Los expertos del Plan Nacional sobre Drogas creen que podría deberse a una transformación en los patrones de conducta y en la percepción del riesgo por parte de la juventud
18 jul 2025 . Actualizado a las 18:43 h.El consumo de cannabis entre adolescentes y estudiantes de secundaria de catorce a dieciocho años ha caído un 40 % tras un aumento sostenido que alcanzó su máximo hace veinte años.
Este es el dato más relevante de la «Monografía sobre Cannabis 2025: Consumo y Consecuencias», un análisis del Plan Nacional sobre Drogas sobre la evolución del consumo de esta sustancia y su impacto sanitario y social.
Y los datos lo dejan claro: en 2004, el 25 % de los estudiantes de secundaria decía haber consumido cannabis en los últimos treinta días, mientras que en 2023 ese porcentaje es del 15 %, una caída que podría deberse por una transformación en los patrones de conducta y la percepción del riesgo entre la juventud.
Sanidad baraja entre las causas también las campañas de prevención, los cambios en el entorno social y una mayor concienciación sobre los efectos adversos del cannabis, aunque tampoco descarta la aparición de nuevas sustancias psicoactivas u tendencias en el consumo de otros productos que se perciben como menos nocivos.
Los indicadores en el consumo entre las personas de 15 a 64 años han permanecido sin embargo estables, sin variaciones importantes, en las últimas décadas: el 12 % declara haberlo consumido en el último mes.
El cannabis supone un gran carga para el sistema sanitario: en 2022 estuvo presente en el 46,2 % de las urgencias hospitalarias por consumo de sustancias psicoactivas, y también del 27,4 % de las admisiones a tratamiento por drogodependencias (la segunda sustancia tras la cocaína).
Pero además entre los menores de 18 años, el 93,5 % de quienes inician tratamiento por drogas ilegales lo hacen por consumo de cannabis, una sustancia en la que subido mucho la concentración de tetrahidrocannabinol (THC), su principal compuesto psicoactivo, y con ello los riesgos de trastornos mentales, los problemas cardiovasculares y la dependencia.
En el informe también se anuncian nuevas modalidades de consumo —como comestibles y e-líquidos— y la proliferación de cannabinoides sintéticos, con una variabilidad química que dificulta su regulación y la evaluación de riesgos.