El dióxido de carbono en la atmósfera marca un nuevo máximo en el 2023

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Vista de una bomba de petróleo en Alemania
Vista de una bomba de petróleo en Alemania RONALD WITTEK | EFE

EE.UU. y Europa emiten menos, pero India y China mantienen la tendencia al alza

06 dic 2023 . Actualizado a las 13:40 h.

El dióxido de carbono no goza hoy de muy buena fama. Pero es un gas de efecto invernadero al que literalmente le debemos la vida y también que la Tierra sea un mundo habitable. Incluso la civilización solo se pudo abrir paso cuando el CO2 lo permitió. Hace unos 11.700 años, la especie humana vivía los últimos días de una durísima glaciación. Entonces, el deshielo y las corrientes marinas comenzaron a liberar grandes cantidades de carbono desde las profundidades del océano a la atmósfera y el planeta empezó a calentarse. La temperatura global se estabilizó y los humanos aprovecharon la oportunidad para asentarse, trabajar la tierra, crear ciudades y todo el progreso que vendría después hasta la actualidad. La Revolución Agrícola trajo prosperidad, pero también la primera intervención antropogénica en el clima de la Tierra debido a la emisión de gases como el dióxido de carbono y el metano.

En los albores de las primeras sociedades humanas la concentración de CO2 era de unas 250 partes por millón (ppm). Esta cifra se mantuvo más o menos estable durante milenios, igual que la temperatura media. Sin embargo, el equilibrio se rompió a mediados del siglo XIX con la llegada de otra revolución, la industrial.

Desde 1850 el dióxido de carbono y la temperatura global no solo han comenzado a crecer, sino que se ha producido un aumento cada vez más acelerado que no se ha detenido ni un solo momento. La cantidad total emitida a la atmósfera en el 2023 supone un nuevo récord, con 40.900 millones de toneladas, según el informe anual de Global Carbon Project que se publicó ayer en el marco de la cumbre climática que se celebra estos días Dubái (COP28).

El profesor Pierre Friedlingstein, de la entidad Exeter's Global Systems Institute y director de este informe advierte que la acción global para reducir los combustibles fósiles no está siendo lo suficientemente rápida como para evitar «el peligroso» cambio climático.

El estudio reconoce que las tendencias regionales en la lucha climática varían enormemente. De acuerdo a los indicadores, se prevé que a finales de año las emisiones aumenten en la India (+8,2 %) y China (+4 %), y desciendan en la Unión Europea (-7,4 %), EE.UU. (-3, %) y el resto del mundo (- 0,4 %). Por tipo de fuente, se prevé que se incrementen las emisiones mundiales de carbón (+1,1 %), petróleo (+1,5 %) y gas (+0,5 %). Se estima que la concentración de dióxido de carbono terminará el 2023 en torno a las 420 partes por millón. Para encontrar estos valores habría que remontarse unos cuatro millones de años, cuando no había rastro de humanos ni nada que se le pareciese.

Y si algo ha revelado la ciencia durante más de un siglo de investigación es que existe una relación causa-efecto entre el dióxido de carbono y la temperatura. Precisamente el informe presentado ayer por Global Carbon Project asegura que existe un 50 % de posibilidades de que el ascenso de la temperatura media global se mantenga por encima de 1,5 grados a partir del 2030.

El primer aviso en este sentido llegará precisamente este año. En unas semanas se conocerá la respuesta a la gran pregunta que se plantea ahora mismo la comunidad científica, ¿alcanzará la temperatura a 1,5 grados en el 2023?. Esta misma semana ha vuelto a producirse un nuevo hito climático que invita a pensar que puede ser posible. El día 4 de diciembre la anomalía térmica positiva (por encima de la media) fue de dos grados respecto a los valores preindustriales. Es la tercera vez que ocurre. Las anteriores se produjeron el pasado mes de noviembre. Cabe resaltar que si finalmente se consuma la noticia de que la media mundial llega al grado y medio, en este caso sería en este caso un hecho aislado. Lo que este informe está sugiriendo es que para finales de la década esa cifra pasaría a ser la nueva normalidad.