Se busca colegio para 40.000 niños afectados por la dana: «El patio tenía 30 centímetros de barro»

Carlos Peralta
Carlos Peralta LA VOZ EN VALENCIA

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Varios voluntarios trabajan para limpiar el barro de la cancha de baloncesto del colegio de Horno Alcedo.
Varios voluntarios trabajan para limpiar el barro de la cancha de baloncesto del colegio de Horno Alcedo. Carlos Peralta

El colegio de Castellar-Oliveral es el primero de los damnificados en abrir sus puertas y está preparado para acoger a 150 alumnos. A solo 750 metros está el de Horno Alcedo, que en solo tres días ha remontado bastante su situación gracias al esfuerzo del vecindario

07 nov 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Castellar-Oliveral y Horno de Alcedo son dos de las tres pedanías de Valencia capital afectadas por la dana. Sus colegios están a unos 750 metros, quince minutos a pie en un camino de huertas, casas de vecinos y un paso subterráneo que, hasta ayer, era intransitable por el fango. Da fe de ello Evelin Vargas, cocinera del centro educativo de Castellar. Siempre viene de Valencia con su patinete eléctrico. Las autoridades no la dejaron pasar por un camino alternativo por lo que no le quedó más remedio que enfangarse hasta las rodillas para llegar a su puesto de trabajo. «No íbamos a dejar a los niños sin comer», afirma desde un banco junto a la entrada del colegio. En pocos minutos empieza su jornada y llegó con tiempo de sobra tras dar un considerable rodeo.

Ahora, este paso ya está despejado. Hay todavía una capa de barro, pero es transitable con el calzado adecuado. Al pasar al lado de Castellar, lo primero que se veía este miércoles es una calabaza de Halloween que sonríe con media cara. La otra no se ve bien porque está llena de fango.

Las carreteras de acceso están colapsadas, lo que hace que un trayecto de 15 minutos se prolongue mucho más. «¡Tres horas, tres horas!», le dice una profesora a la jefa de estudios, Carolina Marí, nada más acceder, exhausta, al colegio. «Hay profesores afectados que están limpiando sus casas. La gente intenta acceder andando a la pedanía», asegura Marí. Su escuela es ahora un centro de acogida. Cuenta con más de 300 alumnos y, de momento, ha dado la bienvenida a 30 más de pueblos seriamente afectados por las riadas. Necesitan muchísima organización para superar mil escollos: el profesor de música da clases a un curso de Primaria y la biblioteca será una aula más provisionalmente.

El colegio acoge a alumnos de Masanasa, Sedaví y, cómo no, del centro más próximo: el de Horno de Alcedo. Aquí, el panorama ha cambiado mucho en solo tres días. El lunes, seis días después del terror de la dana, los profesores contaron con los permisos para entrar a su colegio: «No podíamos ni abrir las puertas. Estaba todo tirado y el patio tenía 30 centímetros de barro», cuenta la directora, Vanessa Zapata, abrumada por la respuesta de la pedanía. «¿Si no lo hacíamos nosotros, quién lo iba a hacer? Esto es importante para los niños, que tengan lo que tuvimos nosotros», asegura Eliot Rodríguez, un exalumno que, junto a una legión de padres, vecinos y otros antiguos estudiantes, está recuperando el color del centro educativo. «Gracias a ellos ahora se ve el suelo», añade, agradecida, Vanessa.

Da igual donde mires. En el pasillo hay una persona limpiando los azulejos y en la cancha de baloncesto cinco voluntarios barren el barro. Los baños y lo que se salvó de la sala de informática lucen ya impolutos.

A Clara Carrascosa, profesora en Horno de Alcedo, se le pone la piel de gallina al recordar el esfuerzo de toda la pedanía, pero no deja de pensar en sus compañeros: «Algunos lo han perdido absolutamente todo. Están viviendo situaciones muy dramáticas».

El trajín de escobas y palas en Horno de Alcedo contrasta con el griterío de los niños al otro lado de la V-31, coloquialmente conocida como la Pista de Silla y muy atascada estos días. El colegio de Castellar fue la primera escuela pública de Infantil y Primaria, de los 22 municipios y las tres pedanías de Valencia capital afectados, en reabrir sus puertas. Contaban con el indispensable visto bueno de la Consejería de Educación y de los bomberos.

Hay trabajo por hacer y lo cierto es que corre prisa. Así lo aseguran al menos desde el Ayuntamiento de Valencia: los centros educativos son prioritarios. Según la oenegé Save the Children, cerca de 40.000 menores de entre 6 y 16 años no han podido asistir a clase esta semana.

Si la conciliación es siempre un asunto complejo, lo es infinitamente más para las miles y miles de personas que tienen sus casas anegadas de fango. Para ellos, la solución del traslado provisional de sus hijos a otro centro supone horas esenciales para rehabilitar sus hogares o ayudar a familiares y amigos. Los tres hijos de Paco Pedregoza, vecino de Castellar, van a clase a un colegio concertado de Castellar que todavía no está disponible. «Que esté abierto el colegio es un alivio porque los niños se distraen. En las casas hay mucha faena y poder llevarlos allí nos descarga mucho», afirma, con su hija más pequeña a hombros. Ayer no los llevó, pero le da cierta tranquilidad disponer de esta opción.

Raquel Martínez pasó poco antes que Paco por la misma calle para dejar a sus hijos, Adrián y Nerea, en la escuela. Y lo hizo con una tímida sonrisa: «Tenían muchas ganas de volver y ver a sus amiguitos. A nosotros nos ha venido bien que vuelvan para poder limpiar mejor».

Los centros de Castellar y Horno de Alcedo barajan la posibilidad de que el primero reciba a todos los estudiantes por un tiempo. «Tenemos capacidad para acoger a ciento y pico alumnos. Pueden caber perfectamente, ya hemos hecho cálculos», reconoce Marí, que deja claro que estas estimaciones respetan el promedio máximo, fijado en 30 alumnos por aula.