La paciente, primera infectada este año en Andalucía, tenía patologías previas
25 ago 2023 . Actualizado a las 20:01 h.Una mujer de 84 años, vecina de Arroyomolinos de León (Huelva) y diagnosticada como el primer caso humano de fiebre del Nilo Occidental de este año en Andalucía, ha fallecido tras días de ingreso en el hospital Virgen Macarena de Sevilla. Tenía patologías previas. Según han confirmado este viernes a Efe fuentes de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, la paciente había permanecido durante en el centro hospitalario con un estado clínico «estable dentro de su gravedad».
El caso fue notificado por la Consejería al Ministerio de Sanidad el viernes 11 de agosto tras ser confirmado en el marco de la vigilancia epidemiológica establecida dentro del Programa de Vigilancia y Control de Fiebre del Nilo Occidental de Andalucía. Las actuaciones de vigilancia y de control de los mosquitos se iniciaron a principios de esa semana en dicha localidad debido a la sospecha clínica tras la encuesta epidemiológica realizada, que incluía la movilidad en los 15 días anteriores. Además, se procedió al tratamiento larvicida contra mosquitos y se identificaron posibles orígenes y refugio de adultos mediante trampas instaladas en el propio municipio.
Basada en esta confirmación y de acuerdo con el Programa Andaluz, Arroyomolinos se situó en nivel de riesgo 5, por lo que se ha procedido a realizar un Plan de choque específico en el mismo, para lo cual se cuenta con el servicio de control de mosquitos de la Diputación Provincial de Huelva. Desde la Consejería de Salud y Consumo se insiste en la necesidad que la población mantenga las medidas preventivas para evitar picaduras de mosquitos en las horas de mayor actividad de las especies transmisoras de esta enfermedad (horas de cercanas al amanecer y posteriores al atardecer).
Dichas medidas deben aplicarse tanto a nivel individual —uso de repelentes registrados de uso tópico y ropa clara y que cubra la mayor parte de la piel—, como doméstico —uso de mosquiteras, evitar aguas estancadas o utilizar repelentes ambientales—, sobre todo para la población vulnerable con inmunidad comprometida, para así reducir de forma relevante las probabilidades de transmisión.