Defensa, Ucrania e Israel, los demás frentes que la Unión Europea debe atender
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Los Veintisiete se enfrentan a su mayor desafío de seguridad desde la Guerra Fría
29 jul 2025 . Actualizado a las 21:38 h.La reunión bilateral que mantuvieron este domingo el presidente de EE.UU., Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue la primera monotemática entre ambos desde que el republicano volvió a la Casa Blanca: solo aranceles, nada más. Sin embargo, mientras Von der Leyen miraba con un ojo a Trump —e intentaba aumentar ese 50 % de probabilidades que el magnate había dado al acuerdo—, con el otro no perdía de vista los demás frentes pendientes del club comunitario que capitanea: defensa, Ucrania e Israel.
No era para menos. Europa se enfrenta, según varios analistas, a su mayor desafío de seguridad desde la Guerra Fría. La invasión rusa de Ucrania, que empezó como un relámpago y se ha acabado enquistando en la frontera oriental, constituye una grave amenaza. Especialmente cuando el principal garante de seguridad para los Veintisiete hasta ahora, EE.UU., ve a Ucrania como una preocupación menor, al lado de Oriente Medio, el Indopacífico y, sobre todo, su propio país. Para Trump, «América» siempre va primero.
Ese ombliguismo obsesivo del neoyorquino quedó patente en la última cumbre de la OTAN, cuando exigió —entre alabanzas de Mark Rutte, el líder de la Alianza— que todos los miembros invirtiesen al menos un 5 % de su PIB anual en defensa. Para algunos expertos, esa inversión es necesaria, incluso a costa de cerrar el grifo a gastos sociales. La desindustrialización, la regulación excesiva y la fragmentación política y económica han derivado en una base industrial demasiado pequeña y lenta como para satisfacer las necesidades de seguridad del continente.
Pero solo con aumentar el PIB no llega, apuntan otros, que señalan una gran falta de coordinación: existen más incentivos para la fabricación nacional aislada que para la cooperación transfronteriza. Y a eso también hay que añadir, según ilustra el informe que Von der Leyen le encargó al ex primer ministro italiano Mario Draghi —una de las figuras más influyentes de la economía en las últimas décadas—, que las cargas regulatorias sobre las empresas obstaculizan la innovación, especialmente en el sector digital. Un sector clave, teniendo en cuenta el vertiginoso avance de la IA.
El engaño de Ucrania
Europa no puede sostener a Ucrania sin el respaldo de Washington. Puede ser que las cifras engañen: sumando la ayuda de todos los Estados miembros, el continente ha destinado más fondos a Kiev que sus colegas norteamericanos. Pero, de acuerdo con un informe del Real Instituto Elcano, la historia cambia cuando se analiza la calidad, el tipo y el impacto de la ayuda en el campo de batalla. «Europa puede reemplazar alguna de sus capacidades [las de EE.UU.], pero no todas y, desde luego, no al nivel necesario», señala el centro de expertos.
Bruselas ha aportado la financiación, pero la desaparecida Administración de Joe Biden (predecesor de Trump) era el músculo armamentístico y el cerebro estratégico de la resistencia ucraniana. De hecho, desde que los republicanos de la Cámara Baja congelaron la ayuda en el invierno del 2024, Kiev se vio obligada a racionar su artillería mientras contemplaba cómo el Ejército de Moscú ganaba terreno y superioridad.
Europa ha reaccionado, pero tarde. La producción de artillería se ha reactivado, los sistemas como el IRIS-T o el NLAW se multiplican y Ucrania fabrica por sí misma grandes cantidades de drones. Pero las fábricas europeas no están al nivel de las estadounidenses. El Real Instituto Elcano insiste en que, aunque se logre aumentar la inversión y avanzar en la autonomía estratégica, el proceso llevaría, como mínimo, entre cinco y diez años. «La guerra en Ucrania no puede esperar ese tiempo», concluye el informe.
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Cambio de rumbo sobre Israel
Cuando empezó la invasión de Israel a la Franja de Gaza, después del cruento ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023, la UE se alineó con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Las reacciones iniciales fueron una condena generalizada al movimiento islamista y constantes recordatorios del derecho de Tel Aviv a la legítima defensa. Pero luego llegaron decenas de miles de civiles muertos, una creciente catástrofe humanitaria y una obstrucción sistemática a la entrada de ayuda por parte de Israel. Eso ha llevado a un baile de posturas entre los Veintisiete que ha expuesto y ensanchado las divisiones internas.
Desde el 2024, España, junto a Irlanda y Noruega, lidera el reconocimiento de Palestina y promueve revisiones y sanciones al Estado hebreo. Algo a lo que, de momento, Bruselas es reticente —tiene otras cuestiones que atender—. Sin embargo, el reciente anuncio del presidente francés, Emmanuel Macron, de que seguirá el ejemplo y reconocerá a Palestina probablemente cambiará las cosas, teniendo en cuenta que Francia es una de las cinco naciones con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Su golpe en la mesa, aunque sea pensando más en su legado que en el presente (le quedan menos de dos años de mandato), cae como una piedra en el estanque comunitario, ya turbulento. Repudiar a Macron o ceder. Apoyar a Ucrania o dejar que Rusia se acerque. Defenderse o morir. Solo Von der Leyen y sus cálculos, que este domingo no lograron contener la vanidad de Trump, determinarán la respuesta.
