El candidato de ERC es el artífice del giro de su partido hacia un referendo pactado para llegar a la independencia
12 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.Pere Aragonès (Pineda, 1982) creció a la sombra de Junqueras en la Consejería de Economía, desde donde vivió el 1-O sin contaminarse y colaboró en la aplicación del 155. A los 16 años entró en las juventudes de ERC y a los 24, ya licenciado en Derecho, era diputado. Ese ADN político, con mutaciones, le viene de familia. Su abuelo fue un alcalde franquista que se enriqueció con la hostelería y el textil. Su padre fue concejal de CiU, y él salió independentista, de izquierdas y republicano.
Con 38 años, en el 2021 fue elegido presidente de la Generalitat por ERC, Junts —a regañadientes y sin el aval de Puigdemont— y la CUP. Pero su Gobierno siempre fue débil. De ello se encargó Junts. Primero al desgastarlo durante los tres meses de la negociación de la investidura, después desde la Generalitat y, finalmente, en octubre del 2022 rompiendo la coalición de gobierno, porque nunca digirieron bien el sorpasso de ERC. Aragonès presume de haber arrancado al Gobierno los indultos para los condenados por el procés. Pero fue un éxito efímero. La amnistía conquistada gracias a Junts los supera. Y poco más. Ni transferencias materializadas que vender, ni mejoría en la educación ni en la economía. Aunque ERC no gana unas autonómicas desde 1980 y para hoy los sondeos auguran otro tanto, el reto es revalidar en la Generalitat. La división en el partido y con Junqueras lo hacen difícil. Si gana el PSC, podría a todo más entrar en el Gobierno. El tecnócrata Aragonès, que no supo ver ni gestionar la sequía que sufre Cataluña, prefiere la cocina y la política más que el deporte de fuerza al que le arrastra Junts, al que aspira a superar y con el que a día de hoy parece imposible recuperar la alianza independentista. Entre otras cosas, porque el nieto del alcalde franquista, que imita con humor y destreza a otros políticos, es el artífice del giro de ERC hacia un referendo pactado para llegar a la independencia. Su apuesta por el diálogo sirvió para calmar ánimos, levantar ampollas en ERC y cederle el discurso más grueso a Junts.