La hermana del acusado de matar a Cristina Cabo en Lugo: «Cuando supe que había sido él, le dije a mi marido que teníamos que ir a la policía»
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José Valencia llegó este lunes a la Audiencia Provincial en medio de insultos y gritos. Se enfrenta a 30 años de prisión. Su abogada sostiene que «la justicia no es venganza» y pide una pena menor. La letrada de la familia lo define como «un psicópata» y «la maldad personificada»
26 may 2025 . Actualizado a las 19:59 h.La Audiencia Provincial de Lugo acoge desde este lunes la primera de las tres vistas del juicio del crimen ocurrido en la ciudad en noviembre del 2022, en el que una vecina de la rúa Quiroga, Cristina Cabo Buján, fue apuñalada en 47 ocasiones por José Uriel Valencia, a quien había conocido esa noche de fiesta.
El autor confeso del crimen llegó este lunes a la Audiencia Provincial poco antes de las doce de la mañana. La primera fase del procedimiento se había completado un par de horas antes con la constitución del jurado popular, una tarea nada fácil para los miembros del tribunal, ya que varios ciudadanos renunciaron a cumplir esta función alegando distintos motivos. «Como sigamos así, quedamos cuatro gatos», se podía escuchar desde fuera de la sala a una de las juezas, que lamentaba que se fuese reduciendo el número de miembros del jurado poco a poco.
José Valencia no participó en este proceso, que se celebra a puerta cerrada, y en el que solo están presentes los abogados de ambas partes, la fiscal y los miembros del tribunal de la Audiencia. Tras unos minutos, los asientos del jurado fueron asignados y se pudo pasar a la siguiente fase, la vista oral.
Para ello hubo que esperar, eso sí, a la llegada del acusado. Lo hizo en medio de una gran expectación. Su entrada en la Audiencia fue rápida y estuvo repleta de insultos y reproches, entre gritos de «asesino», por parte de los familiares y amigos de Cristina que lo esperaban.
Decenas de personas se citaron este lunes frente a la Audiencia para mostrar su repulsa al crimen y su apoyo a la familia de Cristina. «Non imos escatimar ningún medio para conseguir que se faga a máxima xustiza. Ninguén nola vai devolver. Seguimos case tres anos despois xuntándonos os amigos, chorándoa e falando dela, non podemos esquecernos», dijo Ana Torrón, presidenta de la Plataforma Feminista de Lugo. «Esiximos que se penalice duramente, queremos os 30 anos de cárcere porque é o mínimo que se pode facer, e sacar a este psicópata das rúas para que non lle volva pasar a ningunha muller nunca máis», añadió. Recordó, además, que «era unha muller comprometida coa ecoloxía, xenerosa, que che daba o que non tiña».
Solamente una de las dos abogadas presentes en el juicio quiso hacer declaraciones. Fue Fernanda López, la abogada de la familia de la víctima, que ejerce como acusación particular. «Pedimos una condena por asesinato, porque consideramos que existen dos agravantes, la de alevosía y la de ensañamiento. Además, no tuvo ocasión de defenderse debidamente», explicó. La letrada indica también que «hay otro delito conexo con este, que es el delito de robo con violencia, ya que el acusado teniendo a esta mujer en el suelo, desangrándose, aprovechó para estar en su casa y robarle el ordenador y la bicicleta». «Nuestra petición —añade— es de 25 años por asesinato y de 5 años por robo con violencia». López asegura que la familia de Cristina Cabo le ha transmitido «esperanza en la justicia».
La vista
La primera sesión del juicio arrancó este lunes pasadas las doce del mediodía. La fiscal encargada del caso, Lucía Girón, llevó la voz cantante durante la primera parte del juicio. Como responsable del Ministerio Público, les explicó sus funciones y las de todos los profesionales de las partes implicadas. Les transmitió las diferencias entre su versión (asesinato con alevosía) y la de la defensa (homicidio). La fiscal resumió la clave del juicio al afirmar a los miembros del tribunal que «es un hecho no controvertido que el acusado apuñaló hasta causarle la muerte a Cristina» y que «esa parte no se discute ni por su defensa ni por él mismo».
