José Antonio Molina, experto en bienestar: «No hay personas optimistas ni pesimistas»

ALEJANDRA CEBALLOS

ACTUALIDAD

-

Hay que diferenciar el optimismo inteligente del que no lo es, advierte el experto, que señala que para afrontar adversidades «hay que adaptarse a ellas, porque si nos resistimos es peor»

07 feb 2024 . Actualizado a las 08:51 h.

Con los tiempos que corren, no es difícil perder la esperanza. Sin embargo, los optimistas tienden a ver el vaso medio lleno. Incluso hay estudios que afirman que viven más. Y si no más, por lo menos sí mejor. ¿Pero qué es realmente el optimismo? ¿Siempre es una cualidad?, ¿O puede jugarnos en contra? Hablamos con José Antonio Molina, experto en bienestar y responsable para Castilla y León de la consultora de recursos humanos Adecco.

 —¿Qué es el optimismo?

—Es una mirada inspiradora del futuro, la creencia de que las cosas pueden ir mejor y se pondrán a tu favor. Sin embargo, hay que entender que hay un optimismo inteligente y uno que no lo es. No es lo mismo una persona que es crítica y aun así se pone en acción, que una persona que simplemente niega los problemas e incluso los evita.

 —¿Pero entonces pensar que todo irá bien puede ser perjudicial?

—Claro. No es nada beneficioso cuando las personas creen que solo por manifestar o pensar en las cosas, estas ocurrirán casi por arte de magia. El optimismo real e inteligente implica no tener miedo a la verdad, ser crítico, conocer la situación actual, tener conversaciones difíciles y ponerse en marcha. Hay otros tipos de optimismo, en cambio, como el crédulo, que no ve los peligros; el evasivo, que ignora sus problemas; el perfeccionista, que se pone metas inalcanzables o el ilusorio, que idealiza las cosas, que no son muy inteligentes y realmente no son una competencia.

 —¿Cómo reconocer a un optimista inteligente?

—Tiene mucho que ver con cómo nos miramos a nosotros mismos. El optimista inteligente es una persona que ha desarrollado su autoestima, pero también la autocrítica. Es capaz de poner las cosas en la balanza y, después de una dificultad, analizar qué hizo mal, qué puede mejorar, dónde debe aprender algo nuevo. Una de las características principales es que siempre está en movimiento. El pesimismo es como el freno de mano; en cambio, el optimismo te ayuda a avanzar, y a ver las dificultades como una oportunidad para aprender o crecer. Repito, siendo muy crítico y realista.

 —¿Un optimista nace o se hace?

—Lo ideal es no poner etiquetas. No hay personas ni optimistas ni pesimistas, solo hábitos de pensamiento determinados. El pesimismo tampoco está mal, puede prepararnos para situaciones incómodas, pero si lo usamos en exceso, no nos permite avanzar. Así que podemos aprender a tener otros hábitos, entrenarnos para tener pensamientos más optimistas.

 —¿Por dónde empezamos?

—En primer lugar, hay que tener las expectativas claras. Actualmente estamos expuestos a muchísimos estímulos de las redes sociales, y pensamos que todo el mundo tiene la vida ideal menos nosotros. Hay que saber que no todos partimos del mismo punto, y que no todos tenemos que tener las mismas metas. El optimismo también empieza por reconocer nuestras habilidades y puntos fuertes.

 —¿Y cómo hay que actuar ante las adversidades?

—Hay que desarrollar la capacidad de adaptación ante ellas, porque si nos resistimos es peor. Y no se trata de agachar la cabeza, sino de aprender de las situaciones, atravesarlas con resiliencia y cambiar de estrategia para que podamos alcanzar aquello que queremos. Finalmente está también la construcción cognitiva, tenemos que analizar qué cosas dependen de nosotros, y cuáles no. Y actuar sobre esas que sí podemos cambiar.