Defender el año de la democracia

Kat Duffy / Katie Harbath FOREIGN AFFAIRS

ACTUALIDAD

MABEL RODRÍGUEZ

Más de la mitad de la población mundial acudirá a las urnas en este 2024

07 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Este año se celebrarán más de 80 elecciones nacionales, que afectarán de forma directa a aproximadamente 4.200 millones de personas —es decir, el 52 % de la población mundial—, en el mayor ciclo electoral que el mundo presenciará hasta el 2048. Además de los comicios de Estados Unidos, los votantes acudirán a las urnas en la Unión Europea, la India, Indonesia, México, Sudáfrica, Ucrania, el Reino Unido y docenas de otros países. Las apuestas son altas. Los candidatos que ganen tendrán la oportunidad de influir no solo en la política nacional, sino también en cuestiones globales entre las que se incluyen la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la gobernanza de internet.

Las elecciones de este año son importantes por razones que van más allá de su magnitud. Harán frente a una tormenta perfecta de amenazas intensas y defensas débiles. Las decisiones comerciales de compañías tecnológicas, el alcance de las plataformas digitales globales, la complejidad de los entornos en los que operan, las nuevas herramientas de inteligencia artificial generativa, el crecimiento de operaciones de influencia extranjera y la aparición de investigaciones nacionales partidistas en Estados Unidos han coincidido para potenciar las amenazas a las elecciones en todo el mundo.

Luego, cada elección se verá afectada por temas locales, el contexto cultural y las políticas de los principales partidos. Pero cada una también se enfrentará a amenazas globales a la integridad electoral y, por extensión, a la democracia. Gobiernos, empresas y sociedad deben trabajar para mitigar los riesgos para la democracia y detectar la aparición de nuevas y peligrosas amenazas electorales. Si comienzan ahora, el 2024 podría ser recordado como el año en el que se recuperó la democracia.

Las elecciones tienen lugar dentro de contextos locales, en idiomas locales y de acuerdo a normas locales. Pero la información que las sustenta llega cada vez más de plataformas digitales como Facebook, Google, Instagram, Telegram, TikTok, WhatsApp y YouTube. Los votantes confían en estas plataformas comerciales para comunicarse y recibir información sobre los procesos electorales. Como resultado, estas ejercen una gran influencia sobre los comicios. En una encuesta reciente de Ipsos, el 87 % de los participantes de 16 países que tendrán elecciones en el 2024 expresaron su preocupación de que la desinformación y las noticias falsas puedan afectar a los resultados, siendo las redes sociales citadas la principal fuente de desinformación, seguida de las aplicaciones de mensajería. Aunque los electores utilizan estas redes, no pueden influir en las decisiones o prioridades de las plataformas. Y estas no están obligadas a combatir la manipulación de la información, proteger su integridad o controlar los entornos electorales en las comunidades en las que operan. Tampoco están enfocadas en hacerlo.

En cambio, las grandes tecnológicas de Estados Unidos prestan cada vez menos atención. Al tener que hacer frente a unos beneficios que van a menos, a mayores costes de cumplimiento normativo, a la presión para invertir en inteligencia artificial y a un mayor control de los Gobiernos de todo el mundo, empresas líderes como Google y Meta han desviado recursos de sus equipos de confianza y seguridad que mitigaban las amenazas electorales. X (anteriormente conocida como Twitter) ha ido aún más lejos, con recortes masivos e introduciendo cambios de política erráticos que han incrementado el número de discursos de odio y desinformación en la plataforma. No obstante, otras han comenzado a prepararse para este año electoral. Meta, por ejemplo, ha anunciado que aplicará ciertas garantías, como hará Google. Ambas compañías también buscan maximizar el uso de herramientas basadas en la inteligencia artificial generativa para la moderación del contenido, lo que podría ofrecer mejoras en la velocidad y escala del control de la información.

Plataformas más nuevas, como Discord, TikTok o Twitch, están comenzando a formular políticas relacionadas con las elecciones y estrategias de mitigación, pero carecen de experiencia en un período de elecciones. Telegram, que es una plataforma global establecida, destina pocos recursos a combatir la desinformación y el extremismo. WhatsApp y otras plataformas conocidas de mensajería cifrada presentan sus propios desafíos únicos para reducir el mal uso por la naturaleza cifrada del contenido que se comparte.

Las plataformas tecnológicas no tienen ni los recursos ni la determinación para controlar y abordar este tipo de contenido. Cada una tiene un proceso diferente para informar sobre la desinformación, los discursos de odio o acoso, así como la capacidad para responder a esas amenazas. Las empresas se enfrentarán inevitablemente a grandes dilemas, especialmente cuando la seguridad personal de sus empleados esté en juego. Las restricciones en los ingresos, las limitaciones tecnológicas y la priorización política terminarán en una gran brecha entre los recursos destinados a apoyar la integridad electoral de Estados Unidos y los centrados en la de otros países. El resultado será que a la mayoría de estos se los descuidará.

Las amenazas y los desafíos a los procesos electorales

Pese a la magnitud del desafío, aún se puede hacer mucho para proteger las elecciones de este 2024. En primer lugar, las fundaciones filantrópicas deben aumentar sus inversiones para mejorar el control de la información y la verificación de los hechos. Los Gobiernos y las organizaciones que apoyan la democracia también deben asegurarse de que involucran y movilizan a líderes de la sociedad. Esto debe incluir a educadores, académicos, sanitarios y representantes de comunidades marginadas que pueden operar fuera de las redes centradas en los derechos civiles y políticos, la tecnología o el Estado de derecho. La investigación debe comenzar ya para entender cómo las herramientas de inteligencia artificial generativa pueden afectar al flujo de información y ver cómo mitigar sus efectos negativos. Por último, deben desarrollarse asociaciones público-privadas innovadoras que ayuden a los votantes a consumir de forma correcta la información. Deben identificar fuentes autorizadas y saber si una imagen o un vídeo ha sido generado por la inteligencia artificial o busca engañar.

Este año será un hito para la democracia. Los desafíos serán extremos en alcance y en complejidad, y las amenazas a los procesos electorales serán más fuertes que nunca. Este es el momento para que los defensores de la democracia redoblen sus esfuerzos en defensa de la integridad electoral. Todavía es posible asegurar que la democracia salga fortalecida en este 2024, no debilitada. Este año debe recordarse no solo por la magnitud de sus elecciones, sino también por la rapidez y defensa de la democracia.