Relató todas las diligencias hechas por los policías de la comisaría de Lugo durante los días posteriores al crimen y cómo llegaron hasta el acusado, delatado por su hermana. «Después de que se practiquen todas las pruebas, ustedes tendrán que contestar a unas preguntas y decidir si el acusado es culpable o inocente», terminó esta fase del juicio.
«Que Cristina no se pudo defender se demuestra viendo que ella recibió 47 puñaladas y él no tenía ni un rasguño»
«Cristina, que era una persona que no creía que nadie fuese malo, tuvo la mala suerte de cruzarse con la maldad aquella noche». Así arrancó su intervención Fernanda López. La abogada le pidió al tribunal que «recuerden que el acusado puede mentir» y que «no se crean todo lo que dice, porque la única persona que podría corregirlo y decir la verdad era Cristina, pero no va a poder hacerlo». López insistió en varias ocasiones en que «no estamos ante un homicidio», sino «ante un asesinato». Primero, por la alevosía «que ejerció el acusado para matar a la víctima cuando más débil era». «Que Cristina no se pudo defender se demuestra viendo que ella recibió 47 puñaladas y él no tenía ni un rasguño», añadió.
Con respecto al ensañamiento, el segundo agravante que ve la abogada, dijo que «tuvo una muerte lenta y agónica, algo que se demuestra viendo que realizó una llamada a una amiga una hora y media después de la agresión», un hecho que no se había revelado hasta ahora. La Fiscalía y López coinciden en su confianza a demostrar que «no existe ni un trastorno mental ni ninguna disminución por el consumo de drogas y alcohol». Le pidió al tribunal, finalmente, que valoren también «lo que hizo antes y después del crimen».
«José Uriel no salió aquella noche a matar, salió a evadirse de una vida dura»
La última en intervenir antes del comienzo de los interrogatorios fue Pilar Baños, la abogada de José Valencia. Nada más empezar, se pronunció ante el tribunal de jurado contando la hipotética historia de «un niño que ha crecido en medio de la violencia y que no es un asesino a sangre fría, que yo no lo creo, pero que las heridas que a uno le causan en su infancia pueden no cerrarse nunca y aflorar como una explosión en la adultez». Baños dijo que «no se trata de decir qué pasó o qué no pasó», sino que «hay que interpretarlo sin negar lo evidente».
Su postura es la de un homicidio en el que su cliente estaba afectado por las drogas, el alcohol y una pérdida de control transitoria. «José Uriel no salió aquella noche a matar, salió a evadirse de una vida dura», añadió. «La víctima sacó un cuchillo, como reconoce el Ministerio Fiscal, para amenazar a mi cliente. Él se lo arrebató para defenderse y perdió el control. Cuando volvió en sí, ella ya no gritaba», resumió la abogada.
Su tesis de defensa fue durísima y causó un cierto malestar entre los familiares y amigos de Cristina que estaban entre el público. «Demostraremos que el acusado confesó desde el principio y no hubo disimulo ni ocultación. Actuó bajo los efectos del alcohol y las drogas, con su voluntad anulada y sin saber qué pasaba. Y, aun así, no obstruyó la instrucción», sentenció la letrada. «Les pido que escuchen con mente abierta y que valoren las certezas, no las intuiciones u opiniones. La Justicia no es venganza», concluyó.
La esperada declaración de su hermana, su delatora
La primera testigo en comparecer este lunes fue, seguramente, la más esperada. Muchos esperaban con ansias escuchar a la hermana de José Valencia, la que decidió delatarlo ante la policía y que «solucionó» una investigación que se había complicado. La mujer contestó a las preguntas de todas las partes. Fue la primera vez que se vio un atisbo de emoción en el acusado, que se cubrió la cara cuando vio entrar a su hermana a la sala. La testigo reconstruyó los hechos ocurridos aquel fin de semana, desde que vio a José llegar a las ocho de la mañana del domingo a la casa donde ellos vivían. «Me levanté y vi que había dejado un pantalón y unas zapatillas con manchas de sangre en el lavadero. Me dijo que se había caído un señor en un bar esa noche y que él lo había ayudado, por eso tenía sangre. No le pregunté nada más, solo le dije que tirase esa ropa y que bajase la basura. Me quedé muy preocupada porque no sabía nada de él desde la tarde del día anterior, pero no quise saber más», recordó.
