Srebrenica 30 años después: dolor, recuerdo y también negacionismo

Jose G. Santalla LOVAINA / E. LA VOZ

ACTUALIDAD · Exclusivo suscriptores

Un bosnia reza en una de las tumbas en el cementerio memorial de Potocari.
Un bosnia reza en una de las tumbas en el cementerio memorial de Potocari. Amel Emric | REUTERS

Los supervivientes y sus familias luchan para que no se olvide su historia

11 jul 2025 . Actualizado a las 12:30 h.

8.372. Esta cifra simboliza la tragedia de un país, Bosnia-Herzegovina, y el fracaso de la comunidad internacional para prevenir la mayor masacre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El 11 de julio de 1995 cayó en manos serbobosnias la ciudad de Srebrenica, declarada «zona protegida de la ONU» y donde se habían refugiado miles de civiles bosnio-musulmanes. Televisiones de todo el mundo mostraron la retirada del batallón de cascos azules neerlandés Dutchbat y la entrada victoriosa del general Ratko Mladic, anunciando un desplazamientos voluntarios y repartiendo dulces a varios chicos. En los días posteriores, algunos de esos muchachos fueron asesinados por los hombres de Mladic.

Investigadores del Tribunal Internacional  trabajan en la fosa común donde descubrieron los restos de más de cien cuerpos, en septiembre de 1996.
Investigadores del Tribunal Internacional trabajan en la fosa común donde descubrieron los restos de más de cien cuerpos, en septiembre de 1996. ODD ANDERSEN

En Srebrenica se produjo el peor crimen de la guerra en Bosnia-Herzegovina y el primer genocidio en Europa desde el conflicto mundial. En siete días fueron asesinados 8.372 hombres y menores varones, y fueron expulsados casi 30.000 mujeres, niños y ancianos. Cada 11 de julio son enterrados en el cementerio memorial de Potocari los restos mortales recuperados e identificados a lo largo del año. Este año fueron siete, pero aún faltan por recuperar al menos otras mil víctimas. 

Cadena perpetua

Ratko Mladic y Radovan Karadzic, expresidente de la autoproclamada república de los serbios de Bosnia, fueron condenados por crímenes de guerra y de lesa humanidad (que incluye genocidio) por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Ambos cumplen cadena perpetua, así como otros tres altos mandos del Ejército serbobosnio por los mismos delitos.

Aun así, sus figuras son glorificadas en la República Srpska, una de las dos entidades políticas que forman la actual Bosnia y donde gobierna el líder separatista y prorruso Milorad Dodik. El negacionismo domina Srebrenica, localidad que pertenece a esa república. Sus autoridades no reconocen la masacre como genocidio. Tampoco Serbia, que se refiere a los hechos como «gran tragedia». Frente a ese revisionismo, la ONU declaró el 11 de julio como día internacional para la reflexión y conmemoración del genocidio de Srebrenica.

Faris Kocan, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Liubliana (Eslovenia), afirma que hoy «la memoria de Srebrenica moldea el discurso político, la identidad civil y las relaciones interétnicas». «El genocidio fue parte de un proceso mayor de limpieza étnica que rompió y desplazó comunidades», afirma. Consecuencia de ello es la desconfianza y fragmentación de la sociedad bosnia.

Cada año se organiza la mars mira (marcha de paz), donde miles de personas hacen el camino inverso que las víctimas nunca terminaron. Kocan destaca el peso del genocidio para la diáspora de los bosnios, que «explora su identidad con una mirada dolorosa de la historia». En su opinión, Srebrenica funciona como «una llamada a la justicia y el recuerdo» para la nueva generación de bosnios. 

La organización Madres de Srebrenica lucha para que no se olvide a ninguna víctima y ayudar a familias y supervivientes. También en los juzgados, donde consiguieron, en el 2019, que se reconociese la responsabilidad parcial de los Países Bajos por la pasividad del Dutchbat para proteger a los civiles de Srebrenica.

Recordar es también prevenir. La comunidad internacional fracasó en proteger Srebrenica, pero su ejemplo debe servir para detener masacres actuales, como la de Gaza, y que no haya que construir nuevos memoriales. Ese es el mejor homenaje posible para las 8.372 asesinados.