Dica y Mauro superaron una infidelidad tras 12 años de matrimonio: «Fue al 50 % culpa de cada uno de nosotros»

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Esta pareja no solo es la prueba de que se puede pasar página, sino de que incluso es posible ser infinitamente más feliz que antes. «Ahora vemos esa infidelidad como una bendición», aseguran ellos, que lo apostaron todo al que llaman «su segundo matrimonio». Y ganaron

23 mar 2024 . Actualizado a las 11:16 h.

31 de diciembre del 2022. La cena de Fin de Año de Dica y Mauro se acaba por fin. Sin duda, la más dolorosa de sus vidas. Poco antes, uno de ellos descubre unos mensajes en el móvil del otro. Y, con ellos, una infidelidad. El que la cometió, empieza a hacer las maletas para irse de casa.

—¿Adónde vas?

—Sé que me tengo que ir....

—No, yo no quiero que te vayas, ¿tú quieres irte?

—¿Yo? Yo no...

«Aún no sabíamos cómo íbamos a hacerlo, pero decidimos que queríamos seguir adelante», relatan. Y lo hicieron. Así nació el que denominan su segundo matrimonio. En total, llevan 12 años casados. «Pero llevábamos años desconectados el uno del otro. A veces estábamos bien y parecía que funcionaba, pero no. Y dices: ‘Que pase lo que tenga que pasar’. Hasta que pasa. Nos dimos de frente con una infidelidad».

Ante la pregunta de quién fue, la respuesta es el silencio. «Nunca lo hemos revelado. Sabíamos que iban a odiar a quien la cometió y que todo el mundo nos iba a decir que nos separáramos. No queríamos eso. Queríamos proteger ese matrimonio agonizante, casi muerto», sigue Dica. El detonante llegó esa Nochevieja. «La infidelidad salió a la luz justo cuando estás cambiando de año, el peor día para que ocurra...», dice Dica. «O el mejor», interviene Mauro. «Cenamos con la familia, fingiendo que todo estaba bien...», continúa ella. «Sentimos el dolor, la ira, la frustración, el desgarro emocional. Fue como ‘Dios mío, se acabó, no hay vuelta, nos perdimos’». «Pero el primer acto de rebeldía de nuestra relación fue decir: ‘¿Qué queremos hacer?’», señala Mauro.

«AMAR O IRSE»

En ese momento, decidieron no decírselo a nadie y quedarse ellos dos con su dolor. «Los involucrados éramos nosotros, por lo que íbamos a arreglarlo el uno con el otro. De alguna manera, también lo hicimos por esas creencias de la vergüenza, el cómo lo vas a perdonar... Una de las enseñanzas que sacamos es que hay que tener cuidado con quién te rodeas, porque a veces te dejas llevar por lo que te dicen, y sentíamos que nadie estaba capacitado para ayudarnos. Solo una pareja que antes hubiera pasado por esto podría», dice Mauro.

Lo primero que sintieron, recuerdan, es «decepción, dolor, vergüenza... Pero también tuvimos una sensación de ‘hicimos algo mal’», apunta él, que señala que se permitieron abrirse a sentir «lo que había que sentir y a hablar de lo que había que hablar». «Primero hay que asumir que hay dolor, no esconderlo. Uno tuvo que reconocer esa culpa y que había generado ese dolor, y el que estaba dolido, sentirlo», explica Dica.

Superar esto fue ganarle cada día un centímetro al infierno

Esa noche, cuentan, les vino un pensamiento a la cabeza: «Amar o irse». Eligieron lo primero. Y así empezó su nueva relación. «Dices: ‘Ya gritamos, ya lloramos, ya nos encerramos en el baño, ya bajamos de peso... Ahora bien, una relación la dañan dos. Dijimos: ‘Esta infidelidad fue en un 50 % culpa de cada uno de nosotros, tuya y mía’», apunta Dica. Así dieron comienzo a un ciclo de conversaciones «nada bonitas ni cómodas», pero que les sirvieron para preguntarse cómo llegaron a eso. «Porque quien busca otra cosa, sea emocional o física, lo que sea, es algo que no obtuvo aquí. Y eso hay que reconocerlo. Nos han enseñado a pensar que uno es como un dios que merece ser amado y respetado, y que merece fidelidad porque sí. Y no es así», añade.

