Sunak usa el primer discurso del rey para intentar salvar una derrota electoral

Juan Francisco Alonso LONDRES / E. LA VOZ

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Carlos III y Camila, coronados en la abadía de Westminster ante la presencia de 2.200 invitados. 06/05/2023
Carlos III y Camila, coronados en la abadía de Westminster ante la presencia de 2.200 invitados. 06/05/2023 POOL | REUTERS

Mano dura contra el crimen y contra la inmigración ilegal, y nuevas licencias de gas y petróleo, entre las medidas que el Gobierno aplicará antes de las generales

08 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Más mano dura y mayores dosis de pragmatismo. Con una combinación de ambas Rishi Sunak espera sentar las bases para «un futuro más brillante» para el Reino Unido y de paso conseguir el milagro de ganar las elecciones generales que deben celebrarse a finales del 2024. Al menos ese es el sabor de boca de que dejó el discurso que su Gobierno le preparó al rey Carlos III y que este leyó ayer en la ceremonia de apertura de las sesiones del Parlamento.

En el llamado Discurso del Rey —el primero tanto del actual monarca como de Sunak— se anunciaron nuevas medidas para «mantener a las comunidades a salvo de la delincuencia, del terrorismo y de la inmigración ilegal». Y entre esas acciones figuró «un proyecto de ley para garantizar sentencias más duras para los delincuentes más graves y aumentar la confianza de las víctimas», leyó el soberano.

Carlos III también aseguró que la polémica Ley de Inmigración Ilegal aprobada meses atrás será aplicada cabalmente, para que así «sea el Gobierno y no las bandas criminales quien decida quién viene a este país». El instrumento le cierra la posibilidad de acceder al asilo a cualquier persona que llegue de manera irregular a territorio británico.

El combate contra la inflación y la protección del bolsillo de los británicos serán otras de las prioridades del Ejecutivo, de acuerdo con lo leído por el monarca. Y para conseguir este objetivo el premier está dispuesto a «tomar decisiones difíciles, pero necesarias a largo plazo». Así anunció que presentará leyes para «fortalecer la seguridad energética del país y reducir la dependencia de los volátiles mercados de energía internacionales y de regímenes extranjeros hostiles».

La legislación abrirá las puertas a futuras concesiones para explotar nuevos campos de petróleo y gas, «ayudando al país a cumplir con su compromiso de emisiones cero netas para el 2050 sin agregar cargas indebidas a los hogares».

Esta parte del discurso no debió de ser fácil de leer para el monarca, quien es un reconocido ecologista. Sin embargo, el soberano ni modificó el tono de su voz ni su postura, con lo cual siguió la tradición de sus predecesores de no hacer ningún gesto que pueda interpretarse a favor o en contra de determinada iniciativa gubernamental.

No exento de polémica

La promesa de modificar la legislación en materia de propiedad inmobiliaria, para así facilitar que los dueños de una casa lo sean también del terreno en el que está edificada, también fue incluida. El líder laborista Keir Starmer criticó el contenido del programa legislativo, por considerarlo «más de lo mismo».

Salvo una ruidosa protesta encabezada por un grupo de antimonárquicos, los cuales se instalaron a las afueras del Parlamento, la pomposa ceremonia se celebró como estaba prevista.

El acto, con un fuerte significado institucional en el Reino Unido, este año fue especial por partida doble. Aunque ya el año pasado Carlos III encabezó el evento, pues la entonces reina Isabel II debió ausentarse por problemas de salud —algo que no se había visto en seis décadas—, ayer fue la primera vez que lo presidió como monarca. Y, en segundo, porque fue la primera vez en siete décadas que un rey puso un pie en el Palacio de Westminster.