El caso del padre Fran, una oveja descarriada que se escondía bajo la imagen de un cura bonachón y moderno

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

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El cura malagueño está en prisión por sedar a cinco mujeres para abusar de ellas

04 oct 2023 . Actualizado a las 17:49 h.

Los feligreses de las iglesias de Nuestra Señora de la Encarnación, en Yunquera, y Santa María de la Encarnación, en El Burgo (Málaga), habían tenido en el pasado un cura que bebía más de la cuenta y fue sustituido por otro que bebía más. El anterior sacerdote, quitando el apego al vino, no había roto un plato en su vida y el que pusieron en su lugar, supuestamente, los rompió todos. Porque si resulta ser cierto lo que de él se contó esta semana, el padre Fran es un depredador sexual que ahora duerme en prisión por haber drogado a cinco mujeres y abusar de cuatro. Que se sepa, pues la policía tiene todavía muchísimo material informático que analizar y se teme que haya más víctimas. Porque además, los investigadores solo tienen cuatro carpetas con vídeos en sus manos que se circunscriben a un período muy concreto, entre el 2017 y el 2019, por lo que no descartan que hubiese actuado más tiempo al sentirse impune de esos hechos. Así que, probablemente, de este hombre no está todo contado. Y eso que lo que se sabe hasta ahora ya dejó al país atónito ante semejante maldad. La de un individuo que cuando una de sus novias le recriminó lo que había visto en su ordenador, así se excusó: «Ya sabes que soy un golfo». 

Hijo de una exmonja

Antes de que se torciera, la trayectoria de este religioso resultaba apasionante y su carisma permanecía intacto. Hijo de una exmonja que lo tuvo tras colgar los hábitos, se distinguía por su desbordante empatía. El hombre daba sus misas, llevaba dos parroquias, a la gente le caía bien... «Es un cura bonachón», decían en el pueblo. Eso sí, era el primero en llegar y el último en irse de una fiesta. Le encantaba rodearse de jóvenes (sobre todo de mujeres) y bebía como el que más. A algunos feligreses hasta les gustaba esa forma de ser. Era «un cura moderno», pensaban en ambas parroquias, si bien había comentarios jocosos porque le gustaba estar siempre rodeado de mujeres. Pero nadie se imaginaba lo que este mes se descubrió.

El padre Fran, de 34 años y natural de Vélez-Málaga, fue ordenado sacerdote en el 2017 y había ejercido como párroco en los municipios de Álora, Ardales y Carratraca, en Málaga. Más recientemente, en Melilla.

Fue allí cuando una joven se presentó en su iglesia y se puso a llorar amargamente a los pies del Cautivo. Eran los primeros días de enero y en la iglesia de Santa María Micaela el escándalo estaba a punto de estallar. 

Una novia en Melilla

Cuando la mujer dejó de llorar para empezar a hablar, contó que mantenía una relación sentimental con el padre Fran. Algo que no era ningún secreto en Melilla, pues el sacerdote paseaba con ella con absoluto descaro. La mujer también mencionó que había encontrado imágenes comprometidas suyas de contenido sexual. El obispo tomó entonces la decisión de apartar al sacerdote de la ciudad autónoma y lo mandó de vuelta a Málaga.

Ya en agosto, la exnovia del cura acudió de nuevo a la iglesia e insistió en que en el domicilio que supuestamente compartían había encontrado un disco duro que contenía imágenes de agresiones sexuales que habría cometido el padre Fran sobre mujeres aparentemente inconscientes.

La Iglesia la derivó a la Policía Nacional. Acudió a la Unidad de Familia y Atención a la Mujer (UFAM) de la comisaría de Melilla, relató lo sucedido y entregó a los agentes una copia de las imágenes almacenadas. Ante la envergadura que sabían que iba a tomar el caso, que además se iba a extender a otras zonas, los agentes contactaron con sus homólogos de la UFAM Central para trabajar al alimón en la investigación.

Los agentes empezaron por analizar las imágenes, «centenares» de fotografías y vídeos que el sospechoso había repartido en cuatro carpetas a las que, para identificarlas, les había asignado iniciales. Su exnovia (la de Melilla, porque al parecer tenía otra pareja en Málaga) contó a los policías que ella las abrió creyendo que se trataba de una película o una serie.

En esos archivos, se observaba a cuatro mujeres semidesnudas, dormidas o más bien, como sospechan los investigadores, narcotizadas con algún tipo de sedante, ya que parecen inertes ante las prácticas sexuales «de todo tipo» que les realizaba un hombre.

El vuelco de las imágenes, salpicadas de detalles de una crueldad infinita, sirvió para que identificasen en los vídeos al padre Fran, pero les quedaba por poner nombres y apellidos a las víctimas de las agresiones. Algunas no pudieron ver lo que ese hombre les había hecho.