Ella ya intuía que su hermano podría haber hecho «algo malo», pero no lo pudo corroborar hasta el propio lunes. «Vimos en las noticias que habían matado a una chica en Lugo. Él ese día me enseñó un ordenador que decía que había comprado en el mercadillo, pero me fijé en que al abrirlo aparecía una foto de una chica y el nombre de 'Cris'. La noche del lunes fui a trabajar y unas compañeras, hablando del tema, me dijeron que la chica muerta era rubia y se llamaba Cristina. Ahí fue cuando supe que había sido él», lamentó. Por eso, el martes, a primera hora de la mañana (cuando salió de su puesto de trabajo), llamó a su marido y le dijo que fueran a comisaría a contarle a la policía lo que había pasado. «Les mostré las fotos de la ropa ensangrentada y les conté lo del ordenador portátil. Yo tenía muchísimo miedo. Ha sido una pesadilla. Mi hermano...», terminó, con la voz entrecortada.
Tanto ella como su marido, el cuñado del acusado, desvelaron un detalle que no había sido revelado hasta el juicio. José Valencia había conseguido un trabajo en León y planeaba marcharse esos mismos días. «El lunes fuimos a comprarle un billete para que se fuera para allá. No quedaban, así que tuvo que esperar al martes, pero ya lo detuvieron esa mañana», declaró su cuñado. Ambos aseguraron que, cuando le compraron el billete, todavía no sabían lo que había hecho. «Si lo supiese, jamás lo habríamos permitido», dijo ella. El cuñado se limitó a corroborar la versión de su pareja, principalmente. Añadió que, a pesar de que había salido una vez de fiesta con Valencia y sabía que sí bebía alcohol, declaró que no consideraba que «tuviese problemas» ni que «perdiese el control» cuando bebía.
Amigos y familia recordaron emocionados a la víctima
Tras la reanudación del juicio, por la tarde, declararon ocho amigas y amigos de Cristina, su hermana y tres policías que participaron en la instrucción. Las primeras coincidieron en una opinión unánime: la víctima era una persona agradable, alegre, pacífica y muy sociable. Esta última parte es especialmente importante, ya que la tesis de la defensa incluye también que le había ofrecido dinero al acusado a cambio de mantener relaciones sexuales con él aquella noche. Todas sus amigas y su hermana creen que esto es «imposible», ya que ella jamás tuvo problemas para relacionarse con hombres y que nunca habría recurrido a la prostitución.
La testigo más emotiva del día fue una amiga de Cristina, que estuvo con ella el día del crimen. Junto con una tercera compañera habían ido al teatro y, luego, a tomar algo. La dejó con otro grupo de madrugada y se fue a casa. «Cris me llamó a las siete de la mañana. No me dio tiempo a cogerle, pero como vi que no volvía a llamar, no le di demasiada importancia. A lo largo del día le mandé varios mensajes y nunca me contestó. Ya de noche, me preocupé un poco, entonces me puse en contacto con su hermana», declaró esta amiga. A partir de ahí, el horror. «Me dijo que iba a acercarse a su casa. Un rato después, recibí aquel audio... horrible», dijo, ya entre lágrimas. Gran parte del público tampoco pudo contenerlas en el que fue el momento más emocionante de la tarde.
Fue la hermana de Cristina, así las cosas, la encargada de dar la mala noticia a sus amigas. Ella, junto a su pareja, descubrió el cadáver. Su declaración fue también especialmente tensa, sobre todo en un momento en el que la presidenta de la sala, María Luisa Sandar, desalojó al público para mostrarle a la hermana de Cris imágenes del cuerpo, con el objetivo de que describiese lo que vio al encontrarlo. Cuando se pudo volver a entrar a la vista, ella retomó su declaración recordando que «yo sabía que Cris era buena persona, pero no hasta el punto que descubrimos después al ver todas las muestras de cariño que nos llegaron». Negó, como todas las amigas de su hermana, que se la imaginase pagando por sexo ni cogiendo un cuchillo de forma agresiva aunque fuese para defenderse, como sostiene el acusado que ocurrió aquella madrugada.
