Ya no irán juntos a Marte

Miguel Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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Trump despidió a Musk como líder del DOGE el 30 de mayo y le entregó la llave de la Casa Blanca bañada en oro.
Trump despidió a Musk como líder del DOGE el 30 de mayo y le entregó la llave de la Casa Blanca bañada en oro. Nathan Howard | REUTERS

07 jun 2025 . Actualizado a las 00:05 h.

Se dice que Donald Trump y Elon Musk llegaron a hablar de ir a juntos a Marte. Si es así, para ambos será un alivio haber roto su amistad a tiempo de evitar una situación tan incómoda. Porque, evidentemente, ahora ya sí que podemos hablar, más que de desencuentro, de ruptura completa, también en lo personal. Hasta el martes, el enfado de Musk era fundamentalmente con el equipo del presidente. Ahora ha decidido ir a por el propio Trump, y lo ha hecho con una insinuación, la de que su nombre podría figurar en los «archivos de Jeffrey Epstein», que hace casi imposible un acuerdo de paz (sobre todo considerando lo mal que se le dan los acuerdos de paz a esta Administración). El Tesla que se había comprado Trump debe de ir ya camino de un concesionario de segunda mano y la «llave de oro» que entregó a Musk estará a estas alturas bajo el felpudo de la Casa Blanca.

Era la crónica de una rabieta anunciada y la única duda era quién sería el primero en perder los nervios. Curiosamente, ha resultado ser el más frío de los dos. Pero, al margen de lo pintoresco de las personalidades en cuestión, hay un trasfondo ideológico para este choque que es lo que ahora mismo preocupa (moderadamente) en el entorno de Trump. Aunque la Casa Blanca esté intentando achacar el enfado de Musk a una chiquillada por nimiedades (porque no habría conseguido colocar a un aliado suyo al frente de la NASA o por la retirada de ayudas a los automóviles eléctricos que él vende) es evidente que lo que ha indignado a Musk es la ley presupuestaria de Trump, que él considera fiscalmente irresponsable (lo es).

Por eso Musk se ha dado prisa en lanzar su ataque esta semana. Una parte de esa ley todavía está pendiente de superar el trámite del Senado, donde la mayoría republicana es muy exigua. El sonoro rechazo de Elon Musk podría animar a alguno de los halcones fiscales del partido a votar en contra, lo que supondría un golpe durísimo para el presidente; aunque no es fácil que esto suceda porque la parte que queda por aprobar incluye recortes de impuestos.

En todo caso, Musk ha enarbolado la bandera libertaria (en el sentido norteamericano del término), una causa que tiene muchos seguidores en las filas republicanas que hasta ahora han venido dado un apoyo algo reticente a Trump. Pero no parece que Musk tenga ambiciones (ni posibilidades) de convertirse en un líder político él mismo. Puede, eso sí, financiar a algún rival del presidente, como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, al que ya había apoyado inicialmente en las primarias contra Trump. De hecho, el comité político de DeSantis se ha apresurado a ponerse del lado de Musk en su conflicto con Trump. Sin embargo, DeSantis no tiene poder suficiente como para inquietar a Trump. De hecho, y aunque todo esto es una deriva que puede darle muchos quebraderos de cabeza al presidente, podría acabar dándoselos mayores al magnate tecnológico.

Las mismas razones que hacían de Elon Musk un gran aliado le convierten ahora en un enemigo temible, pero otro tanto puede decirse de Donald Trump, que dispone de muchas formas de vengarse. Si su entrada en política ya le ha costado cara a Musk, está por ver si su salida, con portazo incluido, no le pasa una factura todavía mayor.