Ana Truyols, militar destinada en Ferrol que donó un riñón a su cuñado: «Tenía que ir de maniobras con los botes de orina»
ACTUALIDAD
La madrileña, capitán de enfermería del Tercio Norte, destaca la importancia de normalizar el proceso que hay tras estas intervenciones, que mejoran la calidad de vida a enfermos crónicos
28 abr 2023 . Actualizado a las 15:54 h.Ana Truyols, capitán de enfermería en el Tercio Norte de Infantería de Marina en Ferrol, tomó una decisión hace poco más de un año que le cambiaría la vida para siempre. Su cuñado, aquejado de riñones poliquísticos, sufrió un fallo renal que motivó que tuviese que iniciar un tratamiento de diálisis y entonces su hermana volvió a sacar a la luz la opción que habían valorado con anterioridad; una donación en vida. Finalmente, la militar afincada en la ciudad naval pasó por quirófano el pasado mes, posibilitando que el padre de sus sobrinos pueda dejar de vivir «enganchado a una máquina», y ya se ha reincorporado a su puesto de trabajo.
-¿Cómo se decide a dar el paso de realizar una donación en vida y cómo influye su titulación como enfermera?
-Mi cuñado tiene una enfermedad genética, que ya había tenido su madre, y que han desarrollado también dos de mis sobrinos, que en el futuro tendrán que pasar por lo mismo. Esto hace que los riñones se vayan deteriorando con el tiempo y que dilaten hasta el fallo. Los de él pesaban 2,5 kilos. Se cansaba y no podía hacer vida normal. Con mi hermana había comentado en muchas ocasiones que yo le daría el mío y cuando tuvo que empezar la diálisis nos dimos cuenta que eso que habíamos hablado era una opción real y decidí dar el paso. Ser enfermera y conocer bien el proceso es algo que me ha ayudado a tomar la decisión a conciencia.
-Usted estaba en Ferrol y la operación se llevó a cabo en Madrid con todo lo que eso conlleva...
-Con la telemedicina todo fue mucho más sencillo porque hubo consultas en las que no había que hacer pruebas que fueron telemáticas, pero sí que hubo desplazamientos y compaginar el proceso con el trabajo no es sencillo. Ayudó mucho que mi superior, que también es trasplantado, y todos mis compañeros me arropasen como una piña porque, por ejemplo, cuando estaba de maniobras tenía que ir con los botes de orina.
-¿Qué le dicen en su entorno al tomar la decisión?
-Como se trata de mi cuñado y no es un familiar de sangre hay personas que te preguntan el por qué y yo digo que él siempre va a ser el padre de mis sobrinos. Escuché opiniones, pero tenía muy claro que quería hacerlo. Lo que es importante entender también es que hay miedos por las dos partes. El donante, por la operación, y el receptor porque no quiere poner en riesgo a otra persona. Mi cuñado no quería que yo pasase por esto. Ahora, después de todo, tenemos una conexión muy especial y todavía nos emocionamos al recordarlo. Este tipo de enfermedades pasan muy desapercibidas y él, con 47 años, se estaba apagando poco a poco. Yo también soy madre de tres niños y me gustaría que si me pasase esto hiciesen lo mismo por mí.
-¿Cómo ha sido la vuelta al trabajo?
-De momento no estoy para correr [ríe], pero ya camino una hora y media y me he reincorporado al trabajo. La recuperación no es un camino de rosas, pero merece la pena. Ahora van a hacerme revisiones periódicas y voy a poder llevar una vida totalmente normal y eso es muy importante darlo a conocer para que más gente se anime a donar en vida, por todos los beneficios que tiene.
-¿Qué se le pasó por la cabeza antes de la operación?
-Yo pregunté mucho por cuestiones relacionadas con el proceso y tenía claro que era menos que una cesárea, pero el miedo está ahí. Quedaban dos días para el Día del Padre y el cumpleaños de uno de mis hijos y te planteas que si pasa algo vas a fastidiarles esa fecha para toda la vida. Hasta pensé en escribir cartas a mis familiares antes de la operación, aunque luego decidí ir tranquila. Pensé en Doniños, mi playa, y sus puestas de sol y es lo último que recuerdo.
-Últimos pensamientos dedicados a Ferrol entonces...
-Sí, si. Yo durante la botadura de la quilla de la F-102 me enamoré de Ferrol. Venirme era mi sueño y así ha sido. Construimos una casa con huerto en Valón y aquí estoy encantada con mi familia.
-¿Por qué se decidió a contar su historia?
-Recuerdo que cuando fuimos a hacer la declaración jurada ante el juez antes de la operación había más mujeres que iban a donar y, hablando con una de ellas, decidí que había que hacer algo para eliminar tabúes sobre la donación en vida. Ojalá más personas se animen a hacerlo. Mi cuñado tiene ahora los valores renales mejores que los míos y podemos bromear sobre ello. Siempre decimos que le di un riñón campeón porque la recuperación fue muy buena desde el primer momento; le cambió el color de la cara. Ahora en su círculo de amigos hay muchos que le dicen que si mi riñón falla ellos serán los siguientes en donar y eso demuestra lo importante que es dar a conocer que esta opción existe y se puede seguir viviendo con normalidad. Yo volvería a hacerlo, sin dudarlo, y si en algún momento me hace falta a mí, malo será que después de esto nadie se ofrezca.