Paloma Castro, politóloga y especialista en partidos de extrema derecha: «Se está produciendo una normalización de sus ideas»

Carlos Peralta
C. Peralta REDACCIÓN / LA VOZ

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Paloma Castro, profesora de Ciencia Política y Administración en la Universidade de Santiago de Compostela.
Paloma Castro, profesora de Ciencia Política y Administración en la Universidade de Santiago de Compostela. DAVID SESTO

Profesora de Ciencia Política en la USC,  advierte que la adopción de mensajes y políticas ultra por parte de la derecha tradicional ha servido para desestigmatizar a las formaciones radicales

25 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Paloma Castro (Combarro, Poio, 1992) es profesora de Ciencia Política y Administración en la Universidade de Santiago. Muchas de sus investigaciones han estado centradas en la retórica, la semántica y el comportamiento de los partidos de extrema derecha.

—¿Qué nos muestran sobre el auge de la extrema derecha los recientes comicios en Portugal, Rumanía y Polonia? Son tres diagnósticos diferentes, claro está. En el caso de los dos últimos se cumple una tendencia: la ultraderecha llega a una segunda vuelta y obliga a otros electorados a movilizarse.

Este auge enmarca en lo que se ha venido a llamar la cuarta ola de la extrema derecha, que se iniciaría con el comienzo de siglo, dado que, en estos años, la extrema derecha ha logrado representación en países donde su presencia era residual, como España y Portugal, y, además se está produciendo una normalización de sus ideas. Esta expansión se ha atribuido a una serie de sucesos cuyo alcance o repercusión ha sido global, como los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, la gran recesión del 2008 y sus consecuencias, la llamada crisis de refugiados del 2015 o el brexit. Sin embargo, cada país también responde a las particularidades propias de su sistema. En el caso de Portugal, en los resultados de las elecciones, sin duda, ha influido el propio contexto en el que han sido convocadas. Los ciudadanos en contextos de crisis, no solo económica, sino también política e institucional, pueden retar o castigar a la clase política tradicional y votar, en su lugar, a fuerzas políticas que representan una alternativa a la respuesta del establishment a estas crisis. En Polonia, la lógica es distinta, ya que la extrema derecha y, en concreto, el PiS ha gobernado en anteriores ocasiones y su éxito probablemente responda a la propia historia del país, lo que justificaría que un discurso de corte nacionalista tenga un gran calado, y a la importancia del catolicismo en el país.

—En Portugal, Chega rompió nuevamente su techo con el 22,56 % de los votos y 58 diputados. Su crecimiento es progresivo desde que en el 2019 accedieron al Parlamento con un único parlamentario. ¿Cómo explica este crecimiento?

—Más allá de la posible influencia del éxito de la extrema derecha en Europa y la consecuente normalización de sus ideas, posiblemente el aumento del apoyo a Chega se deba a la desafección de los ciudadanos con la clase política tradicional. Si los ciudadanos perciben que los políticos que deben dar respuesta a las demandas sociales, como las relacionadas con el sistema sanitario portugués, y desempeñar su labor de gobierno, no satisfacen sus expectativas, en consecuencia, sentirán desconfianza y descontentos hacia la clase política, y, por ende, no se sentirán representados. Esta desafección genera una ventana de oportunidad a la extrema derecha, que canalizaría todo ese malestar, decepción y enfado hacia el establishment, presentándose como la alternativa de gobierno con capacidad para presionarlo, pero también como la salvadora de la situación.

—El de Chega es un caso similar al de la alemana AfD, que dobló su porcentaje de voto desde el 2017 y hoy son líderes de la oposición. La CDU les ha aplicado tradicionalmente un cordón sanitario. ¿Beneficia a este tipo de partidos un discurso victimista, que puede venderse como antisistema por el hecho de estar aislados?

—Lo que parece beneficiar a la extrema derecha es justamente lo contrario. Los partidos políticos, habitualmente los partidos de derecha conservadores podrían contribuir a la normalización de la extrema derecha cuando copian sus estrategias. Es decir, cuando el partido de la derecha tradicional, con la intención de reducir sus pérdidas o de beneficiarse electoralmente, comienza a tratar los mismos temas con una retórica similar a la de la extrema derecha, contribuyen a su legitimación. Cuando la derecha tradicional trata estos temas de forma similar a la extrema derecha, realmente la esta desestigmatizando, y esto podría facilitar que los electores opten por votarlos.

—Chega y AfD son partidos ultra, pero están familiarizados en grupos parlamentarios distintos en la Eurocámara. ¿Cómo explicaría las diferencias entre Conservadores y Reformistas, Patriotas por Europa y Europa de las Naciones Soberanas?

