Los separatistas ven en la carrera política de la vicepresidenta un obstáculo a su plan
16 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.María Jesús Montero (Sevilla, 1966) es licenciada en Medicina, pero su especialidad no es la anestesia. Por eso, el día después de la inconcreta cesión de derechos a la Generalitat catalana para complacer las exigencias de los independentistas, en este caso de los de Esquerra, nadie estaba contento este martes al otro lado del Ebro. La debilidad parlamentaria frustró el sueño de los republicano de alcanzar la «secesión fiscal», en definición de Isabel Díaz Ayuso. Y el enfado era evidente. Junts, por medio primero de Carles Puigdemont en X, y más tarde en boca de Jordi Turull, se apresuraron a descalificar a los republicanos en público, pero en privado los cañones de ambos apuntan hacia un objetivo común: la vicepresidenta primera María Jesús Montero.
A ojos de los separatistas, la número dos de Pedro Sánchez en el Gobierno y en el partido ha echado en este órdago su penúltimo pulso para minimizar el daño electoral en Andalucía, donde en el plazo máximo de un año tendrá que someterse al escrutinio de las urnas. La concesión de toda clase de privilegios a los secesionistas no es la mejor carta de presentación en un territorio que tiene más superficie y población que Cataluña y que un día fue el gran granero de votos del socialismo. La ministra de Hacienda ya sufrió un fuerte castigo en su imagen tras negar durante meses que se fuera a abordar la quita de la deuda a los catalanes, aunque finalmente consiguió introducir una cláusula que reduce la penalización a Andalucía. Por eso, la cesión de la gestión de la recaudación de los impuestos a la Generalitat era una línea roja que María Jesús Montero luchó hasta el último minuto por evitar cruzar.
Ya lo sospechó Oriol Junqueras el lunes cuando comprobó que la vicepresidenta no formaba parte de la delegación oficial y dejaba la representación de Hacienda en manos de un secretario de Estado. Pese a todo, Junqueras aún confiaba en que el ascendiente de Salvador Illa sobre Pedro Sánchez fuera suficiente para salvar una de las exigencias pactadas para la investidura de ambos presidentes.
Tampoco prosperó el plan de los separatistas de efectuar un traspaso directo de competencias para evitar el Congreso. Y el frágil equilibrio del PSOE en la Carrera de San Jerónimo hace que, de momento, Montero no tenga que dar nuevas explicaciones en Andalucía.