Estas amigas y amigos relataron una historia muy similar. Todos explicaron que, en un momento u otro, coincidieron con Cristina en el centro de Lugo aquella noche. Todos la fueron dejando poco a poco, siempre asegurándose de que se quedase con un grupo conocido. Solamente uno aportó una información diferencial sobre el acusado. «Lo conocí en la puerta del Jagger [un local de Lugo]. Me vino ofreciéndome su bebida e, inmediatamente, me propuso ir a dormir juntos a mi casa. Le dije que no, que mi novio me estaba esperando dentro, pero dijo que no le importaba. Luego, también flirteó con una amiga mía. Era un tipo muy raro. Nos siguió hasta el Furancho, donde coincidimos con Cris. Me dio la sensación de que nos perseguía, que quería algo de nosotros, y que simplemente quería irse a casa con alguien. También nos pidió dinero varias veces», recordó este testigo.
Una policía que le tomó declaración al acusado: «Nos dijo que ella lo echó de la casa y eso a él le sentó mal, así que empezó una discusión. Y luego ella cogió un cuchillo...»
Los últimos en declarar este lunes fueron tres policías que participaron en la instrucción del caso en sus primeros momentos. Dos de ellos fueron quienes recibieron a la hermana y al cuñado de José Valencia cuando fueron a delatarlo a comisaría. La agente estuvo presente en sus declaraciones, mientras que su compañero simplemente los recibió y los derivó al inspector de la UDEV que gestionó sus informes posteriormente. Ella declaró en el juicio que la hermana «nos dijo que había averiguado que su hermano podía haber matado a la chica, porque había atado cabos y había visto su cara en un ordenador que él había llevado a casa. Luego, en el trabajo, dos compañeras le habían dado datos de la víctima y ya tuvo claro que era ella».
Luego, también estuvo presente en la declaración en la que el acusado confesó el delito. «Nos contó que había coincidido con ella y que se habían gustado. Que él le decía que estaba esperando a que le devolviesen dinero y que ella se ofreció a pagarle si mantenían relaciones. Por eso se fueron a su casa. Allí, según dijo, ella se sintió mal porque supuestamente tenía pareja y estaba haciendo eso con él. Entonces como que lo echó de la casa y eso a él le sentó mal, así que empezó una discusión. Y luego ella cogió un cuchillo... Y que no sabe cómo, que se le fue de las manos, que perdió el control, y que ella cayó al suelo. Y que entonces se marchó de la casa. Esa fue su versión», apuntó.
El último testigo del día, otro agente de la Policía Nacional, se limitó a contar cómo fue el operativo de detención realizado aquel martes por la mañana. «Su hermana había declarado que tenía pensado irse de la ciudad así que actuamos lo más rápido posible. Cuando llegamos a la casa ella nos abrió y ya lo vimos en el pasillo. Se necesitó a seis hombres para reducirlo. Me sorprendió muchísimo su fuerza a pesar de su poca envergadura y tamaño. Tardamos un minuto en engrilletarlo, y eso es mucho. Luego, ya en el coche, no paraba de decir que ella se había venido contra él», recordó.
Así terminó la primera sesión de la vista, que se reanudará este martes a las 10.00 horas con la declaración de más policías, peritos y testigos.
Se enfrenta a 30 años de prisión
Valencia se enfrenta a 30 años de prisión. La Fiscalía lo acusa de asesinato con alevosía y robo con fuerza. Su defensa, sin embargo, aboga por una condena de 15 años. Es el principal sospechoso de haber apuñalado a Cristina Cabo en la madrugada del 27 al 28 de noviembre del 2022 tras haberse conocido en la entrada de un bar de copas del casco histórico de Lugo.
Tras irse juntos a casa de ella, se cree que estalló una discusión por motivos de dinero. Cristina podría haber cogido un cuchillo de cocina para defenderse de Valencia, pero este presuntamente se lo arrebató y la atacó en su dormitorio. Le asestó 47 puñaladas y la dejó morir desangrada. Después, le robó una bicicleta y un ordenador y huyó de la casa. Fue detenido a los pocos días gracias a que su propia hermana lo delató ante la policía. Desde entonces, ha permanecido en prisión preventiva.