Los restos de Marcelino y Abelardo, dos republicanos fusilados en Celanova, ya viajan a Asturias

Cándida Andaluz Corujo
C. Andaluz OURENSE

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María José, Graciela y Luis Enrique Gutiérrez, nietos de Abelardo, en Celanova
María José, Graciela y Luis Enrique Gutiérrez, nietos de Abelardo, en Celanova Alejando Camba

Sus familiares, una hija y tres nietos, viajaron a la villa de San Rosendo para recibir sus pertenencias

22 jun 2023 . Actualizado a las 18:17 h.

Marcelino Fernández García y Abelardo Suárez del Busto comenzaron este jueves su último viaje. Son dos de los seis republicanos asturianos que fueron fusilados el 22 de septiembre de 1939 en el monasterio de Celanova, que entonces funcionaba como prisión. Tenían 21 y 28 años. Sus familias acudieron a la villa de San Rosendo para recoger sus restos — después de que un grupo de investigadores lograran identificarlos— para trasladarlos a Gijón, donde descansarán para siempre. Ni la hija de Marcelino ni los nietos de Abelardo llegaron a conocerlos. Sin embargo, siempre supieron que estaban en algún rincón de Celanova.

Graciela Gutiérrez habló en nombre de los familiares: «Durante estos dos últimos años hemos vivido momentos de incertidumbre, emoción y tristeza, aunque siempre estuvimos acompañados por las personas que hacen que hoy estemos celebrando un nuevo triunfo de esta bien llamada memoria democrática. La hija de Marcelino dice que le duele no tener recuerdos suyos, ni saber cómo era él. Guarda algunas fotografías y una carta que le envió desde Camposantos. En ella decía que adjuntaba una pulsera que le había hecho. La carta la recibió, la pulsera jamás».

Sobre su abuelo, Graciela relató que la historia que les contaba su familia estaba llena de nebulosas. Guardaba algunas cartas amarillentas a través de las que siempre trató de imaginar la mirada de su abuelo: «Intentó huir en el vapor Gaviota —uno de los barcos que partieron desde los puertos de Asturias en otoño del año 1937—, pero nunca embarcó. Nunca logró mecerse en esas olas. En este día, aunque tarde y después de 87 años, ha llegado a buen puerto». También tuvo un recuerdo para los otros cinco republicanos— además de los asturianos un salmantino— cuyos restos siguen en Celanova a la espera de poder localizar a sus familiares.

Los nietos de Abelardo descubrieron que su abuelo habían sido encontrado casi de casualidad. «Mi hermana es una apasionada de Galicia. En un viaje llegó a Celanova y decidió ir al cementerio. Allí, de repente, vio unas flores y un cartel con una lista de nombres. Entre ellos estaba el de nuestro abuelo. Enseguida nos pusimos en contacto con el Comité de Memoria Histórica da Comarca de Celanova», explica María José Gutiérrez Suárez. Ellos fueron los impulsores de unos trabajos que involucraron a historiadores, arqueólogos, forenses y genetistas y cuyo resultado sirvió para escribir este jueves el final de dos historias tristes. Josefina, la hija de Marcelino, recogió los restos de sus padre: «Cuando me lo dijeron sentí muchos nervios. Nunca lo llegué a conocer, pero fueron muchos años esperando noticias. Mi madre vino en más de una ocasión a Celanova, pero nunca consiguió nada. Ahora lo llevaré de vuelta a Gijón».

Al acto celebrado ayer acudieron todas las personas que de una u otra manera estuvieron involucrados en su identificación. Presidieron el acto el alcalde de Celanova, Antonio Puga; el delegado del gobierno en Ourense, Emilio González; y la secretaria de Presidencia del Principado de Asturias, Rita Camblor.