De los eslóganes paternalistas de Sánchez al estilo visceral de Abascal

elisa pradales / F. E. REDACCIÓN / LA VOZ

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Alberto Núñez Feijoo, líder del PP, y Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo.
Alberto Núñez Feijoo, líder del PP, y Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo. Chema Moya | EFE

Política sin matices: el país de los «buenos» y los «malos»

16 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Los discursos de los principales líderes políticos españoles muestran una creciente polarización en la construcción de identidades, enemigos y del ciudadano al que interpelan. Herramientas de análisis como Sketch Engine, para detectar patrones léxicos y contextos, y Lingmotif, para medir la carga expresiva de los mensajes, nos permiten cuantificar cómo se consolida una retórica cada vez más personalista, emocional y binaria, donde la complejidad ideológica se sustituye por narrativas simplificadas y enfrentadas.

Alberto Núñez Feijoo, líder del PP, ya habla de lo que hará cuando llegue a la Moncloa: derogar las «leyes sanchistas» y ofrecer «normalidad» donde los demás provocan «caos». El presidente, Pedro Sánchez, responde desde el PSOE con ironía, augurando que el PP volverá a pedir elecciones anticipadas porque, una vez más, se quedará «a las puertas del Gobierno» y coloca a su partido como «resistencia». Mientras, Santiago Abascal, de Vox, radicaliza el relato de la España sitiada en un tono hiperbólico, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, del partido Sumar, intenta navegar en un pragmatismo que evite las trincheras.

La confrontación, el antagonismo y la caricaturización del adversario marcan la estrategia discursiva dominante del curso político que acaba de terminar.

pedro sánchez

La épica del hiperliderazgo. El discurso de Pedro Sánchez destaca por ser concreto, con un léxico muy vinculado a la política institucional. Utiliza con frecuencia términos como «España», «país» y «gobierno», reflejando un estilo más técnico y sobrio. En cuanto a su estrategia intencional, el socialista se inclina por un tono racional y deliberativo, especialmente en el discurso parlamentario. Muestra una expresividad emocional controlada, aunque más acentuada en mítines y redes sociales, donde se permite una mayor cercanía y cierto tono coloquial. En el Congreso, otorga bastante visibilidad discursiva a sus contrincantes políticos, con menciones directas a partidos opositores (cediendo más de un 14 % de sus intervenciones), y adopta una postura marcadamente reactiva en defensa de «no ser los otros» con eslóganes movilizadores («no vamos a dar ni un paso atrás») y metáforas épicas («batalla de la democracia»). Su uso del «yo» es moderado en comparación con el de otros políticos (un 8,6 % de uso de la primera persona del singular), lo que sugiere una estrategia de liderazgo más institucional y menos personalista.

alberto núñez feijoo

Simulador de la moderación. Feijoo representa el paradigma del discurso premeditadamente ambiguo. Su estrategia de comunicación se basa en la denominada como «desideologización calculada»: el uso sistemático de placebos lingüísticos («sentido común», «gestión sensata») que esconden un vacío programático. Feijoo apela a un votante ideal cansado del «ruido político», al que ofrece no un proyecto, sino la promesa de «normalidad» en una dicotomía entre los «buenos y pragmáticos» y «los malos y caóticos». Esta estrategia le permite mantener una imagen de moderación mientras evita tecnicismos y definiciones concretas. Sin embargo, su retórica adolece de importantes contradicciones: critica el personalismo mientras centra toda su campaña en su figura; denuncia la crispación, pero alimenta narrativas alarmistas sobre el Gobierno, y promete derogar políticas sin presentar alternativas detalladas. El resultado es un discurso poco conciso que acaba quedando atrapado entre las expectativas de su electorado más conservador y su intento de proyectar moderación.

yolanda díaz

Populismo izquierdista con raíces. La retórica política de Díaz se caracteriza por una alta carga emocional y un uso marcado de la primera persona del singular (un 13,2 %), sobre todo, en estructuras como «yo creo», para enfatizar la personalización de la postura política y el liderazgo. En su uso léxico destacan términos como «gente», «vida» y «dignidad», con connotaciones empáticas que apelan a lo colectivo y emocional. Utiliza muy poco la mención directa de adversarios políticos (solo un 6,8 % de uso en tercera persona referida a oponentes) y prefiere construcciones impersonales o vagamente referenciadas sobre los otros partidos, manteniendo la coherencia al priorizar en su discurso su propia agenda política y alejándose de convertir el enfrentamiento en un espectáculo.

santiago abascal

Agitador del marco catastrófico. Abascal ha perfeccionado el reducir la política a un combate existencial entre «patriotas» y «traidores». Su retórica se sustenta en tres pilares: la creación de marcos de amenaza constante («invasión migratoria», «régimen sanchista»); el uso de un lenguaje visceral cargado de exclamaciones e interpelaciones directas («¡Basta ya!»), y la personalización extrema del conflicto político. Abascal opera con una alta intensidad emocional, transformando complejos debates políticos en choques morales elementales. El líder de Vox construye a su votante ideal como un «patriota bajo asedio», alguien que se reconoce en el relato de una España tradicional amenazada por élites corruptas y fuerzas desestabilizadoras. Su éxito radica en haber convertido la indignación en identidad política, y a sí mismo en una figura caudillesca que se atreve a hablar de la «verdad incómoda». La palabra «dictadura», en apariciones como «dictadura progresista» es una constante (un 87,5 % de apariciones) en el tono alarmista que infunde Vox en sus publicaciones en redes sociales.

Elisa Pradales es graduada en Lingüística por la Universidad Complutense de Madrid.