Reed Brody, abogado proderechos humanos: «El bombardeo de Irán es un desastre, Trump se ha rendido ante Netanyahu»
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El «cazadictadores» estadounidense logró que el sanguinario Habré fuera condenado
24 jun 2025 . Actualizado a las 10:16 h.Reed Brody trabajó incansablemente para lograr que el exdictador del Chad Hissène Habré fuera condenado. Dieciséis años de viajes por todo el mundo y de investigación, dos más entre el juicio y la apelación. Cuenta esa larga batalla en Atrapa al dictador. La búsqueda de la justicia en un mundo de impunidad (Debate). Brody participó, como representante de Human Rights Watch, en el caso Pinochet. También destapó las atrocidades de la contra nicaragüense, que apoyaba Ronald Reagan. Posteriormente, investigó los abusos cometidos por la Administración de George W. Bush en la llamada «guerra contra el terrorismo». Es estadounidense, judío e hijo de un superviviente del Holocausto, por lo que su condena del genocidio en Gaza es muy significativa. También rechaza el ataque de Estados Unidos a Irán.
—¿Cómo valora el bombardeo estadounidense de Irán?
—Esto es un desastre. Trump se ha rendido completamente ante Netanyahu, arrastrando a EE.UU. a una guerra con este acto de agresión extremadamente peligroso.
—¿Viola el derecho internacional?
—Sin duda, viola el derecho internacional, que permite el uso de la fuerza militar en dos circunstancias: si lo autoriza el Consejo de Seguridad o en caso de legítima defensa individual o colectiva si se produce un ataque armado o es inminente. Sobre la base de las pruebas disponibles, no se puede afirmar que un ataque por parte de Irán fuera «inminente».
—¿EE.UU podría haber cometido crímenes de guerra?
—No, porque por lo que sabemos, los ataques estadounidenses solo fueron contra objetivos militares en Irán. Israel, sin embargo, parece haber cometido crímenes de guerra en sus ataques contra objetivos civiles en Teherán, incluida la estación de televisión, que han dejado cientos de civiles muertos. Irán también en el ataque contra un hospital israelí.
—Le llaman el «cazadictadores». ¿Responde a su trabajo?
—Es una buena carta de presentación, pero no refleja lo serio y constructivo del trabajo, yo no soy Indiana Jones.
—Pero tengo entendido que tenía un mapamundi en el que figuraba dónde se encontraban diversos dictadores y criminales susceptibles de ser juzgados.
—Es cierto que a raíz del caso Pinochet, cuando la Cámara de los Lores dijo que podía ser juzgado en cualquier país a pesar de su estatus de antiguo jefe de Estado, vimos que teníamos un instrumento en la justicia universal e hicimos el ejercicio de colocar en el mapa dónde estaban los dictadores, los torturadores, los que habían cometido crímenes internacionales, para ir a por los malos. La mayoría vivía en lugares donde no estaban expuestos. Un día un amigo experto en África me habló de Habré, que estaba en Senegal. En los 18 años del caso Habré he evolucionado y comprendido el verdadero sentido de ser un abogado que lucha por la justicia, dar más importancia a las víctimas y que sean las protagonistas.
—¿Quién fue Hissène Habré?
—Uno de los dictadores más despiadados del mundo, que gobernó Chad de 1982 a 1990, pero ya antes se había distinguido por su crueldad como señor de la guerra. EE.UU, con Ronald Reagan como presidente, le consideraba el mejor para hacer frente a Gadafi y le llevó al poder en un golpe de Estado. EE.UU. y Francia lo apoyaron durante ocho años, fueron cómplices. Acusado de miles de asesinatos políticos, quemar aldeas enteras, torturas sistemáticas, limpieza étnica, esclavitud sexual, maltrato de prisioneros de guerra libios y de rebeldes chadianos. Y de violar él mismo a una mujer. Tras ser depuesto, vivió confortablemente en el exilio senegalés. Pero en el 2016 fue condenado a cadena perpetua por un tribunal penal africano en Senegal.
—Existe un doble rasero en la justicia internacional: condenas para algunos tiranos africanos e impunidad para los criminales de guerra de países poderosos.
—Ese doble rasero es el talón de Aquiles de la justicia internacional. La Corte Penal Internacional no tiene policía, en sus 23 años de existencia no ha condenado a ningún dirigente estatal. La orden para detener a Netanyahu supone un hito, porque es un aliado de Occidente. En los juicios de Núremberg se juzgó a los nazis, pero no el bombardeo de Dresde; en los de Tokio, las atrocidades japonesas, pero no Hiroshima y Nagasaki. Luego están Milosovic, Ruanda, Putin, pero nunca aliados de Occidente. Hasta Netanyahu.
—La reacción de Donald Trump fue arremeter contra la CPI.
—La decisión provoca sanciones de EE.UU. contra la CPI, el fiscal Khan, cuatro jueces y quienes colaboren con ella. Esto pone en riesgo la existencia del tribunal.
—Pero Netanyahu no sería detenido ni siquiera en países que pertenecen a la CPI.
—Lo que estamos viendo es el espectáculo de países europeos como Hungría, que recibió con honores a Netanyahu, pero también de Alemania, Polonia, Francia o Italia, que dicen que no está claro que si viajara allí sería detenido. En un momento en que la CPI está a la altura de la situación, son los estados que la han creado los que dudan en aplicar su mandato.
—Juzgar a Putin o Netanyahu parece imposible.
—Hay muchos impedimentos políticos, fácticos, logísticos, pero hemos logrado avances. Hay casos en los que se ha hecho justicia, pero muchos más de impunidad. El caso Pinochet inspiró el caso Habré y este inspira otros. Los poderosos de hoy pueden no ser poderosos mañana. La historia es una lucha constante por la democracia y la justicia y demuestra que ninguna victoria es definitiva, pero tampoco ninguna derrota.
—¿Considera que lo que está pasando en Gaza es un genocidio?
—Yo me resistía a decir que es un genocidio, pero esa conclusión es ineludible jurídicamente. No veo otra definición para esta campaña de exterminio, va mucho más allá de la defensa legítima. Soy judío, hijo de un superviviente del Holocausto, estoy orgulloso de la historia del pueblo judío y creo que tengo la responsabilidad de alzar mi voz y denunciar el genocidio de Israel y su utilización hipócrita del concepto de antisemitismo para descalificar cualquier crítica a Israel. El problema del antisemitismo es serio, pero hay mucho más hoy por lo que está haciendo Israel. EE.UU. reaccionó al 11S generando más antiamericanismo. Israel está haciendo lo mismo, cada niño asesinado genera familias y generaciones de antisemitas y de futuros terroristas.
—¿Qué supone la llegada de Trump al poder?
—Estamos en una lucha de vida o muerte por la democracia en EE.UU. y no sé cómo va a terminar. Trump está dispuesto a ir hasta donde se le permita, quiere aniquilar todos los controles. Si no hay una resistencia contundente lo va a hacer. Está vaciando el Estado democrático.
—¿En qué está trabajando ahora?
—Naciones Unidas me ha nombrado miembro de una comisión para investigar las violaciones de derechos humanos en Nicaragua. Hemos acusado a Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo de crímenes de lesa humanidad. Ortega, que se alzó contra una dictadura familiar, ha creado la suya.
«Como judío e hijo de superviviente del Holocausto tengo la obligación de alzar mi voz contra el genocidio que está cometiendo Israel en Gaza»