Un año después de las elecciones venezolanas, Maduro se afianza en el poder ante la ambivalencia del mundo
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El mandatario goza de la aquiescencia de sus vecinos y de los países con los que históricamente se relaciona Venezuela, pese a que no lo reconocen
28 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Tras un año de las elecciones presidenciales del 2024 en Venezuela, en las que, sin las evidencias exigidas por la Ley de Procesos Electorales, el Consejo Nacional Electoral lo proclamó reelecto, Nicolás Maduro parece firme en el poder. Mientras tanto, desde el exilio, su contendiente (y según la evidencia disponible, ganador de los comicios), el diplomático Edmundo González, promete que en el 2026 estará «en Venezuela gobernando», sin que ello parezca hoy remotamente probable.
A diferencia de en el 2019 (cuando Maduro obtuvo un segundo mandato de forma también cuestionable, aunque menos que el año pasado), esta vez la comunidad internacional no parece dispuesta a romper relaciones, y los principales socios de Venezuela, como Estados Unidos, Colombia, Brasil y España, se mantienen en un estatus en el que, sin reconocer su Gobierno, mantienen relaciones con él y no se apresuran en darle «cargos simbólicos» a González, como en su momento sí hicieron con el entonces presidente del parlamento, Juan Guaidó, hoy también exiliado en Miami.
En el país sudamericano, según la oenegé Foro Penal, hay 853 presos políticos, de los cuales unos 500 fueron detenidos tras los comicios de hace un año; la cifra descuenta los 80 que recientemente salieron con medidas cautelares después del intercambio a tres bandas entre el régimen de Maduro y los gobiernos de Donald Trump (EE.UU.) y Nayib Bukele (El Salvador) para la repatriación de 252 venezolanos deportados del país norteamericano y detenidos en el temible Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot).
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, publicó este domingo un durísimo post en la red social X en el que cataloga a Maduro de «ilegítimo», y de «cabeza del grupo narcotraficante Cartel de los Soles». Sin embargo, apenas la semana pasada, su Gobierno extendió a la empresa Chevron una licencia para extraer y comercializar petróleo de Venezuela, aunque con la hoja de parra de que esto no generaría recursos a la revolución bolivariana. Algo que en la práctica es inviable, según expertos petroleros, pues la empresa estadounidense debe cancelar regalías e impuestos en el país sudamericano.
En parecida situación está Colombia, cuyo Gobierno no reconoce formalmente al de Maduro, pero se comporta como si lo hiciera. También la semana pasada, el presidente Gustavo Petro anunció el acuerdo de una «zona económica binacional» en la frontera común, entre el departamento colombiano del Norte de Santander y los estados venezolanos de Táchira y Zulia.
El anuncio fue ampliamente criticado por la oposición colombiana, que acusa a Petro de ser ideológicamente cercano al chavismo, simpatía que el actual mandatario neogranadino jamás ocultó.
Entretanto, González Urrutia, desde Madrid, señalaba el pasado fin de semana que espera «obtener el reconocimiento» de España y la UE como presidente, que también se han mantenido en un segundo plano, pero sin romper relaciones con el régimen madurista. Su yerno, Rafael Tudares, es preso político desde hace seis meses sin tener ninguna relación con la política más allá de su parentesco. Afirma que «seguimos en nuestra lucha para recuperar la voluntad popular que se expresó en julio pasado y lo vamos a lograr en cualquier momento. Cada paso es un avance».