El atribulado camino de la transición Siria: de la tiranía de Al Asad al totalitarismo de HTS

Ricard G. Samaranch DAMASCO / E. LA VOZ

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El presidente sirio, Ahmed al Sharaa, presenta la nueva identidad visual del país.
El presidente sirio, Ahmed al Sharaa, presenta la nueva identidad visual del país. MOHAMMED AL RIFAI | EFE

Políticos y expertos denuncian que el nuevo presidente está concentrando todo el poder

12 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando ya hace más de medio año de la caída de Bachar al Asad, el futuro político de Siria se presenta solo un poco menos confuso que entonces. En el balance de estos meses, hay tantas señales esperanzadoras como otras descorazonadoras. A la vez que las nuevas autoridades lograron el levantamiento de las sanciones por parte de EE.UU. y la UE, no han podido evitar dos estallidos de violencia sectaria en las zonas alauíes y drusas —dos ramas del islam chií— que han dejado cerca de 2.000 muertos. El futuro de Siria permanece envuelto de dudas, lo que da pie a una amplia gama de expectativas y preocupaciones diferentes entre analistas y ciudadanos.

«La transición ha completado algunos hitos importantes, pero continúa habiendo una situación frágil, con muchos riesgos. Yo soy optimista respecto al futuro. Creo que solemos dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás», comenta Ammar Kahf, director del comité de expertos Omrant Strategic Studies, basado en Damasco. Kahf sostiene que, de momento, se ha evitado el mayor peligro para Siria, su división territorial, habida cuenta de la inestable coalición de milicias islamistas que tomó el poder en Damasco. El grupo armado conocido como Hayat Tahrir al Sham (HTS) —que encabezó la revuelta para derrocar a Al Asad y cuyo líder es el actual presidente del país, Ahmed al Sharaa— es el más poderoso de los que operan en el país, pero ni tan siquiera es capaz de controlar a otras milicias afines.

Una democracia irreal

En cambio, Fawaz Gerges, profesor de la London School of Economics, se sitúa en el segmento más bien pesimista. «No creo que estemos ante una verdadera transición [democrática], sino más bien en un proceso de consolidación de un nuevo régimen en el que una persona, el presidente Ahmed al Sharaa, está concentrando todo el poder en sus manos. Igual que lo hizo antes Bachar al Asad. Si lo logra, será presidente vitalicio», considera Gerges, que sitúa al emirato de Catar, con su desenfrenado consumismo y falta de libertades políticas, como el modelo que aspira a replicar Al Sharaa.

Los recelos de Gerges son compartidos por la tradicional clase política opositora al régimen de Al Asad, que se ha visto desplazada por el ascenso de las milicias rebeldes después de 14 años sumida en una brutal guerra civil. «Al Sharaa ha excluido a los partidos políticos de la transición. El Gobierno interino, sobre todo en sus puestos clave, está monopolizado por el HTS», explica un dirigente de uno de los más viejos partidos políticos sirios, que prefiere guardar su anonimato. Durante las próximas semanas, se dará a conocer la identidad de los miembros del nuevo Parlamento que deberá redactar la Constitución. La composición del legislativo y, sobre todo, hasta qué punto representará la pluralidad de la sociedad siria, dará nuevas pistas sobre el futuro del país.

Cincuenta dólares por semana

Sin embargo, Kahf apunta que esta cuestión preocupa sobre todo a los politólogos y analistas más que al ciudadano sirio de a pie. «La prioridad de la gente ahora no es la política, sino la situación económica, la mejora de los servicios», asevera el director de Omran. A pesar del levantamiento de las sanciones occidentales hace tres meses, de momento, su efecto no se ha dejado sentir entre la población. El sector bancario tiene un problema de liquidez, y el Gobierno ha situado en 50 dólares la cifra máxima que cada ciudadano puede retirar de su banco por semana. La cantidad es irrisoria si se tiene en cuenta que el alquiler de un apartamento en la capital oscila entre los 100 y los 150 dólares.

«Hoy he ido a cinco bancos diferentes y ninguno me pudo dar ni un céntimo. Ni tan siquiera se cumple la norma de los 50 dólares», se queja Emile, un empresario que cada mes afronta serios problemas para poder pagar los sueldos de sus empleados. La otra gran carencia que padecen los sirios, y que no ha mejorado con el paso de los meses, es la falta de electricidad. El Estado proporciona solo unas cuatro horas al día de corriente eléctrica, un problema que la clase media subsana con generadores o placas solares.