La masacre en el kibutz de Reim: «Muchos amigos se perdieron en el bosque y les dispararon como en un campo de tiro»

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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Asistentes al festival en el kibutz de Reim durante su huida.
Asistentes al festival en el kibutz de Reim durante su huida. VIDEO OBTAINED BY REUTERS | REUTERS

Tras correr y andar durante entre tres y cinco horas, muchos pudieron salvarse. No fue el caso de los 260 muertos que dejó el ataque, una cifra que casi triplica las víctimas de Estado Islámico en la sala Bataclan de París

10 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A las seis de la mañana del pasado sábado empezó a sonar la música en el kibutz de Reim. El festival Tribe of Nova por la paz arrancaba en la cooperativa cercana a Gaza y todos los asistentes se disponían a seguir bailando y disfrutando de una fiesta con sus allegados. Pero media hora después la pesadilla cayó del cielo.

Unos resplandores blancos brillaron en lo alto, señal de que la artillería comenzaba a caer sobre las inmediaciones. La música paró. «Alerta roja», sonó desde la megafonía del recinto. Los festivaleros comenzaron la desbandada. Algunos con miedo, otros solo confusos. De dónde venían esos misiles, quién los disparaba y por qué eran una incógnita. La Franja siempre está bien vigilada, salvo ese día.

Mientras los coches comenzaban a arrancar, se oyeron los primeros disparos. Algunos vídeos tomados por los jóvenes que celebraban la paz mostraban a los terroristas de Hamás sobrevolando el cielo en parapente. Comenzó a extenderse el miedo. Millet Ben Haim, una chica de 27 años, narró su experiencia a The Washington Post: «Empezamos a correr, pero nadie sabía adónde ir. Cogí las llaves del coche de un amigo, que iba colocado, y recogimos a tanta gente como pudimos. Condujimos a toda pastilla».

Pero pronto hileras enteras de coches quedarían paralizadas por los disparos de los terroristas infiltrados. «Un joven nos llevó en su jeep. Le dispararon, perdió el conocimiento y su coche volcó», narra Ester Borachov, de 19 años, a France24. Cuando algún desafortunado perdía el control de su vehículo, quedaban dos opciones: correr o esconderse con los milicianos de Hamás acercándose.

Fue el caso de Shoam Gueta, que permaneció junto a unos amigos entre los arbustos durante seis horas. «Vimos terroristas matando gente, quemando coches, gritando por todas partes. Si hacías algún ruido, si hablabas, estabas muerto», narró al mismo medio. Aunque no todos sufrieron el mismo destino, puesto que también hubo secuestros.

Otra joven, Tal Giby, contó a la CNN que huyó a pie junto con otra gran muchedumbre que dejaba atrás sus coches ardiendo tras el paso de los infiltrados. Pero en el caos nadie sabia hacia dónde correr. «Tengo muchos amigos que se perdieron en el bosque durante muchas horas y les dispararon como si fuera un campo de tiro», recuerda Giby.

Tras correr y andar durante entre tres y cinco horas, muchos pudieron salvarse. No fue el caso de los 260 muertos que dejó el ataque, una cifra que casi triplica las víctimas de Estado Islámico en la sala Bataclan de París.