—Aunque estas formaciones difieren en su estrategia y estilo político, se tratan todas ellas de agrupaciones euroescépticas, un posicionamiento ante la Unión Europea que suele ser común a todos los partidos de extrema derecha. Particularmente desde la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992 la extrema derecha comienza a ver la Unión Europea como una amenaza a la soberanía de las naciones, adoptando una posición euroescéptica. Es decir, la mayoría de los partidos de extrema derecha creen en los principales básicos de integración, pero son escépticos con el rumbo actual de la Unión Europea, pues consideran que ha asumido demasiadas competencias y que es necesaria su devolución. Además, las críticas a la Unión Europea se han intensificado tras la crisis de refugiados del 2015, debido a las políticas pro-refugiados y al plan de redistribución de estos entre los países miembros de la Unión Europea de la entonces canciller alemana Angela Merkel. Más que tratarse de una posición distinta ante la Unión Europea, su diferencia es de grado.

—¿Cómo están influyendo, sobre todo los Conservadores y Reformistas de la italiana Giorgia Meloni, en la política comunitaria?

—Aunque antes de asumir la presidencia de Italia, Meloni mantenía una posición muy dura, incluso, rupturista con la Unión Europea, desde su llegada al poder en el 2022 Meloni ha optado por una estrategia más pragmática que rupturista, y eso a pesar de que el grupo que preside, Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), ha ganado fuerza en el Parlamento Europeo, gracias al apoyo de Vox, hoy en Patriotas por Europa; Ley y Justicia (PiS) de Polonia o Demócratas de Suecia. Al rebajar las pretensiones de la salida de la UE o del euro a exigir más soberanía nacional, el ECR ha sido visto como el potencial socio de la derecha moderada, como el Partido Popular Europeo, lo que, de nuevo, contribuye a la normalización y a la acogida de sus ideas o propuestas, como el endurecimiento de la política migratoria, la defensa de la soberanía energética nacional, fomentando el gas y las nucleares en lugar de las renovables; o el desarrollo de la agenda woke y el modelo de familia tradicional frente a otros modelos de familia y de estilos de vida.

—¿Qué se tienen que hacer mirar los partidos tradicionales, de izquierda y derecha, ante el aumento de votos de partidos de extrema derecha? ¿La desafección política es uno de los motivos?

—La desafección política es una de las causas del auge de la extrema derecha, es decir, cuando los ciudadanos no se sienten representados por la clase política tradicional porque los perciben como ineficientes, corruptos, etc., aumentaría el voto a la extrema derecha como forma de castigo o de protesta. Pero no es la única explicación. Otra posible causa es el cambio de valores que se ha producido en las sociedades contemporáneas. A partir de los años setenta y ochenta, los valores materialistas, que se encuentran relacionados con la supervivencia y con la economía, han ido perdiendo peso en las sociedades contemporáneas porque el Estado de bienestar ha ido cubriendo las necesidades básicas y, en términos generales, comienza una época de cierta bonanza económica. Cuando las personas no se tienen que preocupar por su seguridad, porque no hay amenazas de guerra, y tienen sus necesidades básicas cubiertas, como la atención sanitaria, comienzan a preocuparse por los valores postmaterialistas, es decir, con aquellos que guardan relación con los estilos de vida, la emancipación o la autoexpresión, como los valores que defienden movimientos como el feminismo o el ecologismo. Sin embargo, hay personas que reaccionan negativamente a este cambio de valores porque estos no les interesan o porque directamente se oponen a ellos. La extrema derecha daría respuesta a esta pare del electorado, como podemos ver hoy en día cuando Trump o Milei critican la ideología woke, presentándose como los defensores de los valores tradicionales y mostrándose hostiles hacia forma de liberalización sexual, como la homosexualidad. Sin olvidar la inmigración, el gran tema con el que se ha relacionado el auge de la extrema derecha en Europa occidental. En este sentido, la inmigración ha sido relacionada con otros temas, como la economía, el mantenimiento del Estado de bienestar, la seguridad ciudadana o la pérdida de la cultura nacional. Además, no sería necesario que se produjese un aumento de las ratios de población inmigrante, ya que se trata de un tema perceptivo, es decir, puede haber una percepción de que las ratios de inmigración se han incrementado debido, por ejemplo, al bombardeo de noticias sobre esta temática en los medios de comunicación o a los discursos que pronuncia una parte de la clase política, aunque realmente no lo hayan hecho.

—¿Cuáles son las principales causas del éxito electoral de Marine Le Pen en Francia?

—El éxito de Le Pen se ha relacionado con el colapso de los partidos tradicionales franceses y la reconfiguración del sistema de partidos, así como a su posicionamiento frente a la inmigración, defendiendo la idea de que las oportunidades de empleo, la vivienda o los servicios públicos debería estar limitadas a los franceses, así como el endurecimiento de la acción policial frente al terrorismo islámico y el crimen urbano. En el fondo, se trata de generar apoyos fruto del miedo, la ansiedad y el enfado que sentirían los ciudadanos ante la amenaza de la pérdida de su trabajo, de la reducción de su poder adquisitivo, de las consecuencias de la globalización o la amenaza cultural.