Mario Draghi, el tecnócrata enigmático que unió a Europa y salvó el euro
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La fundación Princesa de Asturias le ha concedido el premio de Cooperación Internacional por su «liderazgo y compromiso»
19 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En los días más oscuros de la crisis europea, allá por el 2012, el italiano Mario Draghi se transformó en faro. Era un hombre enigmático, en cuyo pasado —igual que en su futuro— se agolpaban varios cargos de suma responsabilidad, pero siempre había intentado mantenerse al margen de los grandes titulares. Sin embargo, aquel 26 de julio en Londres, apenas ocho meses después de ser nombrado presidente del Banco Central Europeo (BCE), alzó la voz e hizo historia: «Haremos lo que haga falta para preservar el euro. Y créanme, será suficiente».
Draghi cumplió su palabra, salvó la moneda única cuando todos los mercados apostaban en su contra, y se consolidó como una de las figuras más influyentes de la economía de las últimas décadas. Su mirada, sosegada pero firme, es el símbolo de una Europa «unida, libre, fuerte y solidaria», sostuvo este miércoles la fundación Princesa de Asturias, que le ha concedido el premio de Cooperación Internacional 2025.
Los miembros del tribunal ensalzaron su «liderazgo y firme compromiso con el progreso de la UE» y valoraron que, a lo largo de su amplia trayectoria de más de cuatro décadas, ha promovido el multilateralismo, la cooperación entre los Estados miembros y el fortalecimiento del club comunitario. El economista, también ex primer ministro italiano, expresó su «sincero agradecimiento».
Un hombre cauteloso
A sus 78 años, la mochila que Draghi lleva a la espalda no puede ser mayor. Ha sido alumno brillante del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), profesor en grandes universidades de su país (Trento, Venecia, Florencia...), director ejecutivo del Banco Mundial, director del Tesoro italiano, presidente del Banco Central Europeo y primer ministro de Italia. Pero toda esta exuberancia esconde a un hombre cauteloso.
Su padre trabajaba en el Banco de Italia. Su madre era farmacéutica. Ambos murieron cuando él era adolescente. A partir de entonces, recibió una educación jesuita que algunos de sus amigos consideran la raíz de su estudiada inescrutabilidad.
Gianfranco Pasquino, un destacado politólogo italiano, recuerda su época en Cambridge jugando juntos al fútbol. «Era terriblemente lento en el campo y solía ser una de las últimas opciones cuando repartíamos los equipos —relató a The New York Times—. Pero eso no parecía molestarle. Sabía que su banquillo no tenía mucha profundidad y, por lo tanto, era un jugador indispensable».
Un rumbo neoliberal
Su primer gran salto llegó en 1985, cuando fue nombrado director ejecutivo del Banco Mundial. Allí pasó cinco años, en los que empezó a amasar una imagen de tecnócrata que terminó de definir como director del Tesoro italiano entre 1991 y el 2001. Fue una década turbulenta entre diez gobiernos de distintas tendencias que no hicieron fluctuar el rumbo neoliberal marcado por Draghi.
Después de algún tiempo en el sector privado, en el 2005 escaló a lo más alto de la economía transalpina y fue nombrado gobernador del Banco de Italia. Faltaban solo seis años para que presidiese el Banco Central Europeo, siete para el discurso con el que se transformó en faro y empezó su rescate de Europa. Un recordado «whatever it takes [lo que haga falta]» tras el que apostó por reducir los tipos de interés, lanzó un programa de compra de deuda, inyectó 60.000 millones en la zona euro y acabó convenciendo a una escéptica Angela Merkel.
La reputación que se labró entonces Super Mario —así lo apodó la prensa— es tal que ni siquiera su breve tropiezo en la política italiana como primer ministro le ha hecho mella. Fue nombrado en el 2021 por el presidente Sergio Matarella y dimitió en el 2022, después de lograr un amplio consenso entre la izquierda y la derecha.
El aura de Draghi se ha mantenido intacta. De hecho, en el 2023, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, le encargó un informe para relanzar la economía comunitaria, tras más de 25 años perdiendo terreno frente a EE.UU. y China. El italiano fue claro cuando finalmente presentó su receta: los Veintisiete deben «implementarla o morir».