Ante tópicos como «yo no lo hice y tú sí», o «si lo hizo una vez, lo hará más», ellos responden con otro enfoque. «Investigamos y leímos mucho. Y la infidelidad solamente es un síntoma. Pero normalizamos el hecho de aguantar otras situaciones que se dan cuando yo no estoy en la relación», indica Mauro, que mantiene que la infidelidad puede no producirse, ni siquiera, con otra persona: «Si tú desconectas de la relación y estás a otras cosas, estás faltando al compromiso que has tomado. Nos ayudó el hecho de normalizarlo un poco. Quien es infiel, busca un escape. Y tú puedes escapar en el alcohol, en tus hijos, en tu trabajo... Llegar a las nueve de la noche y encadenar con el día siguiente, no prestar atención, escucha o tiempo a la pareja... Llegar tarde todos los días también destruye una relación».

Dica y Mauro llevan juntos 13 años y no tienen hijos en común. Aunque estudiaron en la misma facultad, no hablaron hasta que coincidieron en un vuelo. Desde entonces, no volvieron a separarse. Tras solo un año viviendo juntos, se casaron. «Éramos unos niños de 25 y 26 años que todavía estaban descubriendo quiénes eran. Todo se volvió muy serio de repente, no sabíamos ni lo que era estar casados. Y pronto empezamos a desconectarnos», relatan. «Tratamos de cumplir ese ‘deber ser’ de las cosas. Crees que tu realización consiste en tener una casa, salir a comer, viajar...», dice Mauro. Dica añade: «Nosotros pensábamos que una pareja que era feliz viajaba mucho, así que empezamos a viajar con la ilusión de que quizás en ese lugar íbamos a conectar, a tener sexo loco y desenfrenado. Y llegábamos a esos sitios, y éramos iguales que en casa».

Las conversaciones, aseguran, comenzaron a centrarse en el día a día, el trabajo, el dinero... Y había temas que no se tocaban por no entrar en conflicto. En definitiva, se trataba de «estar siempre bien», y para ello, trataban asuntos banales. Entraron en lo que ellos denominan como «en piloto automático». «Como no nos sentíamos preparados para afrontar ciertas situaciones, no queríamos profundizar y decíamos: ‘Bueno, sí, lo que quieras’. No te involucras. O tienes mucho trabajo, muchas cosas que hacer... Y empezamos a actuar así de una manera casi inconsciente», dice Mauro.

Tras superar el bache, optaron por seguir en una relación cerrada. «Cerrada en términos de fidelidad, pero bien abierta para ambos», apunta Dica. Su pareja añade que su matrimonio es ahora lo suficientemente abierto como para que quepan sus dos mundos: «Y cuando eso ocurre, no te quieres ir a ningún sitio». Algo que les ayudó, cuentan, es quitarle un poco el valor a la infidelidad y dárselo a la relación. «Te escandalizas por la infidelidad, por el síntoma, pero no por lo que te ha llevado a ella», señalan ellos, que en su proceso de reconstrucción cerraron la empresa digital que tenían y se mudaron a la montaña.

LO PUBLICARON EN REDES

Sin duda, el paso de hacerlo público es para valientes. Primero crearon un perfil de Instagram sin mostrar sus rostros, pero en el que contaban qué hacer ante una infidelidad. Pero el pasado mes de septiembre, dijeron: «¿Por qué no contamos nuestra historia dando la cara?». Y lo hicieron. «Ese Instagram explotó. No podíamos contestar a tantísimos mensajes, comentarios y mails de personas que nos preguntaban o contaban su historia», aseguran. Hoy viven de ello con su @centrodeamorconsciente, donde ayudan a infinidad de parejas que han pasado por lo mismo, con la asistencia de profesionales.

Sus familias se enteraron al mismo tiempo que el resto del mundo. «Y nos sorprendieron, porque nos dijeron: ‘Hemos visto vuestros vídeos, qué bien que estéis ayudando a tanta gente’. Aunque mi madre, en una comida, sí que dijo: ‘Yo quiero saber una cosa, ¿quién fue el infiel?’. ¡Y no se lo dijimos!, ja, ja», recuerda Dica, que dice que la idea de enamorarse dos veces de la misma persona es errónea, porque con el paso de los años, sencillamente, ya no lo es. Hay que empezar por reinventarse y aceptar los cambios de uno mismo. «Yo me volví a enamorar. Ahora veo esa infidelidad como una bendición», explica ella, que tiene la esperanza de que mucha gente, «muchos Dica y Mauro del pasado, vean esto en YES y digan: ‘¡Ok, yes, podemos con ello!».

Ambos se visualizan como la metáfora del árbol base, que recoge el libro Indomable. «Una persona que se pierde en el bosque puede salir todos los días a buscar comida y ayuda, pero tiene que tener un campamento base al que regresar cada noche. Y esa es nuestra nueva relación, el árbol base. Para que en el futuro, cuando nos estemos escapando en otras cosas o aparezca otra persona, sepamos que hay que regresar a él». Seguro que lo harán.