Biden, ante el desafío de lidiar con una nueva realidad en la frontera sur

Miguel Palacio NUEVA YORK / E. LA VOZ

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Una mala gestión de la crisis migratoria podría dañar su campaña a la reelección

12 may 2023 . Actualizado a las 22:37 h.

El Título 42 ya es historia y la Administración Biden tendrá que vérselas con una situación en la frontera con México inédita en lo que lleva de legislatura. La desaparición de la provisión legal ligada a la pandemia configura un escenario lleno de retos en materia de inmigración para la segunda mitad de la presidencia de Joe Biden y abre, además, una vía para los ataques de sus rivales políticos.

El primer día después de la desaparición del Título 42 se iniciaba con una frontera tranquila. Llegó la medianoche del 11 de mayo, y no hubo invasión ni marea de personas asaltando los controles fronterizos. Eso sí, la frontera continúa tensionada, a cuenta de un efecto llamada que, dicen las autoridades norteamericanas, ha congregado a más de 150.000 personas en México con la esperanza de poder cruzar a Estados Unidos.

Desde la medianoche del jueves, el tratamiento de los migrantes en la frontera vuelve a la operativa previa a la pandemia del covid-19. El Título 42 habilitaba las devoluciones en caliente, recortando los tiempos de procesamiento de solicitantes, pero también implicaba unas condiciones más laxas para los detenidos en la frontera. Ahora, con el Título 8, en vigor de forma exclusiva, todo aquel que sea detenido en la frontera sin haber seguido los procedimientos de solicitud podría ver restringida su entrada en territorio estadounidense durante más de cinco años.

Adicionalmente, las autoridades han establecido la obligación de solicitar asilo a través de una aplicación móvil (CBP One) antes de llegar a la frontera. No hacerlo podría implicar la deportación inmediata y la restricción de entrada durante al menos un lustro. También tendrán que estar atentos todos aquellos que hayan viajado atravesando un tercer país y no puedan demostrar que han solicitado asilo antes de hacerlo en Estados Unidos, ya que podría inhabilitar una solicitud posterior. 

Descontento

A menos de un día del cambio de la política migratoria, es difícil predecir cómo serán los próximos meses en los más de 3.000 kilómetros de frontera. Eso sí, todo apunta a que la inmigración será uno de los temas candentes de las próximas elecciones. En febrero, el instituto de investigación Gallup ya avisaba que la satisfacción de los estadounidenses con el nivel de inmigración en Estados Unidos se había reducido del 34 % a comienzos del año pasado hasta el 28 % a principios del 2023.

Desde el Partido Republicano atribuyen al presidente demócrata una política de «fronteras abiertas». El jueves pasado, de cara a la retirada del Título 42, aprobaron en la Cámara de Representantes (donde ostentan la mayoría) un proyecto de ley para reanudar la construcción del muro en la frontera. El proyecto tiene todos los visos de terminar su carrera en el Senado o con el veto de Joe Biden.

Una mala gestión de la crisis migratoria podría convertirse en el talón de Aquiles de la campaña a la reelección de Joe Biden.

Los efectos de la crisis ya se notan en otras partes del país. Nueva York, por ejemplo, espera un aumento de las llegadas de hasta cerca de 1.000 personas diarias, muy por encima de los 61.000 que recibió en todo el 2022. Al mismo tiempo, las críticas del alcalde demócrata, Eric Adams, a la política migratoria de la Casa Blanca ya han provocado que el equipo del presidente prescinda de Adams como asesor de campaña.

 Yorgenis José Hernández Galea, un migrante venezolano de 30 años,  en el albergue temporal panameño de Los Planes.
Yorgenis José Hernández Galea, un migrante venezolano de 30 años, en el albergue temporal panameño de Los Planes. Bienvenido Velasco | EFE

Hartos de abusos, unos pocos migrantes abandonan su viaje 

Mientras miles de migrantes prosiguen su viaje hacia EE.UU. en decenas de autobuses desde un albergue en el norte de Panamá, unos pocos hacen el camino inverso para regresar a sus países, hartos de continuos abusos. «Uno ha pasado tantas cosas que busca llegar otra vez donde la familia (...) Lo que pido es que me den el salvoconducto para poder comprar mi boleto», explica el venezolano Yorgenis José Hernández, de 30 años y padre de tres hijas, en el centro de recepción migratoria de Los Planes, en Panamá, a la espera de que obtengan los permisos necesarios para tomar un vuelo.

Hernández asegura que llegó a cruzar la frontera por Texas, donde recibió asilo político tras permanecer «22 días preso en inmigración». «Me vine porque tuve muchas decepciones, no me daban comida, no me dejaban bañar, nada. Decidí marcharme porque me trataron muy mal los 22 días que duré y solo iba empezando [en el país], entonces ya agarré miedo, y ya, me voy mejor y me vine», sentencia. «Pinches venezolanos qué hacen aquí», le decían los oficiales. «Me vine porque me trataron muy mal, no me gustó», repite. Así que mientras otros intentaban cruzar la frontera a EE.UU., él la cruzó en sentido contrario hacia México y luego hacía Sudamérica tomando un autobús tras otro.

Su viaje hacia el norte «fue muy duro, todos esos países ponen a uno a pasar ronchas, que decimos nosotros, porque ni una agüita, nada le regalan a uno, y eso es caminar y caminar. Caminaba unos 60 km y nos devolvía migración para atrás, y otra vez a caminar», rememora, un viaje que incluyó un trayecto en México en los trenes conocidos como La Bestia, tres días y medio subido, aguantando frío y hambre.

Los barracones de madera del albergue de Los Planes, que acogieron hace décadas a ingenieros y técnicos que construyeron una planta hidroeléctrica en esa zona montañosa y verde, tienen ahora a lo largo de sus pasillos a migrantes que desean partir cuanto antes para seguir su camino hacia Estados Unidos, o para regresar a casa.

El joven colombiano Jonathan Andrés Arrubla llora desconsolado. «Me dijeron que mi mamá enfermó. Me pienso regresar para Medellín, pero para salir de acá del país tengo que tener pasaporte, y no tengo», lamenta.

Tanto Hernández como Arrubla se han acogido al programa de retorno voluntario asistido de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la ONU, que les ofrece la opción de regresar a su país de origen.