Casi una década de tensiones comerciales entre dos potencias
No son cosa nueva las tensiones comerciales que mantienen Europa y Estados Unidos. Ya la primera etapa de Trump en la Casa Blanca estuvo marcada por las disputas comerciales con la UE.
En el 2018, la Casa Blanca impuso aranceles sobre las exportaciones europeas de acero y aluminio por valor de 6.400 millones de euros. No se quedaron callados en Bruselas, que decidieron responder a los americanos con otra tanda de aranceles de reequilibrio sobre las exportaciones estadounidenses por un valor de 2.800 millones de euros.
En julio de ese mismo año, el entonces presidente de la CE, Jean Claude Juncker, y Trump mantuvieron un encuentro en la Casa Blanca que consiguió frenar la escalada comercial y fue interpretado como un gran éxito diplomático. Los aranceles al aluminio y al acero continuaron vigentes, pero Trump se abstuvo de extender estas subidas a más productos y los dos mandatarios se comprometieron a seguir trabajando en un pacto de aranceles cero.
A cambio de esta tregua, Juncker se comprometió a aumentar las compras europeas de soja estadounidense y, en septiembre de ese mismo año, el Ejecutivo comunitario anunció que EE.UU. se había convertido en el principal suministrador europeo y había duplicado su volumen respecto al año anterior.
El compromiso suscrito entre Juncker y Trump también incluía el aumento de las importaciones de gas licuado estadounidense que posteriormente se dispararon tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero del 2022.
Mandato de Biden
Precisamente en ese año, ya con el demócrata Joe Biden como nuevo inquilino de la Casa Blanca, la UE suspendió estas medidas por completo hasta el 31 de diciembre del 2023 para dar tiempo a colaborar en una solución a largo plazo.
EE.UU. sustituyó los aranceles por un sistema de cuotas arancelarias basado en volúmenes comerciales históricos, lo que resultó en que el acero y el aluminio de la UE por encima de dicha cuota siguieran sujetos a aranceles.
Las relaciones volvieron a caldearse con la vuelta al poder de Donald Trump. Ya durante su campaña electoral había amenazado con subidas arancelarias, unas advertencias que se empezaron a hacer tangibles el 12 marzo cuando entraron en vigor unas tasas del 25 % al acero y al aluminio importado a EE.UU., frente a los cuales la UE impulsó contramedidas valoradas inicialmente en 26.000 millones, en tarifas a importaciones estadounidenses.
A pesar de esto, la UE decidió aplazar hasta dos semanas después la entrada en vigor de esta tanda de castigos para seguir negociando con Estados Unidos.
Mientras tanto, el republicano había amenazado con un arancel del 200 % al vino y al resto de bebidas alcohólicas, ya que la lista inicial de represalias de la UE incluía gravar el whisky estadounidense. En el mes de abril la guerra comercial se recrudeció y el bloque comunitario comenzó a sufrir un arancel generalizado del 10 % (las denominadas «tarifas recíprocas») a todos sus productos y un incremento del 25 % a los coches. Trump anunció entretanto una tregua comercial de 90 días —que expiraba el 9 a julio— que permitía poner en pausa nuevos castigos.
La UE respondió con la suspensión total de la entrada en vigor de las represalias previstas por su parte hasta la misma fecha del 9 de julio, siempre con el ánimo de dar una oportunidad al acuerdo.
La Comisión Europea apunta hacia nuevos mercados
Tras meses de tensiones y desconcierto en los mercados europeos, la cita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, en Escocia se presentaba como la oportunidad perfecta para enterrar el hacha de guerra y lograr esquivar una escalada comercial. El acuerdo alcanzado, que comprende aranceles del 15 % para la mayoría de las exportaciones europeas a Estados Unidos, no se presenta como el mayor de los triunfos, y Von der Leyen quiso tranquilizar a los Estados miembros recordando que, en paralelo, Bruselas trabaja para construir «una verdadera política económica exterior».
«Ya hemos comenzado en casa: estamos tomando medidas audaces para hacer a Europa más competitiva, innovadora y dinámica. Nuestro mercado único es nuestro refugio seguro, especialmente en tiempos turbulentos», afirmó la presidenta de la CE.
Von der Leyen puso el acento en la importancia de las «nuevas asociaciones comerciales en todo el mundo», asegurando que el bloque trabaja para ampliar las 76 que ya están en marcha, como las negociaciones concluidas en el último mes con Malasia, México e Indonesia. «En un mundo incierto, Europa es un socio fiable, y seguiremos logrando acuerdos que ayuden a salvaguardar nuestra prosperidad. Así que sí, los aranceles son del 15 %, pero también estamos intentando abrir otros mercados para las empresas europeas», aseguró.