre de su madre y sus abuelos, Sofía decidió abrir un perfil en Facebook para comunicar que los estaba buscando. Logró contactar con algunos vecinos de su madre, en Jimena, y con la esposa del hermano de su madre biológica, con quien organizó un encuentro. Por fin, en enero del 2021, 26 años después de que una monja le sugiriera que era adoptada, se encontró con su familia biológica. «Yo estaba muy nerviosa. Nos encontramos en un restaurante de Tarifa. Solo esperaba a mi tío y a mis primos, pero me sorprendió también que estuviese mi hermana mayor, que además me trajo un ramo de flores. Yo aluciné», rememora con ilusión.

Su madre biológica, sin embargo, no quería tener contacto con ella al principio. Pero la foto que publicaron en Facebook de ese reencuentro fue lo que necesitó para que ella accediera a que se conocieran. «Fue en Castillón, en el matrimonio de mi hermana, en verano del 2022. Ella me invitó y yo sabía que conocería a mi madre. Cuando la vi, sentí un impulso de acariciarla, la veía tan guapa. Llevaba mucho buscándola. No podía creer que estuviera a mi lado», dice emocionada.

En ese momento, supo toda la verdad. «Mi mamá ya tenía una niña, a mi hermana mayor, y una noche de fiesta se quedó embarazada. Cuando se lo contó a mi padre biológico, él le dijo que no quería saber nada de nosotras, así que la única opción que tuvo fue comunicárselo a mi abuelo, que también se enfadó muchísimo y la escondió en casa un tiempo. Después la envió a un piso de mujeres embarazadas (el que aparecía en los archivos, Maternidad Gaditana) y ella accedió a darme en adopción. Me confirmó que no había sido robada», relata.

Tras años de incertidumbre, Sofía se siente satisfecha de no haber tirado la toalla. Desde el reencuentro, con su madre biológica mantiene una relación constante por WhatsApp y videollamadas y su madre adoptiva ha entendido perfectamente la situación. Este verano, su progenitora y su hermana menor vendrán a casa de Sofía y conocerán también a sus cinco hijos. Está segura de que valió la pena todos los años de búsqueda. «A todos les recomendaría que no se queden con la duda. Es muy valiosa esa sensación de saber de dónde somos. He encontrado a mi madre, mis orígenes», concluye satisfecha.