La solución: un Estado en Palestina

Raja Khalidi FOREIGN AFFAIRS

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Pedreda

La Autoridad presidida por Mahmud Abás debe echarse a un lado para lograr ese objetivo, y permitir reconstruir Gaza y convocar elecciones

29 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde las primeras semanas de la guerra en Gaza, Washington ha dedicado una excesiva atención a la idea de que reformar la Autoridad Nacional Palestina (ANP) es una parte esencial para que gobierne en la Franja. EE.UU., así como sus aliados árabes y europeos, no quieren ni que Hamás ni que Israel estén al cargo de gestionar ese territorio una vez termine la guerra. Los pactos de paz de Oslo de los años 90, destinados a poner fin al conflicto israelo-palestino con la solución de los dos Estados, establecieron que el candidato para ese puesto era una Autoridad Palestina establecida por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

La ANP continúa gobernando en parte de la Cisjordania ocupada, después de haberse retirado de Gaza en el 2006 tras la división política. El pasado 14 de marzo, su presidente, Mahmud Abás, nombró a un tecnócrata como primer ministro para formar un nuevo Gobierno con la intención de reunificar las dos regiones política, administrativa y económicamente, con el objetivo final de reconstruir la Franja de Gaza. Pero la relevancia hoy en día de la Autoridad Nacional Palestina como vehículo para un cambio tan profundo es dudosa.

La fe en renovar la Autoridad Palestina roza lo delirante. Esta se ha vuelto cada vez más ineficaz desde que todo lo que el proceso de paz colapsara hace una década. La mayoría de los palestinos desconfían de su Gobierno, y tanto sus enemigos como sus aliados la consideran corrupto. Su presidente, de 88 años, se ha vuelto autocrático y el apoyo que tiene de los palestinos es más bajo que nunca, según las últimas encuestas. Sin una asamblea legislativa, Abás ha gobernado por decreto durante quince años. Mucho antes de la guerra, ya hacía frente a una presión cada vez mayor de los palestinos, los países árabes y la Administración Biden para que renunciase a algunos de sus poderes.

Quienes afirman que la Autoridad Palestina debe reformarse para que se le pueda confiar el gobierno de Gaza no entienden la situación. Con Abás, que fue elegido en el 2005 para un mandato que nunca renovó legítimamente, los sucesivos primeros ministros han intentado todas las reformas posibles, con muy pocos resultados. El problema no es simplemente una cuestión de ejecución o de personal. La Autoridad Palestina ha superado ya su vida útil. Sus días están contados desde hace tiempo debido a su falta de legitimidad y su debilidad inherente: es un Gobierno sin un Estado soberano. En su caso, una gran responsabilidad implica poco poder. Estaba destinado a no ser un vehículo provisional hacia la autodeterminación como se había planeado, sino un guardián de un status quo insostenible. Se convirtió en una herramienta no de liberación, sino de subordinación.

En lugar de incitar a suposiciones poco realistas sobre la conveniencia de la ANP como una autoridad gobernante, el pueblo palestino debería aprovechar este momento de solidaridad para crear aquello con lo que se habían comprometido y que le ha sido negado durante décadas. Hoy en día, pueden unirse adoptando unilateral y colectivamente el «Estado de Palestina» como una manifestación política de su identidad y su destino. Durante décadas, los palestinos han sido representados por organizaciones de liberación, pero hoy, un Estado es la única entidad que puede servir como hogar para los más de 14 millones de palestinos en todo el mundo.

El Estado de Palestina ya está afianzándose en la imaginación de los palestinos y en su propia legalidad. La OLP declaró su establecimiento como un objetivo en el año 1988 y aseguró su membresía en la ONU como observador en el 2012. Pero esta ha seguido gobernando bajo la rúbrica de la Autoridad Palestina en Cisjordania, y Hamás en Gaza, mientras que tanto Israel como Estados Unidos han interferido en el camino de un Estado palestino. Esta fue claramente la receta para el desastre, y que contribuyó sin lugar a dudas a los ataques de Hamás el 7 de octubre.

La ANP fue creada como un organismo provisional para alcanzar un Estado palestino. Es hora de reconocer que ha cumplido su propósito. Deshacerse de las viejas instituciones para construir otras nuevas bajo el Estado de Palestina podría unir al pueblo y restaurar la legitimidad y la rendición de cuentas de su política. La OLP ya no puede representar a los más de 14 millones de palestinos. Tampoco pueden Hamás ni facciones de la resistencia asumir el gobierno. El pueblo palestino necesita desesperadamente un gobierno eficiente y honesto.

La única entidad política legítima palestina que no está contaminada por el fracaso es el Estado de Palestina. Está esperando para asumir su lugar entre las naciones del mundo. Es el momento oportuno para que los líderes políticos palestinos, incluidos los de Al Fatah y la OLP, así como los de las facciones de resistencia, se deshagan de la Autoridad Palestina. Deberían apoyar un nuevo Gobierno provisional del Estado de Palestina que represente a todo el pueblo y gobernar a los palestinos bajo ocupación hoy y dentro de un Estado libre mañana.

Proceso de transición

El proceso no puede ser revolucionario, sino transformador, parecido a la manera en la que la OLP traspasó sus poderes a la ANP después de Oslo. Los palestinos necesitan una transición de poder tranquila. Esta vez, el proceso de formación del Estado agruparía a las facciones políticas palestinas, así como a la ANP y sus instituciones, dentro del marco más amplio y no partidista. Debe comenzar dentro de la OLP, que tiene estatus de representación legal y diplomática para permitir al Estado desempeñar sus funciones. Abás, que es el presidente titular de la ANP y la OLP, debería declarar el inicio de un proceso de creación del Estado con plazos fijos, a través de una serie de medidas que establecería sus instituciones, comenzando con un Ejecutivo provisional que pueda gobernar en territorio ocupado, reconstruir Gaza con apoyo internacional y preparar unas elecciones nacionales.

La nacionalidad de los refugiados, un símbolo de identidad

Al principio, los ciudadanos residentes del Estado deberían ser esos cinco millones de palestinos que ahora tienen documentos de identidad y pasaportes de la Autoridad Palestina, pero debería conceder la nacionalidad sin derecho a residencia a los refugiados palestinos en todo el mundo, como una afirmación de identidad. Los palestinos podrían comenzar a ser contados como ciudadanos individuales de un Estado que los vincula a su patria, no como un colectivo de comunidades y facciones de la diáspora.

Un Gobierno establecido como parte del nuevo Estado de Palestina podría parecer ofrecer pocos beneficios materiales frente a la configuración actual de la política palestina. Es poco probable que sea reconocido por Estados Unidos o Israel. Permanecería bajo la ocupación israelí y no daría ningún beneficio diplomático sobre el sistema actual. Pero un nuevo Gobierno ofrecería a los palestinos una oportunidad para construir nuevas y mejores estructuras y restablecer la confianza en su liderazgo y el respeto del mundo. El Estado incluiría a todas las facciones y serviría como un foro donde puedan encontrar puntos en común y resolver diferencias. Es hora de que el Estado de Palestina sea algo más que tinta en un papel.

Raja Khalidi economista palestino. © 2024 Foreign Affairs. Distribuido por Tribune Content Agency. Traducido por S. P.