El origen marinero del agujero del dónuts

raúl villa caro

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Un marinero estadounidense probó a retirar la masa central del bollo para que cociera mejor

03 dic 2023 . Actualizado a las 10:04 h.

En tiempos de las galeras la alimentación estaba basada en el denominado bizcocho. Se trataba de una torta de harina de trigo, que se pasada dos veces por el horno para darle mayor dureza y que de esta manera pudiera resistir mejor el paso del tiempo. Este bizcocho se acompañaba de un potaje, por lo general de garbanzos o habas, o bien con un guiso de arroz. Cuando los remeros enfermaban se les solía alimentar mejor para que pudieran realizar su trabajo de una manera óptima. En el año 1607 se hablaba de dietas de remeros enfermos compuestas de carne fresca, gallinas, pollos, huevos, pasas, almendras y conservas.

Estamos hablando, por tanto, de un alimento algo duro, nada dulce y bastante difícil de comer si no fuera con la ayuda de agua o vino. Se podría decir que era un elemento básico en la alimentación, poco fermentado, que se cocía por segunda vez para eliminar la humedad y evitar que se descompusiese y, de esta forma, lograr que durase más tiempo. Una vez elaborado, se le daba una forma muy peculiar, consistente en láminas redondeadas para su fácil almacenamiento, razón por la que se le denominó galleta o bizcocho. En ocasiones estaba tan duro que, a pesar de ser empapado en vino, solo podía ser comido por los marineros más jóvenes, quienes solían poseer mejor dentadura.

En aquella época, la dotación veía cómo sus galletas eran también comidas por ratas y gusanos.

De hecho, en las narraciones del italiano Pigafetta, que fue cronista en el primer viaje de circunnavegación de Magallanes y Elcano, se dejó constancia de lo siguiente: «Las galletas que comían no eran ya pan, sino una especie de polvo mezclado con gusanos que habían devorado toda la sustancia y con un olor insoportable debido a los orines de las ratas».

El pan de Neda

Las Reales Fábricas de Bizcocho de Neda produjeron durante el siglo XVII el principal alimento de la marinería y la tropa embarcada en la ría de Ferrol. El pan de barco generó una importante industria que elaboró pan de barco durante casi un siglo, lo que sirvió de base para el desarrollo de toda una potente industria del pan en la villa, que se tradujo en la creación de generaciones de panaderos. Una de las claves de la calidad del pan de Neda, como se descubrió siglos después, residía en la composición química del agua utilizada, procedente del río Belelle.

Parece ser que hace más de doscientos años los dónuts carecían de un agujero en el centro. Este bollo de pasta frita nació en Holanda en el siglo XVII, aunque en la Grecia Antigua sus habitantes ya eran muy aficionados al uso de una masa muy similar a la del donut, horneada, y que se asemejaba a la empanada. Finalmente, el donut desembarcó en Estados Unidos de las manos de colonos y emigrantes, quienes lo denominaron dought nut, término que se podría traducir como pasta de nueces.

En la actualidad, tanto los dónuts como las rosquillas se caracterizan por su delicioso sabor y por tener un agujero en el centro. Pero alguien se podría preguntar: ¿existe alguna razón por la que necesiten tener ese orificio central? Una de las teorías que responde a este interrogante se remonta a 1847, cuando un joven marinero estadounidense de apenas quince años, llamado Hanson Gregory, se cansó de que los bollos elaborados por su madre quedaran mal cocinados en su interior, y tuvo una gran idea. El bueno de Hanson observó que, aunque el exterior de los donuts estaba muy crujiente, no ocurría lo mismo en el centro, donde siempre se quedaba la masa cruda, y por ello se le ocurrió que, agujereándolos en el medio, podría conseguir que el donut entero quedara igual de bien cocinado. Esta artimaña además suponía un ahorro ya que evitaba que el bollo tuviera que estar un tiempo excesivo en el aceite.

 Este truco le sirvió al, a la postre, capitán Hanson Gregory para que varias placas en su pueblo natal de Camden, junto a Rockport, en el condado de Maine, recuerden su gesta.

Raúl Villa es doctor ingeniero naval, oficial de la Armada y capitán de marina mercante.