Cruzar la «raia» ya no es sinónimo de ahorro, sino de mayor coste de vida

María Salgado
María Salgado REDACCIÓN / LA VOZ

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Protesta ciudadana en Lisboa por el precio de la vivienda, que subió el 13,3 % en el 2024.
Protesta ciudadana en Lisboa por el precio de la vivienda, que subió el 13,3 % en el 2024. Laia Mataix Gómez

La inflación, los salarios bajos y la mayor burbuja inmobiliaria de Europa lastran a las familias lusas, asfixiadas por los precios

15 may 2025 . Actualizado a las 14:04 h.

«Los hombres y mujeres de la raia fueron llamados arraianos y lo siguen siendo», escribió el literato ourensano Xosé Luis Méndez Ferrín. Cruzar la frontera de Galicia a Portugal un lustro después de la pandemia ya no es sinónimo de ahorro, sino de un coste de vida mayor que sufren las familias lusas. Al sur del río Miño y de la serra do Xurés, la inflación interanual se aceleró al 2,1 % en abril, los sueldos son más bajos —una cuarta parte de los trabajadores cobran el salario mínimo: 870 euros brutos en catorce pagas— y el precio de la vivienda subió el 133 % desde el 2014, el triple que en España, así que el país vecino padece y protagoniza hoy la mayor súper burbuja inmobiliaria de toda Europa.

Si ya es inasequible que los gallegos, con un sueldo medio de 23.252 euros brutos anuales en el 2023, según el Instituto Galego de Estadística (IGE), afronten el alquiler medio de una vivienda, de 750 euros mensuales, según el portal Idealista, y la compra de un inmueble por 1.423 euros el metro cuadrado, señalan las mismas fuentes, la situación de los lusos es todavía más precaria. En Portugal, el salario medio ese mismo año era de 22.933 euros brutos, según Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, y por tanto insuficiente para costear los precios desorbitados de pisos y casas. El alquiler medio se sitúa ya en 1.300 euros, según el barómetro de Imovirtual, una sobrevaloración que se debe a varios factores: la gran demanda de residentes extranjeros y turistas, la escasa oferta de inmuebles, el aumento de los costes de construcción, la falta de mano de obra y la inexistencia de vivienda social. Este precio se eleva hasta los 1.750 euros de media que cuesta arrendar una vivienda en la capital del país. En Lisboa, los precios de venta superan incluso los de Madrid y Barcelona, con más de 6.000 euros por metro cuadrado en las parroquias de Santo António y Marvila, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) luso, mientras la media nacional se sitúa en 2.817 euros por metro cuadrado, calcula Idealista.

Portugueses que repostan en las gasolineras de Tui

Si antes bajábamos a comprar toallas y cerámica a Portugal, ahora los lusos suben a Galicia a llenar sus depósitos de combustible. El litro de gasolina súper 95 y el de diésel cuesta entre 20 y 35 céntimos menos en las gasolineras al norte del Miño. El 13 de mayo en Tui (Pontevedra), la primera valía 1,379 euros y el segundo, 1,279, según fuentes de dieselogasolina.com. En cambio, el precio medio en el país vecino era de 1,667 y 1,513, respectivamente, según datosmacro.com.

El encarecimiento de los combustibles en la república afecta también al precio del transporte público. Un abono luso sobrepasa los 42 euros y uno gallego no llega a los 30, según datos de Preciosmundi. También los paquetes de internet y teléfono (37,37 euros) superan a los de la comunidad autónoma (30,71), apunta este comparador online.

Aunque el gasto en agua, gas y electricidad era sensiblemente más económico en el país vecino (114,72 euros) que al norte del Miño (133,75), las consecuencias del apagón ibérico del pasado 28 de abril cuadriplicaron los precios de la luz del mercado mayorista luso hasta los 47,92 euros el megavatio/hora, aunque solo afecta a empresas y consumidores sin contratos a largo plazo, según constata el operador Omie.

Ropa, calzado, huevos y aceite

Mientras leche, manzanas y tomates se adquieren por importes similares a ambos lados de la raia, y ternera, pollo, bananas y naranjas siguen siendo más baratos en Portugal, ya hay alimentos que superan los precios gallegos, como el aceite de oliva virgen extra, los huevos y las cebollas, junto a la ropa y el calzado. Una precariedad que muchos de los 10,8 millones de electores introducirán en las urnas de las legislativas del próximo domingo.