La hipótesis de una sequía generalizada gana puntos ante la teoría climática de que lloverá más en los lugares más húmedos
15 may 2023 . Actualizado a las 17:25 h.Uno de los aspectos más investigados por la comunidad científica en el contexto del cambio climático dado el tremendo impactos sobre los seres vivos es la evolución del ciclo del agua. Desde hace décadas, los modelos predicen que tenderá hacia los extremos. Es decir, en los lugares más húmedos lloverá más y en las regiones más secas la precipitación será más escasa.
Galicia pudo comprobar el años pasado en qué medida este escenario es real. Durante los primeros nueve meses del 2022 registró una sequía. Además, las condiciones tan cálidas del verano intensificaron el problema de la falta de lluvia debido a la pérdida de humedad del suelo. A partir de octubre, sin embargo, vinieron unos meses de lluvias torrenciales debido en parte a las aguas cálidas en el Atlántico y la llegada de humedad tropical procedente del Caribe.
La NASA calculó que entre el 2015 y el 2021, siete de los nueve años más cálidos en el registro moderno, la frecuencia de eventos extremos húmedos y secos fue de cuatro por año, en comparación con tres por año en los 13 años anteriores. «Esto tiene sentido porque el aire más cálido hace que se evapore más humedad de la superficie de la Tierra durante los eventos secos y el aire cálido también puede contener más humedad para alimentar lluvias», reconoce Matt Rodell, coautor del estudio e hidrólogo de la NASA. Se estima que por cada grado que suba la temperatura media global, aumentará un 7 % el contenido de humedad en la atmósfera.
Hay, sin embargo, otras hipotésis que apuntan que a medida que aumenta la temperatura media global solo una de esas dos circunstancias se va intensificar. Y no es precisamente el escenario húmedo, sino el de la sequía. «Hay ciencia que establece que habrá una aridificación global, ya que los aumentos generalizados de la evapotranspiración superan los cambios en las precipitaciones en la mayoría de las regiones terrestres», reconocen los autores de un nuevo estudio que acaba de publicarse en la revista Nature Water.
En el 2021 se publicó otro artículo en Nature que apuntaba en esta misma dirección. «El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y los aerosoles, causaron una mayor aridez del globo y de cada hemisferio con una alta confianza estadística para el período 1965-2014, contribuyendo a la sequía, más que a una tendencia húmeda».