La primera mujer en ocupar el cargo de jefa de Gabinete es callada, discreta y tiene un poder: él la escucha
26 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Si un hombre excesivo, vociferante, egocéntrico y extremo como Donald Trump tuviese que designar a su opuesto, esa sería Susie Wiles. Ella tiene la voz suave, no dice palabrotas, se define como moderada e íntegra y habla poco, sobre todo de sí misma. La eligió, en cambio, para lo que esta veterana republicana de 67 años mejor sabe hacer: «crear orden a partir del caos», y lo ha hecho tan bien dirigiendo su campaña electoral que le ha dado a Trump su segundo mandato. El premio ha sido hacerla su jefa de gabinete en la Casa Blanca, lo que la convierte en la primera mujer en la historia de EE.UU. en ocupar este cargo crucial, que da acceso al presidente e impulsa su agenda. ¿Su secreto? Él la escucha.
Nadie del entorno de Wiles puede explicar muy bien cuál es el éxito de la fórmula, cómo esta veterana asesora e ideóloga política, que lleva más de 40 años trabajando para cargos del Partido Republicano, puede hacer buen equipo con el magnate, pero para los republicanos para los que habitualmente ha trabajado —aquellos que nunca han votado ni votarían a Trump— ella es una especie de seguro al lado del magnate.
«Si este tipo gana, y ciertamente espero que no lo haga, pero si ganara otra vez, espero con todas mis fuerzas que ella desempeñe un papel importante», decía uno de sus amigos a Politico en un amplio perfil publicado el abril del 2024, donde presentaban a Wiles como el agente político más temido y menos conocido de Estados Unidos. En el mismo texto, otra fuente aventuraba su propia explicación sobre la buena mano de esta mujer con el presidente: «La principal cualificación de Susie para manejar a Donald Trump es su formación en el manejo de su padre. Es una experta en hombres inestables, disfuncionales y famosos. Sabe cuándo puede ayudar y cuándo no intentar ayudar, y por eso están agradecidos».
Susan Summerall Wiles nació en 1957 en Nueva Jersey. Es la mayor de tres hermanos y su padre, Pat Summerall, era un famoso jugador de fútbol americano y después comentarista deportivo cuyos problemas con la bebida lo convirtieron en una figura ausente en el hogar. En mitad de la tempestad del alcoholismo estaba su madre, Katharine Jacobs, que, según Wiles, se levantaba optimista todos los días. Ahí se curtió antes de llegar a la vida adulta.
Wiles, que ha pasado la mayor parte de su vida en Florida —su casa está en Ponte Vedra Beach, en el área metropolitana de Jacksonville— inició su carrera en la campaña presidencial de Ronald Reagan para los comicios de 1980 y se casó con uno de los asesores del presidente, Lanny Wiles, con el que tuvo dos hijas. La pareja se divorció en el 2017, una ruptura que la hizo sentirse traicionada. Fue la primera traición en aquella etapa.
La segunda la sufrió a manos de Ron DeSantis, el político al que ayudó a convertirse en gobernador de Florida en el 2018 y que luego la marginó y la despidió. La traición personal y política la zarandeó. «Fue muy traumático para mí. Temía por todo, desde mi reputación hasta mi sustento, mi capacidad de ganarme la vida», confesó a Politico.
Necesitaba trabajar y, en el 2020, le llegó de nuevo la oportunidad. Se llamaba Donald Trump. Wiles y el magnate se habían conocido en el 2015 en Nueva York, en una reunión en la Torre Trump de la que la asesora salió impresionada. Participó en la campaña electoral que lo convirtió en presidente en el 2016 y volvió a ficharla en el 2020 para conquistar Florida, el único estado clave que Trump ganó.
Tras la derrota frente a Biden y el asalto al Capitolio, además de ofrecerle de nuevo trabajo, el magnate le dio la oportunidad de cobrarse un trofeo: la cabeza de Ron DeSantis. Wiles tuvo que convertir en orden el caos que en el 2021 era Trump, enredado en una batalla judicial en distintos frentes y que encontró en el gobernador de Florida a su principal oponente para las primarias republicanas. Y ahí estaba ella.
Con esa influencia y ese poder en la sombra acumulados durante años —«es como la niebla: sabes que está, pero no puedes tocarla», en palabras de uno de sus colaboradores—, el equipo encabezado por Wiles consiguió convertir a DeSantis en una caricatura. Tras cinco meses sin tuitear, la discreta asesora publicó un día dos palabras: «Bye, bye». DeSantis estaba ya en retirada.
Esa fuerza invisible que tan bien se mueve en la sombra deberá a partir de ahora dar un paso al frente para ejercer un cargo que tradicionalmente se considera el segundo puesto más importante de Washington y en el que tendrá que coordinar a las diferentes agencias, organizar el trabajo diario y mantener bien informado a su jefe. Lo dijo Trump cuando la fichó: «Ahora Susie está al cargo».